humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

*
del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

*
* *

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jueves, 10 de junio de 2010

EL GRADO DE SENSIBILIDAD A LAS VIBRACIONES PLANETARIAS


CAPÍTULO II

EL GRADO DE SENSIBILIDAD A LAS VIBRACIONES PLANETARIAS


Al juzgar un horóscopo es de importancia primordial que tengamos una
consideración debida hacia la situación social y racial del individuo, porque las
configuraciones que son de gran significación en el horóscopo de un europeo
educado, pueden significar poco o nada en la figura de un chino y viceversa. El
olvido de este factor nos conducirá inevitablemente a conclusiones falsas, como a
continuación explicaremos.
Es una máxima mística que cuanto más bajo en la escala de la evolución un
ser se halla colocado, más ciertamente responde a los rayos planetarios y
viceversa, cuanto más arriba asciende en la escala del desarrollo más el hombre
domina y rige sus estrellas, librándose a sí mismo de las fuerzas que sobre él
mantienen las Jerarquías divinas. Esta prueba, no obstante, no se impuso al
hombre con objeto de contenerle, sino que al igual que nosotros en la vida
ordinaria impedimos a un niño hacer cosas que en su ignorancia puedan herirle y,
por lo tanto, obstruir su vida, así también nosotros estamos detenidos por las
Jerarquías divinas por medio de los aspectos planetarios, de tal modo que no nos
podamos herir a nosotros mismos más allá de la posibilidad de restablecimiento
durante las experiencias de la vida.
Pero unida a esta guía hay, como es natural, la acción del libre albedrío, de
la propia voluntad, que crece a medida que nos desarrollamos. El niño nuestro
tiene actualmente muy poco libre albedrío, estando sujeto no solamente a sus
padres, sino a los criados, si los hay en la casa, y a cualquiera con quien tenga
trato, siendo así que todos ejercen control sobre el niño para el propio bien de él.
A medida que el niño crece, esta medida de restricción va disminuyendo
gradualmente, y en el curso de los años el niño aprenderá a ejercer su propia
voluntad. Este método ha sido seguido por las Jerarquías divinas en el caso del
hombre.
La humanidad infantil fue guiada absolutamente por regentes divinos sin
tener ninguna parte de acción por su voluntad. “Esto harás tú o no harás nada”,
fueron los mandamientos que se le presentaron, los cuales debían obedecer
implícitamente, pues de otro modo el enfado divino se mostraba inmediatamente
mediante manifestaciones terribles, las cuales ejercían su efecto sobre la mente
de la humanidad infantil, tal como los relámpagos, los truenos, los terremotos y las
grandes epidemias o plagas. Todo esto fue para la guía colectiva; para el freno
individual había leyes estrictas, mandamientos y ordenanzas. Los tributos debían
pagarse continuamente al caudillo divino y ser ofrecidos en los altares de
sacrificios, y por cada infracción de la ley tuvieron que hacer sacrificios de bienes
materiales.
El miedo fue la nota culminante de tal dispensación: porque “el miedo o el
temor del Señor es el principio de la justicia”. Este régimen fue llevado a cabo bajo
la condición planetaria de Marte y de la Luna. Marte, que es el hogar de los
espíritus dominantes de Lucifer, dio al hombre la energía necesaria para que la
evolución pudiera seguir su paso y esta energía marciana fue de la mayor
importancia, especialmente en el transcurso de los estados primitivos. La Luna, la
cual es el hogar de los ángeles, bajo la dirección divina de Jehová, dio a la
humanidad infantil una mente y un cerebro semejantes a los del niño, el cual es
dócil a la dirección y se amolda muy fácilmente a la autoridad.
Éstos, y los de Saturno, fueron únicamente los rayos planetarios que
afectaron a la humanidad en su totalidad durante la Época de Lemuria, y si
hiciésemos un horóscopo para cualquiera de las gentes que entonces vivían, sería
innecesario el buscar los lugares de los otros planetas, porque aquellos habitantes
no podían responder a sus rayos. Aun hoy una gran parte de la humanidad no se
ha desarrollado mucho más allá de aquel punto. Una clase muy numerosa,
especialmente aquéllos a quienes nosotros conocemos como razas inferiores, y
aun las clases bajas de nuestro mundo occidental, están dominadas
principalmente por estos rayos planetarios. Bajo sus impulsos actúan de una
manera automática y de una manera específica, y es posible el predecir lo que
aquéllos harán bajo un aspecto determinado de tal planeta, debido a que ellos
viven enteramente de sus emociones y son escasamente, si lo son en algún
grado, sensibles a las vibraciones intelectuales de Mercurio.
Tampoco pueden apreciar aquellas emociones que se manifiestan por
Venus o su octava, Urano; respondiendo únicamente a la naturaleza inferior”, a las
pasiones animales. Se mueven bajo el impulso de Marte y de la Luna respecto al
sexo y a la alimentación; sus placeres son de los más bajos y de la naturaleza
más sensual; viven casi como los animales en cuanto a lo físico y su credo es:
“comer, beber y ser felices”. Sus deseos se manifiestan casi exclusivamente en
“vino y mujeres” porque todavía no han despertado al encanto de la música, ni
tampoco a la belleza, no teniendo ésta ningún poder para encantar los corazones
salvajes en este estado de desarrollo, puesto que la belleza se manifiesta gracias
a los rayos de Venus que está mucho más allá de la órbita de tal gente. La mujer
es para el hombre de tal estado solamente una bestia de placer y de conveniencia.
