humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

*
del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

*
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domingo, 25 de mayo de 2014

XXXII - CRISTIÁN ROSENKREUZ Y LA ORDEN DE LOS ROSACRUCES



XXXII
CRISTIÁN ROSENKREUZ Y LA ORDEN DE LOS
ROSACRUCES

Antecedentes y actualidad

Todo en el mundo se encuentra sujeto a la ley y toda
nuestra evolución efectuó su progreso físico y
espiritual a un tiempo. El Sol, tal y como lo
conocemos es el dador de la luz física, y,
aparentemente, marcha del Este hacia el Oeste
llevando, a unas después de otras, luz y vida a todas
las partes y rincones de la Tierra. Pero el Sol que
vemos, es únicamente una parte del Sol, así como
nuestro cuerpo visible es sólo una pequeña parte o
representación del hombre que somos. Hay un Sol
invisible y espiritual cuyos rayos estimulan el
crecimiento del alma de los hombres sucesivamente
a lo largo de la Tierra; por lo que del mismo modo a
como el Sol visible promueve el crecimiento de la
forma, este Sol invisible marcha dando su impulso
espiritual en la misma dirección ya apuntada: de
Este a Oeste.
Recordemos que hace setecientos u ochocientos
años a.C. una nueva oleada de espiritualidad brotó
en las costas occidentales del Océano Pacífico para
iluminar a la nación china, por lo que la religión de
Confucio la han profesado y profesan muchos
millones de habitantes del Celeste Imperio: Más
tarde, podemos descubrir el efecto de esta oleada
plasmado en la religión de Buda, cuyas enseñanzas
iluminaron y fueron acogidas también por millones
de hindúes y chinos occidentales. En su marcha
hacia el Oeste, la oleada espiritual la encontramos
entre los griegos, expresada sobre todo por medio
de Sócrates y Platón, para encontrarla por último en
el mundo occidental bajo la expresión de la Religión
Cristiana, la cual se ha ido abriendo camino más allá
y alcanzar las costas del Pacífico, lugar donde se
han ido concentrando las más altas aspiraciones
espirituales. Antes de dar el salto y cruzar de nuevo
el Océano Pacífico, tendrá su punto culminante, para
después inaugurar un despertar más elevado y
sublime en Oriente, cuya naturaleza será
inmensamente superior al actualmente vigente en
aquel distrito de la Tierra.
Del mismo e idéntico modo a como se suceden el
día y la noche, el verano y el invierno y el flujo y el
reflujo, así tiene lugar la ley de ciclos alternativos,
por lo que una oleada de espiritualidad en cualquier
parte del mundo va seguida de un período de
reacción material, a fin de que nuestro desarrollo no
sea unilateral y desequilibrado en suma.
La Religión, el Arte y la Ciencia constituyen los tres
medios más importantes de educación humana, una
trinidad en una unidad que no puede separarse
arbitrariamente sin torcer el punto de vista de
cualquier cosa o materia que intentemos investigar.
La verdadera religión comprende a la vez a
la ciencia y al arte, porque enseña una vida hermosa
en armonía con las leyes de la Naturaleza.
La verdadera Ciencia es a un tiempo artística y
religiosa en el más elevado sentido, porque nos
enseña a reverenciar y a conformarnos con las leyes
que gobiernan nuestro bienestar, a la vez que
explica por qué la vida religiosa conduce a la salud y
a la belleza (hay fórmulas matemáticas que, antes
de conocer sus resultados, ya enamoran
hondamente a sus proponentes, a sus
investigadores)
El verdadero Arte es tan educacional como la ciencia
y tan perfeccionante, por su influencia, como la
religión. En la Arquitectura encontramos la más
sublime concatenación de líneas cósmicas de fuerza
en el Universo, pues llena al espectador espiritual de
una poderosa devoción y adoración nacida de la
concepción tanto de la grandeza como de la
majestad de la divinidad. La escultura y la pintura,
la música y la literatura, nos llenan de un
trascendental amor de Dios, fuente inmutable y meta
de todo este hermoso mundo expresado.
