humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

*
del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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lunes, 26 de mayo de 2014

XXI - LA IMPORTANCIA DE LA ASTROLOGÍA



XXI
LA IMPORTANCIA DE LA ASTROLOGÍA

Quien pretenda acercarse a la astrología debiera
hacerlo como en sí lo requiere una ciencia sagrada,
pues tal es. Y si en modo alguno desechamos el
término astronómico, dado que en sus métodos y
cálculos la astrología tiene su ser, elegimos el
término astrológico porque en él se encuentra
incluido un aspecto que la astronomía no abarca,
cual es el aspecto espiritual.
Sin embargo, no podemos dejar de resaltar la
utilidad astrológica tanto para fijar hechos históricos
lejanos como para hacer de ella una senda de vida
o, mismamente, como instrumento de altísima ayuda
para conseguir la sanación.
Así, aparte de los resultados obtenidos por medio
del carbono 14, no obstante, cuando los
acontecimientos nos relegan a un tiempo demasiado
antiguo, sólo el clarividente elevado, el debidamente
educado, se encontrará capacitado para
la observación buscada. En cambio, si éste no
pudiera recurrir a la astrología, con seguridad que
sería incapaz de poder fijar con precisión y rigor el
tiempo de los eventos objeto de su estudio.
Piénsese que, en casos ordinarios, estaremos
tratando normalmente de cuestiones referentes a
nuestro planeta en el actual Período Terrestre, pero
bien podríamos desear indagar respecto a otros
períodos anteriores con sus millones de años, o la
posibilidad de hacerlo respecto de otros planetas de
nuestro sistema, y por qué no, y de otro lado, acerca
de otros sistemas planetarios.
Si alguna duda puede albergar lo que aquí se indica,
no olvidemos que, puesto que la evolución se mueve
en espiral y continuamente nos encontramos con
brazos de espirales dentro de espirales, es decir,
con situaciones cíclicas semejantes pero bajo
circunstancias diferentes (siempre más elevadas)
únicamente apreciando la situación relativa de los
astros en el firmamento, ello nos podrá permitir
volver a atrás con el horóscopo sobre la mesa y
determinar con gran exactitud el tiempo de lo
observado o acontecido.
De otro lado, a modo de intersticio argumental, y de
acuerdo con Max Heindel, pasamos a desgranar
una síntesis de opiniones y datos que ayudarán en
la comprensión de determinadas cuestiones que
puedan resultar planteadas respecto del hecho
astrológico en sí:
"… las enseñanzas místicas acerca de la formación
de un sistema solar, armonizan con la teoría nebular
que dice que los planetas fueron expulsados desde
la masa central del Sol a intervalos, formando cada
uno de ellos parte de esa masa en anillos, siendo los
primeros arrojados los que se hallan más distantes
del centro, mientras que Venus y Mercurio, que son
los más cercanos, han sido expulsados los últimos.
Detrás de cada acto hay un pensamiento, por lo que
detrás de cada fenómeno visible hay una causa
invisible. De la misma manera, hay una razón
espiritual para la existencia y formación de los
planetas en un sistema solar y, también, una
explicación material.
El fuego nebuloso central puede considerarse por
nosotros como la primera manifestación de un Dios
Triuno y Señor de las Huestes, el cual contiene
dentro de su Ser una multitud de otros seres en
diferentes etapas de desarrollo y sus diversas
necesidades requieren diferentes condiciones
externas. Para proveer a tales necesidades, varios
planetas fueron lanzados de la masa central,
estando cada uno de ellos constituido
diferentemente y variando asimismo las condiciones
climáticas para cada uno. Sin embargo, todos
pertenecen al Reino de Dios, nuestro sistema solar.
En "Él se mueven, viven y tienen su ser" en el
sentido más lato de la palabra, pues la totalidad de
este sistema puede ser considerado como el cuerpo
de Dios y los planetas como órganos del mismo
cuerpo vivificados por su Vida, moviéndose por su
Fuerza y de acuerdo con su Voluntad sostenedora.