Durante este tiempo el “Padre Tiempo” representado por el planeta Saturno
“lleva su cuenta” y mediante el latigazo de la necesidad les hace marchar hacia
adelante en el sendero evolutivo, obligándoles a cosechar los frutos de las labores
a la hora de la cosecha entre vidas.
Cuando el hombre ha cultivado las virtudes selváticas de la bravura, de la
resistencia física, etc., sueña en la existencia post-mortem con nuevos campos
para conquistar, y ve lo que no estaba bien preparado y por qué sus deseos se
frustraron debido a la falta de elementos para conseguirlo. Gradualmente el rayo
constructivo marciano y la astucia de Saturno fertilizan el cerebro lunar, el cual
está construyendo el hombre, para que con el tiempo aprenda el desarrollo de los
elementos necesarios para alcanzar sus primitivas ambiciones. Aun hoy vemos los
mismos trazos de astucia en el carácter, las mismas mañas utilizadas por las
razas inferiores con el propósito de regar sus tierras, extraer los minerales y moler
el grano. Todos estos medios primitivos han sido el resultado de los rayos
planetarios de Saturno, la Luna y Marte, que batían en el cerebro primitivo de la
humanidad infantil.
Un poco más adelante en el sendero de la evolución, en la época Atlántica,
los señores de Venus y de Mercurio vinieron a la Tierra con el propósito de dar un
impulso ulterior al desarrollo de la mente y de la emoción. Fue el trabajo de Venus
el de combatir las emociones inferiores y elevar la pasión brutal animal de Marte a
la más suave, delicada y bella del amor de Venus. Este planeta añadió belleza a la
fortaleza, y para alcanzar tal ideal los Señores de Venus impulsaron las artes
plásticas, la pintura y la escultura. Estas bellas artes no se enseñaron al hombre
públicamente en aquella época; los ideales que han de ser desarrollados en una
raza son siempre enseñados a los más avanzados de la misma en un templo de
Misterios, y en aquella época la iniciación no incluía una instrucción espiritual, sino
que consistía especialmente en una educación en las artes liberales. La escultura
nos enseñó el modo de incorporar la belleza en una forma física; atrajo la atención
hacia el cuerpo e idealizaba las líneas de curvas suaves. El resultado está ahora
incorporado en nuestro propio cuerpo de raza, pues debemos comprender
terminantemente que en una escuela de Misterios no se enseña hoy un ideal
simplemente para olvidarlo mañana o en la próxima generación, sino que los
ideales están inculcados para que en su día sean una parte de la propia vida, alma
y cuerpo de la raza. Comparemos el cuerpo de raza de un hombre civilizado
moderno con el de un indio, un africano u hotentote, etc., y veremos que en aquél
hay, sin duda, la belleza unida a la fortaleza.
Pudiera ser objetado que nosotros estamos degenerando comparados con
aquéllos que se nos muestran en las artes helénicas, pero es positivamente
incierto, y es más bien que nosotros no hemos alcanzado aún aquel ideal tan
elevado.
En la antigua Grecia los templos de Misterios ocupaban una posición
mucho más preeminente que hoy: la belleza de la forma fue idolatrada con
detrimento de la mente, aunque no importa el hecho de que Grecia tuviese un
Platón y un Sócrates.
Los Señores de Mercurio que tuvieron el cargo del desarrollo de la mente,
en el momento en que los Señores de Venus ejercían su influencia marcada sobre
las emociones, no habían sido capaces de hacer una impresión fuerte
universalmente sobre la humanidad primitiva. Nosotros estamos persuadidos, aun
hoy, de que nos perjudica el pensar, pero en cambio es muy fácil seguir las
emociones.
Actualmente la clase media del Oeste está mucho más avanzada que los
griegos antiguos, debido a la influencia de estos dos rayos planetarios en nuestras
vidas. La mujer naturalmente sobresale por su imaginación elevada que es una
facultad de Venus, debido a su parte en la función creadora, la cual favorece el
moldeado del cuerpo de la raza. Por esta razón su figura tiene las curvas
graciosas que implican naturalmente belleza, mientras que el hombre tiene el
sabio intelecto, dotado por los Señores de Mercurio, y es el exponente de la razón,
la fuerza creadora del progreso físico en el trabajo del mundo.
Nosotros siempre anhelamos y deseamos aquello que nos falta. En los días
del salvajismo en los que los puntapiés y bofetadas eran su recompensa diaria, la
mujer anhelaba ansiosa las caricias de su señor. Los rayos de Venus le dieron la
belleza y la convirtieron en un adepto de las artes femeninas que conquistaron el
corazón masculino, de modo que ahora el hombre juega el papel de protector
argumentando que la mujer no está preparada mentalmente, y mientras tanto él se
está convirtiendo en lo que admira en ella; se está haciendo más gentil y más
bondadoso; Venus está conquistando a Marte, pero la ilusión mercuriana de la
superioridad intelectual necesita otra influencia para conquistarla. Y esto la mujer
lo está ahora conquistando por sus aspiraciones. Al igual que ella dominó la
brutalidad marciana por la belleza de Venus, así también se librará a sí misma de
las redes de Mercurio por la intuición de Urano.