De aquí que nada, excepto esta enseñanza integral,
pueda responder permanentemente a las
necesidades humanas. Hubo un tiempo, por
supuesto, en el que Ciencia, Arte y Religión se
enseñaban juntas en los Templos
de Misterios griegos. Pero se hizo necesario
separarlas durante algún tiempo a fin de que
pudieran obtener de forma independiente mejor
desenvolvimiento. Así, durante las denominadas
"edades negras", en relación con la Edad Media, la
Religión reinó suprema, por lo que durante ese
tiempo esclavizó a la Ciencia y al Arte. Más tarde
vendría el período del Renacimiento, en el que Arte
floreció en todos sus aspectos, si bien la Religión
mantuvo una fortaleza exultante, motivo por el que el
Arte cayó prostituido bajo el dominio de aquélla.
Llegaría al fin el tiempo moderno con su Ciencia, la
cual, sin miramiento y con mano de hierro, ha
subyugado a la Religión.
Ha sido en detrimento del mundo la opresión llevada
a cabo por la Religión sobre la Ciencia, pues la
ignorancia y la superstición han producido males
sin cuento; aun así, y a pesar de todo, el hombre
siempre ha abrigado elevados ideales espirituales en
espera de una vida mejor. En su virtud, es
infinitamente más dañino que la Ciencia esté
matando a la Religión, puesto que, ahora, hasta la
esperanza puede desvanecerse ante
el materialismo, el agnosticismo y escepticismo
extremos. De aquí que tal estado de cosas no pueda
continuar, por lo que debe producirse la oportuna
reacción; porque, de no ser así, la anarquía acabaría
abarcándolo todo. Para ello, y en previsión de una
calamidad de semejante calibre, la Religión, la
Ciencia y el Arte deben reunirse de nuevo en función
de una más elevada expresión referente a lo Bueno,
lo Verdadero y lo Bello.
Previendo lo dicho, y dado que los sucesos futuros
proyectan sus sombras de forma anticipada, los
Guías de la humanidad han tomado medidas al
respecto. Jamás han deseado, de manera alguna,
que muriese la Ciencia floreciente tal y como ésta
está tratando de hacerlo actualmente con la
Religión, pues ellos ven que el bien resultará de gran
relevancia una vez que una Ciencia avanzada
colabore de nuevo con una religión del mismo tono.
En cambio, y al igual que el aceite no puede
mezclarse con el agua, una religión espiritual no
puede unirse a una ciencia materialista. En
consecuencia, han previsto por un lado que la
Ciencia se ha de espiritualizar, y, por otro, que la
Religión ha de tener una interpretación y significado
científico.
En el Siglo XIII, un gran instructor espiritual, cuyo
nombre simbólico fue Cristián Rosenkreuz - Cristiano
Rosa Cruz - apareció en Europa para comenzar ese
trabajo. Fundó la entonces misteriosa orden de los
Rosacruces con el objeto de arrojar luz oculta sobre
la mal entendida Religión Cristiana y explicar el
misterio de la Vida y el Ser desde un punto de vista
científico y en armonía con la Religión.
Muchos siglos han transcurrido desde su
encarnación, y si bien muchos lo han tomado como
un mito, su nacimiento, sin embargo, ha marcado el
principio de una nueva época de vida espiritual en el
mundo occidental. Cristián Rosenkreuz ha estado en
continuas existencias físicas desde entonces en uno
u otro delos países europeos. Ha ido tomando un
cuerpo nuevo cada vez que sus cuerpos sucesivos
iban perdiendo utilidad, o cuando las circunstancias
requerían que cambiara el escenario o campo de
sus actividades. Más aún, hoy en día se encuentra
encarnado como Iniciado de grado superior, potente
y activo factor en los asuntos de Occidente, si bien
desconocido por el mundo.
Trabajó con los alquimistas durante varios siglos
antes del advenimiento de la ciencia moderna, y él
fue quien, valiéndose de un intermediario, inspiró las
ahora mutiladas obras de Bacon. También Jacobo
Boehme y otros recibieron de él la inspiración que
iluminó sus obras tan espiritualmente, encontrando
la misma influencia en los escritos del genial Goethe
y en las obras maestras de Wagner. Todos los
espíritus inquietos que rehúsan alimentarse de la
ciencia y religión ortodoxas, huyendo de
esclavitudes, tratan de penetrar los dominios
espirituales sin miras de gloria o vanidad y sacan
sus inspiraciones de la misma fuente, tal como lo
hizo y lo hace el gran espíritu que animó a Cristián
Rosenkreuz.