Cada planeta es el vehículo físico de un exaltado
espíritu de una inteligencia espiritual elevadísima, el
cual no sólo representa en calidad de ministro al
Supremo Ser en tal departamento de Su Reino, sino
que se esfuerza por cumplir la voluntad suprema, la
que tiene como finalidad el bien más elevado sin
tener en cuenta el mal proporcionado y
momentáneo.
Estos Espíritus Planetarios ejercen influencia
particular sobre los habitantes en el planeta que
cada uno preside, pero también la tienen sobre los
seres evolucionantes de los demás planetas, en
función del desarrollo alcanzado por tales seres.
Cuanto más atrasado en la escala evolutiva, cuanto
más ignorante es un ser, tanto mayor influencia y
poder ejercen sobre él los planetas, llegándose a dar
casos en los que habrá quien responda de una
manera total y absoluta hasta en los más débiles
aspectos; en cambio no será así en el consciente, en
el elevado, el ser que lucha por dominar sus
pasiones y alrededor ambiente, el que lanza
pensamientos constructivos y amorosos, el que
sonríe a la adversidad, domina las influencias
estelares y se construye un porvenir risueño por este
solo objeto.
Así es cómo la Astrología nos ilustra y auxilia en
nuestra vida diaria y nos da a la vez un conocimiento
de nuestras debilidades y malas tendencias de
nuestra naturaleza, señalándonos también nuestras
fortalezas así como los momentos propicios para el
desarrollo de la potencia precisa para fortalecer el
bien.
En todas las religiones oímos hablar de los siete
genios planetarios: así, los indios, dicen los Siete
Rishi; los persas, los Siete Ameshaspentas; los
mahometanos, los Siete Arcángeles, y los cristianos
los Siete Espíritus delante del Trono.
El astrónomo moderno se divorcia del aspecto
espiritual de las Astrología, a la que desdeña y tilda
de supersticiosa explotación por la eventualidad de
que la Astronomía señala ocho planetas principales
en nuestro sistema solar: Neptuno, Urano, Saturno,
Júpiter, Marte, Tierra, Venus y Mercurio. Él, con
ayuda del telescopio ve que existen y piensa que de
este modo ha probado que le Religión no conoce
nada del asunto cuando afirma que hay solamente
siete planetas principales. El místico, sin embargo,
se apoya en la Ley de Bode en vindicación del
aserto que sigue: Neptuno ya no pertenece
realmente a nuestro sistema solar, pues éste no es
sino la encarnación de un gran espíritu de las
Jerarquías Creadoras que, en calidad de mensajero
espiritual, nos viene a visitar, influenciándonos
normalmente desde el Zodíaco.
Este genio planetario trabaja de manera particular
con aquéllos que se están preparando para la
iniciación y, parcialmente, con quienes de un modo u
otro estudian Astrología y la aplican y ponen en
práctica en su vida diaria con el deseo de servir a los
demás, pues de esta forma se preparan para el
camino propio de la iniciación.
En cualquier caso, como bien sabemos por medio de
la Geografía, los planetas giran alrededor del Sol,
que es el punto céntrico de nuestro sistema solar,
siendo los más pequeños los que describen órbitas
más reducidas y los que giran con
mayor velocidad en razón de hallarse más próximos
al Sol, y los grandes, que por encontrarse más
alejados describen órbitas más grandes, son los que
giran más lentamente, siendo constantes estas
características.
Además del movimiento de traslación, los planetas
describen el de rotación sobre sus ejes, siguiendo el
mismo sentido de orientación que el de su órbita, o
sea, de Oeste a Este, el que se denomina "rotación
diurnal". Los ejes de un planeta pueden ser bien
perpendiculares o bien oblicuos en relación a sus
órbitas, oscilando dicha inclinación entre los 3º de
Júpiter a los 102 de Urano y aún los 155 de Neptuno
por la razón que luego se dirá.