Para el hombre primitivo conducido por el latigazo saturnino de la
necesidad, cuando no por la lujuria y pasiones animales de Marte y de la Luna, el
mundo parecía triste y apesadumbrado. El miedo es la nota-clave de su
existencia; miedo de los animales; miedo de todo lo que le rodea. Tenía que estar
muy vigilante y alerta: la vigilancia es inevitablemente el precio de su seguridad.
Pero cuando la evolución le hace sensible a las influencias de Venus y Mercurio,
éstos suavizan sus emociones e iluminan su mentalidad y empiezan a considerar
el amor y la razón como factores de la vida. El Sol también empieza a iluminar su
ambiente circundante y su intenso brillo en la naturaleza del hombre durante esta
fase de su evolución dispersa parcialmente la melancolía de Saturno. De este
modo, por grados, a medida que el hombre se desarrolla y se hace más sensible a
la música de las esferas, una cuerda después de otra del arpa celestial “hiere” la
cuerda bondadosa del alma humana y le hace sensible a sus vibraciones, así
como un diapasón afinado, cuando se pulsa, despierta la nota en Otro diapasón
afinado a la misma tonalidad dentro de una distancia razonable, e igualmente los
planetas en nuestro sistema solar en la sucesión evolucionaría han pulsado
diferentes cuerdas, las cuales han encontrado un eco en el corazón humano.
Pero las cuerdas en la lira celestial de Apolo no están todas en armonía:
algunas están en real disonancia; y mientras el hombre responde a algunas, debe
permanecer necesariamente, por lo menos parcialmente, insensible a otras. En
efecto, antes de que sea posible responder perfectamente a los rayos de Venus,
es necesario para el hombre el conquistar la influencia de Marte en un grado
considerable y tenerla bajo su control, de modo que ciertos trazos indeseables
marcianos de su naturaleza sean mantenidos refrenados, mientras que otros que
sean estimables se conserven.
El amor de Venus, que es deseo de darlo todo por aquéllos a quienes
amamos, no puede permanecer paralelamente en el corazón con el rayo de Marte,
el cual lo desea todo para sí. Por lo tanto, el salvaje debe aprender a conquistarse
a sí mismo en cierta medida si es que quiere convertirse y formar parte de la
familia civilizada de la humanidad de los modernos tiempos. Bajo los rayos
pasionales sin restricción de Marte y de la Luna, los padres lanzan a los niños al
mundo y los dejan al cuidado de sí mismos al igual que hacen los animales,
porque éstos son producto de la pasión animal. Las mujeres son compradas o
vendidas como un caballo o una vaca, y alguna vez tomadas por la fuerza y
raptadas. Sin ir más lejos aun de la Edad Media, el caballero a menudo se llevaba
la novia por la fuerza de las armas, prácticamente del mismo modo que el macho
animal lucha por la posesión de una hembra en la época del celo.
De este modo se verá que el primer paso a la civilización requiere que un
hombre domine o conquiste uno o más planetas, por lo menos en cierto grado. Las
pasiones brutales tales como las generadas por los rayos primitivos de Marte no
se pueden permitir más bajo el régimen de la civilización moderna, ni tampoco el
dicho de que la “fuerza es un derecho” puede ser por más tiempo, salvo en la
guerra, cuando volvemos al barbarismo.
La cualidad de Marte de la fortaleza física que en un tiempo fue una virtud
para atacar a los hombres y robarles sus propiedades no es admirable ya en el
individuo y al que así hace se les castiga por medios diferentes con arreglo a la
ley, aunque todavía sea efectiva por lo menos en lo que concierne a las naciones,
las cuales van a la guerra bajo este impulso primitivo con propósitos de
engrandecimiento territorial. Sin embargo, como ya hemos dicho. Marte ha sido
conquistado hasta un grado muy elevado tanto en la vida social como en la civil,
de modo que Venus pueda tomar el lugar de la pasión de Marte.