La Orden de los Rosacruces no es simplemente
una sociedad espiritual, sino una de las Escuelas de
Misterios Menores, y los Hermanos Mayores,
Hierofantes de tales misterios, custodios de las
Sagradas Enseñanzas, tienen un poder espiritual
mucho más potente en la vida del Mundo Occidental
que cualquier gobierno visible, si bien ellos jamás se
interponen hasta el punto de privar de su libre
albedrío a la humanidad.
Dado que el sendero de desarrollo en todos los
casos depende del temperamento del aspirante, hay
generalmente dos: el místico y el intelectual. El
Místico está desprovisto de conocimientos
intelectuales, sigue simplemente los dictados del
corazón y trata de hacer la voluntad de Dios tal y
como él la siente, por lo que sin estar consciente de
ninguna meta definida, se eleva hasta alcanzar al fin
el conocimiento. Naturalmente, en la Edad Media la
gente no era tan intelectual como lo es ahora, y los
que se sentían llamados hacia la vida superior,
generalmente seguían el sendero místico. Sin
embargo, durante los últimos siglos, sobre todo en
los últimos cincuenta años, desde que a sobrevenido
el gran despliegue de la ciencia moderna y una
humanidad mucho más intelectual puebla la Tierra;
la cabeza ha vencido por completo al corazón, el
materialismo ha dominado todo impulso espiritual, y
la mayoría de la gente pensante no cree en nada
que no pueda tocar, gustar o manipular. Por tanto,
es preciso hacer una llamada a su intelecto a fin de
que el corazón pueda creer lo que el intelecto haya
sancionado, por lo que, en respuesta a esta llamada,
las Enseñanzas Occidentales, o Misterios
Rosacruces, es que tratan de poner en relación y
armonizar los hechos científicos con las verdades
espirituales. Y si bien en el pasado esas enseñanzas
han sido mantenidas en secreto excepto para los
pocos iniciados, en virtud del nivel alcanzado por la
generalidad, hoy ya no lo son.
Tal y como cualquier otra Orden de Misterios, la de
los Rosacruces está formada siguiendo líneas
cósmicas; si tomamos esferas de cualquier tamaño y
tratáramos de ver cuántas son necesarias para
cubrir una de ellas, encontraríamos que se requieren
doce para ocultar la decimotercera; La última
división de la materia física, la que se encuentra en
el espacio interplanetario, está agrupada así, doce
en torno de uno. Los doce signos del Zodíaco, que
envuelve nuestro sistema solar, los doce semitonos
de la escala musical que comprende la octava, los
doce apóstoles que se reunieron en torno a Cristo,
etc., son otros tantos ejemplos de esta agrupación
de doce en torno a uno. La Orden de los Rosacruces
también está compuesta de doce Hermanos más un
decimotercero.
Las siete rosas que adornan nuestro hermoso
emblema y la radiante estrella de cinco puntas que
está detrás simbolizan las Doce Grandes Jerarquías
Creadoras que han asistido al espíritu humano
mientras evolucionaba a través de los estados
mineral, vegetal y animal anteriores, cuando no tenía
conciencia y era incapaz de cuidarse a sí mismo en
el más mínimo grado. De estas doce huestes de
Grandes Seres, tres clases trabajaron con y sobre el
hombre por propia voluntad, no teniendo la menor
obligación de hacerlo para continuar su evolución.
Esas huestes se encuentran representadas por los
tres puntos de la estrella de nuestro emblema que
apuntan hacia arriba. Dos más de esas jerarquías
están a punto de retirarse, y están simbolizadas por
los dos puntos de la estrella que irradian hacia
abajo. Las siete rosas indican el hecho de que hay
aún siete Grandes Jerarquías Creadoras en
actividad en el desarrollo de los seres de la Tierra.
Dado que el axioma hermético dice: "como arriba es
abajo", los instructores menores de la humanidad
están también agrupados según las mismas líneas
cósmicas de 7, 5 y 1. Hay, pues, sobre la Tierra,
siete escuelas de Misterios Menores, cinco de
Misterios Mayores, y el total se encuentra agrupado
en torno de una Cabeza Central que se llama el
Liberador.
En la Orden Rosa Cruz siete Hermanos van al
mundo cada vez que la ocasión lo requiere,
apareciendo como hombres entre los hombres o
trabajando en sus vehículos invisibles con o sobre
los demás, según sea necesario; de todos modos,
debe tenerse siempre muy presente que jamás
influyen en nadie contra su voluntad o contra sus
deseos, sino que únicamente fortalecen el bien
dondequiera que puedan encontrarlo.