Las inclinaciones de los ejes de los planetas no
coinciden en todos los casos con los datos
facilitados o estudiados por la ciencia física o
material, como tampoco compartimos en este caso
su opinión de que estas inclinaciones permanezcan
prácticamente inmutables salvo por un ligero
movimiento llamado "nudación", dado que en los
planetas existe un tercer movimiento sumamente
lento - cerca de 50 segundos de espacio por siglo,
por lo que una revolución completa de los ejes de la
Tierra se realiza en 2 ¼ millones de años
aproximadamente – a cuya influencia debemos que
lo que hoy tenemos como Norte de la Tierra haya de
ser visto en el futuro, tal y como ya ocurriera en el
pasado, apuntando directamente hacia el Sol, y
mucho tiempo después se coloque en la posición
planetaria que actualmente tiene el polo Sur, para,
tras siglos y siglos, alcanzar de nuevo la posición
presente. Es obvio que mediante los presuntos
cambios es como podrán modificarse las
condiciones climáticas de los países en general, al
sucederse los hielos y los trópicos en todos los
puntos de cada planeta. Hemos de señalar, no
obstante, que siempre ha habido cambios
imprevistos cuando, por ejemplo, ha ocurrido que lo
que es el polo Norte se ha orientado directamente
hacia el Sol. Entonces, y en esas circunstancias, el
hemisferio Sur estuvo constantemente en la
oscuridad y dominado por el frío de semejante
época.
Las condiciones resultantes causaron la última vez
un vuelco repentino de nuestro globo, si bien,
después de esa época, el espíritu que guiaba la
Tierra desde fuera ha penetrado dentro de su esfera
y tal suceso ha de resultar en delante de todo punto
imposible. Es por medio de este movimiento por el
que puede explicarse la presencia de restos de flora
y fauna encontrados en el polo sin que puedan ser
atribuidos a otra causa, demostrando a la vez que
con el transcurso del tiempo, y cuando la inclinación
de los ejes de cualquier planeta sea mayor de 90
grados y su polo Norte comience a apuntar hacia el
Sur, los satélites de tal planeta han de aparecer
como si girasen en dirección contraria a la de los
satélites del resto de planetas, cual es el caso de los
satélites de Urano y Neptuno – como más atrás
hemos advertido – lo cual es hecho de gran
confusión para los astrónomos. En su virtud, para
Urano y Neptuno, el Sol sale por el Oeste y se pone
por el Este, siendo ello debido a la inversión de los
polos.
Si bien es cierto que al principio de nuestra presente
fase de evolución todo lo que ahora se encuentra
fuera del Sol se hallaba dentro, ello fue debido a que
no todos los seres pudieron continuar vibrando con
el grado que allí había; por tanto, muchos se
quedaron atrás, se cristalizaron, lo cual los convirtió
en un obstáculo para los demás seres
evolucionantes. Habiendo comenzado su
cristalización en los polos, donde el movimiento es
lento, el propio aumento del peso los arrastró
gradualmente hacia el Ecuador, donde el
movimiento es más rápido, para después, y en su
día, mediante la fuerza centrífuga, ser expulsados
del Sol. Del mismo modo y de forma sucesiva ocurrió
con otros seres, los cuales tampoco habían podido
continuar viviendo bajo la intensidad vibratoria que
reinaba en el Sol, por lo que habiéndose rezagado,
acabaron siendo lanzados a su debida distancia al
espacio, a fin de que las vibraciones solares
pudieran dotarlos de la propia rapidez vibratoria,
acorde siempre con su respectivo grado de
desarrollo.
Los espíritus más avanzados permanecieron por
tanto en el Sol o más cerca del Sol, lo que hace que
calificar de "inferior" o "superior" a unos u otros
planetas, habría de hacerse no por la cercanía al
Sol, sino por la mayor o menor rata vibratoria de que
en sí mismos dispone. Júpiter, no obstante, y en
evitación de cualquier mala interpretación, fue
expulsado pero se le dio un inmenso volumen de
sustancia ígnea por el hecho de que los jupiterianos
habían conseguido un estado de desarrollo muy
elevado, lo cual requería tanto vibraciones altas
como acción independiente a un tiempo. Por
consiguiente, Júpiter viene a ser una excepción en
varios sentidos, uno de esos casos en los que una
ley superior posterga a otra inferior.