Como hemos indicado anteriormente, los niños de los hombres primitivos
eran abandonados a sus propios recursos, en cuanto se les había enseñado a
defenderse en la guerra física. Con el advenimiento de Mercurio aparece otro
método. La batalla del día actual no se lucha ya con medios físicos solamente. El
cerebro es preferible al músculo para determinar la victoria. Por lo tanto, el período
de la educación va siendo más largo a medida que la humanidad avanza y se
esfuerza principalmente en los descubrimientos de la mente, debido a los rayos de
Marte que acompañan al desarrollo de Venus de la civilización moderna. Así,
pues, el hombre ve la naturaleza desde un aspecto mucho más alegre una vez
que ha aprendido a responder a la influencia del Sol, de Venus, Mercurio, Marte, la
Luna y Saturno, aunque sólo sea en una medida muy ligera. Pero aunque estos
diversos estados de la evolución han llevado gradualmente al hombre bajo el
dominio de diferentes rayos planetarios, el desarrollo ha sido sólo unilateral,
porque se ha esforzado en alcanzar únicamente cosas sobre las cuales tiene
derecho de propiedad: su negocio, su casa, su familia. su ganado, su granja, etc.,
todo eso es de importancia vital y debe tener mucho cuidado de ello. Sus
propiedades deben aumentarse si es posible, no importa lo que ocurra con las
casas y propiedades de los demás, pues esto a él no le interesa. Pero antes de
que alcance un estado más elevado en la evolución, es necesario que este deseo
de apropiarse de la tierra y retenerla para sí, si le es posible debe dar lugar al
altruista deseo de beneficiar al prójimo. En otras palabras, el egoísmo debe ceder
el paso al altruismo y al igual que Saturno mediante la aplicación del latigazo de la
necesidad sobre él en sus días primitivos le ha traído al presente estado de
civilización, así también Júpiter, el planeta del altruismo, está destinado a elevar al
hombre de este estado actual de hombre al de superhombre, en el que estará bajo
el dominio de los rayos de Urano respecto de su naturaleza emocional: en el que
la pasión generada por Marte estará reemplazada por la compasión, y donde la
conciencia infantil de su origen lunar será reemplazada por la conciencia cósmica
de los rayos de Neptuno. Por lo tanto, el advenimiento en nuestra vida de los
rayos de Júpiter marca un avance manifiesto en el desarrollo humano.
Como hemos dicho en el “Concepto Rosacruz del Cosmos” el hombre
está destinado a pasar desde este período terrestre al período de Júpiter y, por lo
tanto, los rayos de Júpiter denotan aquel elevado estado del altruismo que
entonces será un factor prominente en nuestras relaciones de los unos para con
los otros, y debe comprenderse terminantemente el que antes de que nosotros
podamos responder a los rayos de Júpiter, debemos cultivar en cierta medida el
altruismo y vencer el egoísmo que nos viene por medio del poder razonador de
Mercurio.
Hemos aprendido a dominar algunas de las fases de Marte y de la Luna, así
como podemos hacerlo con algunas de las fases inferiores de Mercurio y de
Venus, y cuanto más vayamos dominando todas estas fases mejor
responderemos nosotros a las fuerzas vibratorias más elevadas que emanan de
este planeta; y ciertamente, si nosotros nos esforzamos activamente, algún día
conseguiremos y llegaremos a ser capaces de superar hasta el estado más
elevado del amor de Venus, que siempre se adhiere a un objeto poseído por
nosotros.
Nosotros amamos a nuestros hijos debido a que son nuestros; amamos a
nuestras esposas o esposos por la razón de que nos pertenecen; nosotros
estamos orgullosos, con un orgullo de Venus, de sus características morales, u
orgullosos por el lado Mercurio, por sus méritos y progresos. Pero Cristo sentó un
modelo mucho más elevado: “A menos que un hombre deje a su padre y a su
madre, no puede ser mi discípulo”. La idea de que nosotros debemos olvidar a
nuestros padres y madres o que debemos odiarlos con objeto de seguir a Cristo,
estaba muy lejos de la mente de Él, como es natural; pero el padre y la madre son
sólo cuerpos; el alma que mora en el cuerpo de nuestros padres o de nuestras
madres es lo que debemos amar, no simplemente el manto físico. Nuestro amor
debe ser lo mismo tanto para una persona joven como vieja, fea o bella. Debemos
buscar la belleza del alma, por la relación universal de todas las almas, sin
importarnos mucho las relaciones de los cuerpos. “¿Quién es mi madre y mis
hermanos?”, dijo Cristo, y señaló hacia sus discípulos, aquéllos que estaban con
Él en Su gran trabajo de corazón. Estos discípulos estaban más estrechamente
unidos a Él de lo que pudiera estarlo cualquier humano debido a sus meras
relaciones físicas. Esta actitud constituye un paso hacia adelante con respecto al
amor de Venus que únicamente tiene en cuenta el manto físico de los seres
queridos y no tiene en consideración alguna el alma que está en el interior. El rayo
de Júpiter, por otra parte, siente interés solamente por el alma, sin importársele el
cuerpo que aquella alma lleva.
Mercurio, o la fase razonadora de la mente, también se cambia por la
influencia de Júpiter, El frío cálculo no tiene ninguna importancia, y uno que siente
los rayos expansivos de Júpiter es de gran corazón, primero, después y siempre
en todos los sentidos; de un gran corazón en lo que atañe a sus emociones, a su
amor; de gran corazón en lo que atañe a todas las cosas del mundo. “Un sujeto
jovial”, es una expresión muy adecuada para determinarle. Es bien recibido y
amado por cualquiera, que le conoce debido a que no irradia el egoísmo común,
sino que siente el deseo de beneficiar a otros; que infunde en nosotros un
sentimiento de confianza, diametralmente opuesto al sentimiento cíe desconfianza
que sentimos instintivamente, cuando nos ponemos en contacto con un hombre de
Saturno o de Mercurio.