Los cinco Hermanos restantes nunca abandonan el
templo. Y aunque poseen cuerpos físicos, ejecutan
todo su trabajo desde los mundos internos.
El decimotercero es el Jefe de la Orden, eslabón con
el Consejo Central Superior, que está compuesto por
los Hierofantes de los Misterios Mayores, quienes no
tratan en absoluto con la humanidad ordinaria, sino
exclusivamente con los graduados en los Misterios
Menores. Aun los discípulos de la Escuela nunca lo
ven, pero en los servicios nocturnos todos "sienten"
su presencia cualquiera que sea el momento en que
él entre en el Templo. Es la señal para que
comience la ceremonia.
Alrededor de los Hermanos de la Rosa Cruz, en
calidad de discípulos, hay cierto número de
"hermanos legos", quienes, si bien viven en diversas
partes del mundo occidental, pueden dejar sus
cuerpos conscientemente, atender a los servicios
nocturnos y participar en la obra espiritual del
Templo, habiendo sido "iniciados" todos y cada uno
de ellos por algunos de los Hermanos Mayores. La
mayoría de ellos pueden recordar perfectamente lo
que acaece en los servicios a los que prestan su
asistencia.
La Iniciación.- La idea generalizada que se tiene
acerca de la iniciación es que no es más que una
ceremonia que convierte a uno en miembro de una
sociedad secreta, cosa que, por otro lado, puede
conferirse con tal de que se pague cierto precio, una
suma de dinero en la mayoría de los casos. Y si bien
es cierto que en la llamada "iniciación" en las
órdenes fraternales o en la mayoría de las seudoocultas
sucede así, es completamente erróneo
cuando se aplica a las iniciaciones en los varios
grados de los verdaderas Fraternidades Ocultas,
como lo aclarará un tanto la comprensión de los
requisitos realmente exigidos.
En primer lugar, el oro no es en manera alguna la
llave del Templo; el mérito espiritual cuenta, pero
no el dinero. El mérito espiritual no se adquiere en
un día, pues es el producto acumulado de las
buenas acciones pasadas. El candidato para la
iniciación, generalmente está inconsciente de que es
candidato, y vive su vida en la comunidad sirviendo
a su prójimo durante días y años sin ningún
pensamiento ulterior, hasta que un buen día aparece
en su vida un instructor, un Hierofante de los
Misterios Menores, apropiado al país en el que
resida el candidato. Hasta ese momento éste ha
estado cultivando en sí ciertas facultades y
acumulando ciertos poderes mientras servía y
ayudaba, acerca de los que habrá estado
generalmente inconsciente y los que no sabe cómo
usar debidamente. La tarea del iniciador es
entonces, y por tanto, muy sencilla: muestra al
candidato sus facultades latentes, sus poderes
adormecidos, y lo inicia en su empleo; le explica o
demuestra por vez primera cómo puede despertar
esa energía estática para convertirla en poderes
dinámicos.
La iniciación, en suma, podrá realizarse por medio
de una ceremonia o no, pero obsérvese de forma
particular que, siendo la Iniciación la culminación
inevitable de prolongados esfuerzos espirituales,
sean éstos conscientes o no por parte del candidato,
de ninguna manera puede tener lugar sino hasta que
el requerido desenvolvimiento interno haya
acumulado los poderes latentes que la Iniciación
enseña a emplear dinámicamente, del mismo modo
a como el apretar el gatillo de una pistola
descargada no puede o podría producir explosión
alguna.
Tampoco debe existir temor alguno a que el
instructor no se fije en quien haya alcanzado el
grado de desarrollo espiritual al efecto. Toda acción
buena y desinteresada aumenta la luminosidad y el
poder vibrante del aura del candidato enormemente,
y de igual modo que el imán atrae a la aguja, así
también la brillantez del aura luminosa atraerá al
correspondiente instructor.