Para concluir este expreso apunte, queremos
reiterar que los planetas de nuestro sistema solar
son los organismos visibles de los Siete Espíritus
delante del Trono de Dios, el Sol, y que al igual que
nos es posible transmitir la fuerza capaz de mover
conmutadores para encender una luz, elevar una
palanca o enviar órdenes concretas y en
determinado sentido a través del ordenador, del
mismo modo esos Grandes Espíritus pueden ejercer
una influencia sobre los seres humanos de acuerdo
y en armonía con nuestro estado de progreso
individual.
Desde otro punto de vista, y en cuanto a la utilidad
de la astrología en la vida de cualquier persona,
podríamos formularnos la siguiente pregunta: ¿ los
aspectos que presenta nuestro horóscopo,
podremos modificarlos por medio de nuestra
voluntad ? Y la contestación imperiosa e inmediata
es sí. Porque, de no ser así, más nos valiera, cual
antiguos estoicos, sentarnos o acostarnos para
esperar la segura e implacable llegada de la muerte.
Pero afortunadamente las cosas no son de esta
manera, porque si ello fuese de esa forma ¿qué bien
nos podría reportar el estudio de la astrología?
Efectivamente ninguno. En cambio, si sabemos que
en el horóscopo no se refleja de ninguna manera lo
que atañe a la voluntad del individuo, y que los
aspectos de la carta natal, así como los que en sus
tránsitos y progresiones se refieren sólo y
exclusivamente a meras tendencias, la cuestión y el
enfoque nos harán cambiar radicalmente. ¿Podemos
traer aquí el ejemplo tan manido de aquellos dos
veleros, que bajo el mismo viento marchaban sin
embargo en direcciones contrarias? Por tanto ¿ no
es acaso la actitud de cada cual lo que hará que
unos se dejen arrastrar por los vientos reinantes de
la vida y que otros, en cambio, logren no sólo
desactivarlos sino progresar con ellos poniéndolos a
su favor ? Tal es la expresión de la voluntad:
enfrentarse a los vientos y vencerlos o en otro caso
dejarse llevar por ellos hacia las rocas y el desastre.
De aquí que, si bien es cierto que le inmensa
mayoría se deja arrastrar por las tendencias –
mostradas por las configuraciones planetarias – no
es menos interesante por tal motivo estudiar
astrología para, habiendo previsto lo que ha de
acontecer, tomar las precauciones necesarias y
ejercer nuestro dominio de voluntad para evitar el
daño y llegar con bien a puerto, a alcanzar nuevos
aspectos de armonía y bienestar.
Las estrellas, por tanto, se dice que impelen pero
que no compelen. Este es el fundamento y fuerza
motriz para actuar, dado que podemos y debemos
cambiar nuestro destino si este nos disgusta.
Piénsese que, en los tiempos antiguos, y debido a
nuestra andadura infante como humanos, las
estrellas nos han dominado porque nuestra voluntad
se había quedado inerme frente al karma que
nosotros mismos habíamos contraído y que por
tanto las estrellas diseñaban. Actualmente, más
evolucionados, ya más sabios y perfectos, con más
entendimiento y determinación, nos hemos
capacitado para salir al encuentro de nuestro mal
destino y enderezarlo tal cual deseemos. Tenemos
una voluntad divina y nadie puede disponer de ella
sino nosotros mismos.
De otra parte, es por medio de la astrología como
podremos obtener una amplia comprensión acerca
del plan divino de evolución, pues cada posición y
aspecto de los planetas entre sí, con relación a
los signos y las casas, representan para todos y
cada uno de nosotros aquellas oportunidades que
requiere la evolución de manera conjunta y
separadamente.