Es un asunto de experiencia real de los astrólogos que están dotados de
vista espiritual, que los rayos planetarios de todos los hombres producen ciertos
colores en sus auras, en adición al color básico que es la estampa de la influencia
cíe la raza a la cual pertenecen. El hombre de ojos tiernos y enfermizos de una
mezcla de Saturno y Mercurio, debe ser compadecido más bien que censurado
por la avaricia y melancolía que es la actitud constante de su mente; ve todas las
cosas del mundo a través del espejo áurico que ha creado él mismo alrededor de
sí; él nota que el mundo es frío, brutal y egoísta, que, por lo tanto, es necesario
para él el ser más artero, frío y egoísta con objeto de protegerse a sí mismo.
Por otra parte, cuando vemos los divinos rayos azulados de Júpiter teñidos
a veces con el oro fino de Urano, comprendemos cuán diferentemente este
exaltado individuo debe ver el mundo y cuán diferente debe ser el sentido que éste
tiene del mundo comparado con el de aquél, debido a su manera sórdida de ver
las cosas. Aun las personas que son del más ínfimo tinte jupiteriano están en un
mundo lleno de luz del Sol, de flores en brote; todo en la naturaleza es gayo y
alegre. Y mirando al mundo a través de una atmósfera semejante, atraen hacia si
de otras fuentes una respuesta semejante, al igual que el diapasón que hemos
mencionado genera una vibración igual en otro diapasón del mismo tono. Después
de lo que hemos dicho no será difícil el comprender que las características de
Urano con las cuales el amor se convierte en compasión, da una sabiduría que no
depende del razonamiento; un amor que no está fijo en un objeto solo, sino que
incluye todo lo que vive y se mueve y es semejante a las características que
deben ser desarrolladas por la humanidad durante el período de Venus en el que
un amor perfecto expulsará todo el miedo; cuando el hombre haya conquistado
todas las fases inferiores de su naturaleza y el amor llegue a ser tan puro como
universal.
Cuando estas vibraciones de Urano son sentidas por un avance en la vida
superior por medio de la aspiración, hay un gran peligro de que se desdeñen las
leyes y los convencionalismos antes de que estemos realmente preparados para
gobernarnos a nosotros mismos por la ley del amor divino, de que podamos
desdeñar las leyes que rigen al mundo en que nos movemos, de que podamos dar
al César lo que es del César, ya sea obediencia o dinero, de que no seamos lo
suficientemente cuidadosos para anular la apariencia del mal, de que podamos
pensar que nosotros estamos tan avanzados sobre el estado ordinario de la
humanidad que podamos vivir como superhombres, de que la pasión de Marte
haya sido cambiada en nuestro caso por la compasión de Urano, la cual no
conoce sexo.
Bajo tales equivocaciones mucha gente, al esforzarse por recorrer el
sendero, desdeñan las leyes del matrimonio y aceptan relaciones tales como las
indicadas por las de las almas gemelas y afinidades por el estilo. Tales gentes
sienten los rayos de Urano, pero no pueden responder perfectamente a su sublime
pureza; por lo tanto, sienten una falsificación de la sensación de Venus que
generalmente termina en el adulterio o en una perversión del sexo, así que en
lugar de que la natural pasión animal de Marte haya sido transmutada en la
compasión de Urano, en realidad ha degenerado en algo que es mucho peor que
la expresión más completa del sexo de los rayos marcianos cuando están
manifestados en una franca y debida manera. Éste es un peligro del que nosotros
debemos guardarnos estrictamente y es necesario para todos aquéllos que
desean vivir una vida superior no aspirar a los rayos de Urano hasta que
primeramente hayan absorbido completamente las vibraciones altruistas de
Júpiter, porque hay mucha más miseria traída al mundo por aquéllos que han
aspirado demasiado alto y caído muy bajo, que por aquéllos que no han aspirado
suficientemente. “El orgullo está expuesto a caer”, dice un antiguo proverbio, y
muy exacto, el cual puede indicarse a todos y a cada uno para que lo apliquen a
su propio caso. Cristo tomó parte en las bodas de Canaán. El matrimonio es una
institución cristiana y debe existir hasta que sea abolido y en el reino venidero, en
el que el cuerpo no se gastará y, por lo tanto, no habrá necesidad del matrimonio
para generar otros nuevos.
Por otra parte, debe ser considerado que el sacerdote que efectúa el enlace
no puede realmente unir a las gentes; por lo tanto, la presencia de la armonía
básica para el matrimonio de verdad debe ser determinada antes de la ceremonia
del enlace.
Como hemos dicho anteriormente, Marte, Venus y Urano marcan tres
estados en el desarrollo emocional del hombre. Durante el estado en el que sólo
se dejaba influir por Marte, la pasión animal reinó suprema y el hombre buscó la
gratificación y la satisfacción sin restricción alguna de todos sus deseos inferiores
en las relaciones con sus prójimos, pero especialmente con el sexo opuesto;
durante el estado en el que se hizo sensible a los rayos de Venus, el amor suavizó
la brutalidad de sus deseos y la pasión animal quedó mantenida en jaque en algún
grado; todavía se halla bajo las fases superiores de este planeta y está dispuesto
a sacrificarse a sí mismo y a sus deseos por el beneficio y por las comodidades de
sus seres queridos. Cuando se ha desarrollado hasta el punto en que puede sentir
los rayos de Urano, la pasión de Marte gradualmente se torna en compasión;
entonces el amor de Venus, que únicamente se refiere a una persona
determinada, pasa a incluir todo, así que abarca a toda la humanidad sin tener en
cuenta el sexo ni ninguna distinción, porque es el amor divino del alma por el
alma, el cual está sobre todas las consideraciones materiales de cualquier
naturaleza que sean.