Los Misterios Menores tratan únicamente con la
evolución de la humanidad durante el Período
Terrestre. En las tres revoluciones y medias
primeras de la oleada de vida en torno de los siete
globos, los Espíritus Virginales aún no habían
adquirido la conciencia de sí mismos, por lo que
debido a ello ignoramos cómo hemos llegado a ser
lo que somos. Tiene, pues, que iluminarse al
candidato sobre el asunto; así que, bajo el impulso
del Hierofante, durante el primer período de
iniciación en el primer grado, su conciencia se dirige
hacia la página de la memoria de la Naturaleza que
contiene los recuerdos de la primera revolución, en
la que recapitulamos el desarrollo del Período de
Saturno. De esta forma, él aún está en plena
posesión de su conciencia diaria, sabe y recuerda
perfectamente los hechos de la vida del siglo XXI,
pero ahora está observando de manera consciente
los progresos de la evolucionante hueste de
espíritus virginales, hueste de la que él era una
unidad en la Revolución de Saturno. De esa forma
aprende cómo se dieron los primeros pasos en el
Período Terrestre hacia la meta de realización, la
que le será revelada en un grado superior.
Tras haber aprendido la lección de forma práctica, el
candidato habrá adquirido conocimiento directo
sobre el asunto a la vez que habrá tomado contacto
con las Jerarquías Creadoras en su obra sobre la
humanidad, por lo que podrá no sólo apreciar su
actuación beneficiosa en el mundo, sino ponerse
hasta cierto punto la línea con ellas y convertirse de
hecho en un nuevo, activo y consciente colaborador.
Llegado el tiempo para el aspirante de acceder al
segundo grado, se le facilita que dirija su atención a
las condiciones de la segunda Revolución del
Período Terrestre, o Solar, tal y como se encuentran
registradas en la memoria de la Naturaleza,
observando entonces con plena conciencia los
progresos hechos en ese tiempo por los Espíritus
Virginales. En el tercer grado, por supuesto, el
discípulo estudia la evolución de la tercera
Revolución, o Lunar, y, en el cuarto, ve los
progresos efectuados en la primera mitad de la
cuarta o presente Revolución, primera mitad que
acabamos de concluir. Hay además otro paso en
cada grado: el discípulo ve, además de la labor
ejecutada en cada revolución, la obra realizada en la
Época correspondiente a cada Revolución o Período
anterior, durante nuestra actual estancia en el globo
D de la Tierra. Así: durante el primer grado,
estudiará la obra de la Revolución de Saturno, que
es una recapitulación del período del mismo nombre,
además de su última consumación o replicación a
través de la Época Polar. En el segundo grado, verá
la obra de la Revolución Solar, en cuanto
recapitulación del período de igual nombre, además
de la réplica obtenida por medio de la Época
Hiperbórea. Durante el tercer grado observará la
obra llevada a cabo en la tercera revolución, o
Lunar, así como lo que fue la base de la vida en la
Época Lemúrica. Durante el cuarto grado verá la
evolución de la primera media parte de la cuarta
revolución con su correspondiente período de tiempo
en nuestra estancia sobre la Tierra. Precisamente, la
primera mitad de la Época Atalante se corresponde
a cuando desapareció la densa neblina de
la atmósfera y el sol comenzó a brillar sobre la tierra
y el mar; entonces terminó también la noche de
inconsciencia, los ojos del Ego interno se abrieron
por completo y pudo dirigir la luz de la razón acerca
del problema de cómo conquistar el mundo. Ese fue
el tiempo en que el hombre nació tal y como hoy lo
conocemos.
Cuando en los antiguos sistemas de iniciación se
oye la narración acerca de que se sumergía el
candidato en trance durante un período de tres días
y medio, ello no hace referencia sino a esa parte de
la iniciación que acabamos de describir, - primera
parte de la Época Atalante incluida - por lo que los
tres días y medio se refieren a estados pasados, no
siendo de ninguna manera días de veinticuatro
horas, puesto que el tiempo requerido varía en
función del candidato. En todo caso, se le conduce
inconsciente a través del desarrollo de la humanidad
durante las revoluciones pasadas, y, cuando se dice
que "despierta" al nacer el sol del cuarto día, ello se
corresponde con la forma mística de expresar que
su iniciación es obra de la carrera involucionaria del
hombre, la cual cesó cuando el sol se levantó por fin
sobre la atmósfera ya clara de la Atlántida. En ese
momento es cuando el candidato "despierta" y es
proclamado "primogénito".