Es por ello que, al obtener este conocimiento y su
debida comprensión, él debe prestarnos una gran
esperanza en aras a esperar los momentos más
espinosos con esa mentalidad positiva que tanto
conforta y nos hace crecer anímica y
espiritualmente.
Reseñamos que si realmente los padres tienen por
medio de la astrología una oportunidad de oro a fin
de prever las crisis de sus hijos y tratar de infundirles
virtud frente a vicios contraídos en su karma anterior,
diremos que, por lo que hace a la sanación, al
campo astrológico no tiene dimensión alcanzable. El
horóscopo al nacimiento nos señalará las
enfermedades incipientes desde aquél hasta la
muerte, por lo que si tuviésemos conocimiento del
día o días en que las crisis han de manifestarse, es
decir, estando previamente advertidos, bien
podríamos hacerles frente tal y como arriba hemos
señalado, puesto que la astrología no sólo tiene en
cuenta el aspecto material del ser sino también el
del alma que lo define.
Es notorio, no obstante, que a pesar de que los
médicos modernos conocen que el estado de la
sangre y, por ende, el de todo el cuerpo, cambia en
función del estado de ánimo del paciente, son aún
muy pocos los que aceptan el hecho de que tanto
nuestros estados orgánicos como mentales están
influidos por los rayos planetarios, los que, por otra
parte, se encuentran en continuo cambio, debido al
movimiento incesante de los planetas. Por ello, sí
querríamos sugerir que, al igual que aceptamos que
los rayos del sol nos llegan y afectan nuestros
estados mentales y físicos de muy distinta manera,
de acuerdo con la hora del día ¿ por qué no admitirlo
para los rayos que vienen y llegan procedentes de
los planetas más lentos que el sol ?
La deducción resulta de gran lógica: habrá
momentos más oportunos, más propicios que otros
para llevar a cabo la curación de una determinada
enfermedad o para el tratamiento con medicamentos
preparados al respecto. Algunos médicos ya lo están
llevando a cabo así porque sus posibilidades de
diagnosis y tratamiento resultan mucho más
acertadas. De semejante modo ¿por qué hay
médicos que procuran que sus intervenciones
quirúrgicas tengan lugar en la fase lunar del cuarto
creciente? Sencillamente porque han obtenido el
conocimiento práctico de que, cuando una
intervención o proceso médico tiene su comienzo en
esta fase lunar, la operación tendrá éxito o el
proceso saldrá con bien, mientras que si una u otro
tuviesen lugar o comienzo en la fase opuesta, en
decir, en menguante, siempre ocurrirían
complicaciones o el proceso devendría de difícil
aplicación y resultado. Y del mismo modo, si hubiese
que aplicar alguna dosis de estimulantes o sedantes,
debemos decir que los primeros tendrán una acción
más eficiente con la luna en creciente, mientras que
los segundos la tendrían en menguante, por lo que
la dosis, a efectos de controlar el dolor debidamente,
acaso deba ser rebajada o aumentada según cada
caso. De manera similar, cuando la luna creciente se
encuentra en buen aspecto con Venus y Júpiter, ello
implicará los mejores resultados en la estimulación
cardiaca, por lo que las palpitaciones tendrán un
tratamiento más eficaz cuando la luna está en
menguante y los aspectos citados son favorables.
De aquí que, por la mera aplicación de este
rudimento astrológico, el hecho de la curación pueda
resultar notoriamente acrecentado.
No olvidemos en ningún caso que las discordancias
que expresamos como dolor o enfermedades no son
provocadas sino por discordias espirituales internas
al quebrantar las leyes de la vida, por lo que si
fuésemos capaces de tomar conocimiento acerca de
cuáles sean las causas que nos afligen, sin duda
procuraríamos eliminar tales causas a fin de que las
enfermedades cesasen. Tal información, insistimos,
no se conoce si no es a través de la carta natal,
pues en ella cada planeta y signo expresan armonía
o discordancia, salud o enfermedad.

*
del libro "Los Rosacruces" de Antonio Justel

* * *

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