La mentalidad también se ha desarrollado durante tres estados en armonía
con la sensibilidad de la persona hacia las vibraciones de la Luna, Mercurio y
Neptuno. Mientras que el hombre solamente es sensitivo a la influencia lunar está
en una situación semejante a la del niño y es guiado fácilmente por las fuerzas
superiores, las cuales han ido guiándole a través de los diferentes estados
mencionados en el capítulo anterior. Bajo los rayos estelares de Mercurio
gradualmente desarrolló sus poderes intelectuales y se convirtió en un ser
razonador. Como tal está colocado bajo la ley de causa y efecto que le hace
responsable de sus propias acciones, para que puede cosechar lo que él baya
sembrado y aprender mediante esto las lecciones que la vida humana debe
enseñarle bajo el régimen actual. Como no tiene experiencia comete muchas
equivocaciones en cualquier dirección indicada por las aflicciones de Mercurio en
su horóscopo y consecuentemente sufre un castigo y penalidad correspondiente
de tristezas y malestar. Si él no tiene la mentalidad para razonar la relación que
existe entre sus equivocaciones y las experiencias que se derivan de ellas durante
el tiempo de su vida, el panorama de la vida que se desarrolla en el estado postmortem
hace esto claro y deja con ello una esencia de “sentimiento recto”, el cual
conocemos como “conciencia”.
Esta conciencia le preserva de sus pasados errores cuando el sentimiento
ganado ha sido suficientemente fuerte para contrabalancear la tendencia a
satisfacer las tentaciones particulares que le causan el sufrimiento. De este modo
se desarrolla gradualmente una conciencia espiritual, la cual está sobre y mucho
más allá de la razón humana; pero, sin embargo, está también en conexión con la
razón de forma tal que cuando el resultado ha sido alcanzado, el hombre que tiene
esta conciencia cósmica conoce la razón del por qué semejante cosa debe ser así
y por qué debemos obrar en determinado sentido. Esta conciencia cósmica se
desarrolla bajo el rayo de Neptuno y difiere del sentimiento recto de la intuición
desarrollada bajo el rayo de Urano en el punto importante de que mientras la
persona que ha desarrollado la cualidad de Urano de la intuición alcanza la virtud
instantáneamente sin necesidad de pensar sobre el asunto y razonarlo, es incapaz
de conectar los diferentes estados de ordenación lógica por la cual ha alcanzado
el resultado final. El hombre o mujer que ha desarrollado la facultad de Neptuno,
también adquiere la contestación a sus interrogantes inmediatamente, pero es a la
vez capaz de decir la razón del por qué esta contestación es la debida y
verdadera.
La facultad de la intuición alcanzada mediante la pasión inferior de Marte a
través del estado de amor de Venus y el rayo de compasión de Urano, depende
de la capacidad de la persona dada para sentirlo muy intensamente. Por el amor
y la devoción el corazón se afina con todos los demás corazones del universo, y
de este modo conoce y siente todo lo que puede ser conocido y sentido por otro
corazón humano en el universo compartiendo así la divina omnisciencia que une a
nuestro Padre en el Cielo con Sus hijos, y mediante el toque, directo de corazón a
corazón con tal omnisciencia, la persona obtiene la contestación de cualquier
problema que se le pueda presentar.
Los hombres más nobles de todos los tiempos, los santos cristianos de la
espiritualidad más trascendental, han alcanzado este maravilloso desarrollo
mediante los rayos espirituales de este planeta debido a su intenso sentimiento de
la unidad con lo divino y con todo lo que vive y respira en el universo.
Pero hay otros que no están constituidos de este modo y esos no está
capacitados para pisar el sendero. Éstos, por medio de la Luna, Mercurio y
Neptuno, han desarrollado su intelecto y han alcanzado los mismos resultados
más el poder de idealización de Neptuno.
Éste es un punto muy importante y solamente se contiene en las
Enseñanzas de la Sabiduría del Occidente, porque a la vez que anteriormente se
enseñaba que el espíritu se envuelve a sí mismo en la materia y, por tanto, se
cristaliza en la forma que entonces desarrolla, la enseñanza de la Sabiduría del
Occidente nos dice que hay la adición de un tercer factor en el desarrollo y
experiencia universal, es decir: epigénesis; la facultad por la cual el espíritu
puede elegir un camino que es completamente nuevo e independiente del que ha
seguido hasta entonces. Nosotros vemos la expresión de todo esto, en todos los
planos relativos a la forma, pero en el reino humano la epigénesis se expresa
como Genio, un instinto creador que hace al hombre mucho más semejante a la
divinidad que cualquiera otra de sus creaciones. Esto es desarrollado bajo el rayo
de Neptuno cuando tal planeta se halla bien colocado en el horóscopo. Hay, por
supuesto, también algo así como un genio maligno, una facultad destructora,
manifestada bajo un Neptuno afligido.