Por tanto, una vez familiarizado con el camino que
hemos transitado por el pasado, el quinto grado
conduce al discípulo al final del Período Terrestre,
tiempo en el que la humanidad gloriosa recoge los
frutos de este Período y se los lleva consigo desde
los siete globos, sobre los que evolucionamos en
cada Día de Manifestación, al primero de los cinco
"globos oscuros" que constituyen nuestra habitación
durante cada Noche Cósmica, el más denso de los
cuales ha de encontrarse en la Región del
Pensamiento Abstracto, en realidad el Caos de que
hablamos en las páginas pertenecientes a este
respecto. Este globo es también el Tercer Cielo, por
lo que, cuando San Pablo habló acerca de que fue
llevado al Tercer Cielo - donde vio cosas que no
podía decir - en verdad se estaba refiriendo a las
experiencias equivalentes a las del quinto grado de
los Misterios Menores o Misterios Rosacruces
actuales.
Al concluir el quinto grado, el candidato iniciático
queda familiarizado con los progresos que se
lograrán durante las tres revoluciones y media que
restan del Período Terrestre; y, desde el sexto al
noveno, están dedicados a ilustrarle sobre el asunto.
Por medio de la percepción así adquirida, el
candidato podrá cooperar de forma inteligente con
los Poderes que trabajan para Dios, pudiendo
ayudar de esa manera a apresurar el día de nuestra
emancipación terrestre.
De otra parte, no porque alguien se haya graduado
en la Escuela de Misterios Rosacruces puede
llamarse Rosacruz, pues los graduados en las
diversas escuelas de misterios menores pasan a las
cinco de misterios mayores. En las cuatro primeras
pasan por las cuatro Grandes Iniciaciones, hasta
que por último llegan al Liberador, de quien reciben
conocimientos concernientes a otras evoluciones,
dándoseles la posibilidad de elegir entre quedarse
aquí, para asistir a la humanidad, o entrar en otra
evolución en calidad de auxiliares de aquélla. A
quienes eligen quedarse aquí, se les dan diversas
tareas de acuerdo con sus gustos, temperamentos e
inclinaciones naturales. Los Hermanos de la Rosa
Cruz se encuentran entre estos compasivos, por lo
que es absolutamente indebido utilizar esa
denominación a sí mismo cuando no somos más
que meros estudiantes de sus hermosas y
sapientísimas doctrinas.
Durante las centurias últimas, los Hermanos han
trabajado por la humanidad en secreto. Actualmente,
y en cada medianoche, hay un servicio en el Templo
en el que los Hermanos Mayores, asistidos por los
hermanos legos que pueden dejar su trabajo en el
mundo (dado que muchos de ellos residen en
lugares en los que aún es de día cuando es
medianoche donde se encuentra ubicado el Templo
de la Rosa Cruz) atraen de todas partes del Mundo
Occidental los pensamientos de sensualidad,
avaricia, egoísmo y materialismo. Entonces tratan de
transmutarlos en puro amor y en benevolencia, en
altruismo y aspiraciones espirituales, enviándolos de
nuevo al mundo para vigorizar y mejorar el bien. Si
no fuera por este potente manantial de vibraciones
espirituales, el materialismo habría concluido ya con
todo esfuerzo espiritual, pues, desde el punto de
vista espiritual, nunca ha habido edad más negra y
perniciosa que los últimos trescientos cincuenta o
cuatrocientos años de materialismo avasallador.
Ha llegado el tiempo, sin embargo, en el que los
esfuerzos secretos deben sustituirse por un esfuerzo
claro y directo, a fin de promulgar una enseñanza
definida, lógica y consecuente respecto del origen, la
evolución y desarrollo futuro del mundo y del
hombre, mostrando a la vez tanto el aspecto
espiritual como el científico; una enseñanza de tal
naturaleza que no entrañe afirmación alguna
irreconciliable con la razón o la lógica; antes bien,
una enseñanza que satisfaga a la mente y dé una
solución razonable a todos los misterios, la que, no
pidiendo ni aludiendo preguntas, sus explicaciones
aspiren a ser a un tiempo profundas y lúcidas.
Por tanto – y este es un "pero" muy importante – los
Rosacruces no consideran la comprensión
intelectual de Dios y del Universo como un fin en sí
mismo; muy lejos de ello, dado que, cuanto mayor
es el intelecto, tanto mayor es el peligro de su mal
uso. En consecuencia, esta enseñanza científica,
lógica y completa se da para que el hombre pueda
creer en su corazón lo que su cabeza ha sancionado
ya, y para que, al tiempo, pueda dar comienzo a una
vida religiosa y profunda.

*
del libro "Los Rosacruces" de Antonio Justel

* * *

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