Solamente las personas más sensitivas en el mundo sienten los rayos de
Urano y Neptuno actualmente. Para sentir estas vibraciones, las conexiones entre
el cuerpo físico y el cuerpo vital, el cual está hecho de éter, deben estar bien un
poco sueltas, porque cuando estos dos vehículos están firmemente unidos la
persona es siempre de un aspecto materialista y no puede responder a las
vibraciones más elevadas y sutiles del mando espiritual. Pero cuando los rayos
que nos vienen de este planeta se manifiestan sobre una persona cuyo cuerpo
vital está ligeramente conectado con el físico, tenemos lo que conocemos como
una persona sensitiva. La dirección y la cualidad de esta facultad dependen de la
colocación y el aspecto de los dos planetas mencionados. No obstante, aquéllos
que están especialmente bajo el dominio del rayo de Urano en posición adversa,
usualmente desarrollan las fases más indeseables de la clarividencia y de la
mediumnidad. Estas personas se convierten en una presa fácil de entidades del
mundo invisible que no tienen ninguna consideración por los deseos de sus
víctimas, aunque éstas protesten de débil manera. Tales médiums son
generalmente usados en las comunicaciones simples de trance, y en unos pocos
casos conocidos del autor han podido gozar de vidas bellas y felices debido a su
creencia implícita en los espíritus que los dominaban. En estos casos los espíritus
de control fueron de mejor clase que los que generalmente se encuentran. Pero
como esta facultad de Urano está manifestada por medio de Marte y Venus, la
pasión es preeminente en tales naturalezas y bajo la influencia de los espíritus
obsesores muchas de estas personas han sido conducidas a la inmoralidad más
grosera. El vampirismo y prácticas igualmente repugnantes son engendradas por
el uso perverso de los rayos de Urano en los médiums.
Podemos decir que Neptuno representa el mundo invisible en los aspectos
más positivos, y que aquéllos que caen bajo los rayos adversos de este planeta
son, por lo tanto, puestos en contacto con los habitantes más indeseables del
mundo invisible. La obsesión real por la cual el poseedor de un cuerpo está
privado de su vehículo, toma lugar bajo los rayos de Neptuno y no hay sesión
materializante que pudiera hacerse si no fuera por estas vibraciones estelares. La
magia, ya sea blanca o negra, no puede ponerse en práctica si no es por
mediación y debido a las vibraciones de Neptuno. Aparte de que estos rayos
permanecerían en teoría, en especulación y en el contenido ilustrativo de los
libros. Por lo tanto, los iniciados de todas las Escuelas de Misterios, videntes
espirituales que tienen control completo de sus facultades y los astrólogos son
sensitivos en diversos grados a los rayos de Neptuno. El mago negro y el
hipnotista, el cual es un gemelo de aquél, están también en dependencia del poder
de estos rayos estelares para el uso de sus prácticas nefastas.
El desarrollo humano mas elevado en estos tiempos, es decir, el desarrollo
del alma que, se alcanza en los templos de Misterios mediante la iniciación, es el
resultado directo de los rayos de Neptuno, porque al igual que las configuraciones
adversas hacen al hombre una presa fácil de las entidades invisibles, así también
las buenas configuraciones de Neptuno son requeridas especialmente para
capacitar a los hombres para desarrollar por medio de la iniciación los poderes
completos de sus almas y convertirles en agentes conscientes en el mundo
invisible. Recordemos, no obstante, que las configuraciones buenas o malas no
son el resultado de la casualidad o de la suerte, sino que son los productos de
nuestros propios actos pasados, razón por la cual el horóscopo indica lo que
nosotros hemos adquirido por nuestra manera de vivir en el pasado y, por lo tanto
a lo que estamos obligados en la vida presente.
Además, debe tenerse en cuenta que las estrellas inclinan, pero no
obligan; y por el mero hecho de que un hombre o mujer tenga una configuración
adversa de Neptuno o Urano, no es que irremisiblemente deba convertirse en un
agente activo de la mediumnidad y de la magia negra y, por lo tanto, conquistarse
una vida más dolorosa y más dura para el futuro. Su oportunidad para obrar así y
la tentación hacia ello se presentará en momentos oportunos, cuando los
marcadores celestiales del tiempo apunten a la hora exacta en el reloj del destino.
Entonces es el momento de estar firmes para el bien y para la justicia, y estando
prevenidos mediante el conocimiento de la Astrología, estamos armados
previamente también, y nos será más fácil dominar cuando culmine un aspecto
adverso de éstos.
Así, pues, hemos visto que el hombre es sensitivo a los rayos planetarios
en un grado creciente a medida que avanza en la evolución, pero a medida que
nos desarrollamos espiritualmente menos permitiremos que los planetas nos
dominen; mientras que las almas más jóvenes son conducidas irresistiblemente
por las mareas de la vida en cualquier dirección en que las vibraciones planetarias
las impelan. Es una marca del alma evolucionada la de que permanezca
inalterable ante las vibraciones planetarias. Entre estos dos extremos hay
naturalmente todas las gradaciones: algunos son responsables a los rayos de un
planeta y otros a los de otro. La barca de la vida del hombre y de la mujer a
menudo es llevada de acá para allá sobre las rocas del dolor y del sufrimiento,
para que puedan aprender a desarrollar dentro de sí mismos la fuerza de voluntad
que finalmente les libertará de la dominación de sus planetas regentes. Y como
Goethe, el gran místico, dijo:
“De todas las fuerzas que mantienen al mundo en cadenas, el hombre se
liberta a sí mismo cuando gana su propio control”.
Pero puede ocurrir á alguno preguntar, ¿hemos pasado por toda la gama de
vibraciones, cuando hemos aprendido a responder a los siete planetas, los cuales
están místicamente representados como las siete cuerdas de la lira de Apolo? En
otras palabras, ¿es Neptuno la vibración más elevada a la cual todos podremos
responder? Las enseñanzas de la Sabiduría del Occidente nos dicen que hay dos
planetas más en el Universo, los cuales serán conocidos en edades venideras y
que éstos tendrán una influencia en el desarrollo de cualidades de naturaleza tan
trascendental que no podemos ahora ni comprender.
El número de Adán, el hombre o la humanidad, es 9 y hay 9 escalones en la
escalera estelar por la cual el hombre asciende hasta Dios. Hasta el tiempo actual
el hombre ha subido solamente cinco de estos escalones. Mercurio, Venus, Marte,
Júpiter y Saturno y ni aun las vibraciones de éstos ha podido aprender
completamente. Urano y Neptuno están lentamente entrando en nuestras vidas y
no serán activos, sin embargo, en la misma manera y el mismo grado que, por
ejemplo, la Luna y Marte son al presente tiempo, hasta que hayan pasado
muchísimos siglos. Pero cuando nosotros hayamos aprendido a responder a ellos,
hay dos más de los cuales conoceremos algo después. Es la opinión de los
autores del presente libro de que no son probablemente sentidos por ninguno,
excepto de aquéllos que se han graduado en la Gran Escuela de Misterios y por
los Hierofantes de tan sublime institución.
Para terminar este artículo sobre la sensibilidad del hombre a las
vibraciones planetarias podemos copiar de nuestra obra “Los Misterios
Rosacruces”, el artículo que versa sobre “Luz, color y conciencia”.
“Ciertamente, Dios es Uno e Indivisible. Él envuelve dentro de su ser todo
lo que es, al igual que la luz blanca envuelve todos los colores. Pero se nos
aparece en su manifestación en forma de Trinidad, así como la luz blanca se
refracta en los tres colores primarios: azul, amarillo y rojo. Dondequiera que
nosotros veamos estos colores representan emblemáticamente al Padre, al Hijo y
al Espíritu Santo. Estos tres rayos primarios de la vida divina se difunden e irradian
por medio del Sol y producen: vida, conciencia y forma sobre cada uno de los
siete portadores de luz, los planetas, que son llamados los “Siete Espíritus ante el
Trono”. Sus nombres son Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Urano.
La ley de Bode nos prueba que Neptuno no pertenece a nuestro sistema solar y el
lector queda remitido a la “Astrología Científica Simplificada”, obra escrita por
uno de los autores del presente trabajo, para la demostración matemática de este
aserto.
“Cada uno de los siete planetas recibe la luz del Sol en diferente medida
con arreglo a su proximidad a la órbita central y a la constitución de su atmósfera,
y los seres de ellos, en armonía con el estado de su desarrollo, tienen afinidad por
uno u otro de los rayos solares. Los planetas absorben el color o colores en
congruencia con ellos y reflejados llevan con ellos un impulso de la naturaleza del
ser con los cuales han estado en contacto.
“Así, pues, la vida y luz divinas llenan a todos los planetas bien
directamente desde el Sol o reflejados por sus seis planetas hermanos, y como la
brisa del verano que revolotea sobre los campos en flor lleva en sus silenciosas y
a la vez invisibles alas la fragancia mezclada de una multitud de flores, así
también las influencias sutiles del “Jardín de Dios” nos traen a nosotros los
impulsos mezclados de todos los Espíritus Planetarios y en tal multicolor luz
nosotros vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
“Los rayos que nos vienen directamente desde el Sol producen una
iluminación espiritual: los rayos reflejados de otros planetas nos dan una adición
de conciencia y de desarrollo moral y los rayos reflejados de la Luna nos dan
crecimiento físico.
“Pero como quiera que cada planeta puede absorber solamente una
determinada cantidad de uno o más colores en armonía con el estado general de
la evolución en el, así también cada ser sobre la Tierra ya mineral, vegetal, animal
o humano puede absorber únicamente y asimilarse cierta cantidad de los
diferentes rayos proyectados sobre la Tierra. El resto no le afecta ni le produce
sensación, así como tampoco el ciego está consciente de la luz y del color que
existen por todas partes alrededor de él. Por lo tanto, cada ser está diferentemente
afectado por los rayos solares, y la ciencia de la Astrología. una ciencia
fundamental de la Naturaleza, es de un beneficio enorme para el logro del
crecimiento espiritual”.

***

del libro "El Mensaje de las Estrellas" de Augusta Foss de Heindel y Max Heindel

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