humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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martes, 9 de septiembre de 2014

¿ES POSIBLE LA CURACIÓN ESPIRITUAL?



Capítulo XII
¿ES POSIBLE LA CURACIÓN ESPIRITUAL?

La curación espiritual es tan antigua como la enfermedad. Se ha escrito mucho sobre ella a través de todas las épocas. Siempre ha habido unas pocas personas en el mundo que han sido capaces de curar a otros mediante el poder espiritual. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos muchos ejemplos en los que se ha curado al enfermo por estos medios.
Sabemos que Cristo Jesús y Sus Discípulos eran capaces de realizar curaciones maravillosas. Muchos Santos eran capaces de curar por medios espirituales, y mucho se ha escrito sobre las curaciones milagrosas que se llevaron a cabo como respuesta a las oraciones
de estos Santos. Muchos de estos relatos son ciertos.
Los que oraron lo hicieron con el corazón y sus plegarias sinceras fueron oídas por Dios o por algunos de Sus Auxiliares, y se les envió ayuda. Naturalmente, merecían esta ayuda, porque si no hubiese sido así no se les hubiera enviado.
Muchas buenas personas han consagrado sus vidas a la labor de sanar a la humanidad y han alcanzado el punto en el que pueden realizar curaciones espirituales. Sí, la curación espiritual es posible, y a la gente se la cura cada día mediante este método. Naturalmente, surge esta pregunta: ¿De qué forma se diferencia la sanación espiritual de otros métodos de curación?
Los métodos usuales de curación, tal como se realizan hoy día, consisten en drogas, cirugía, manipulación de músculos, articulaciones, nervios, etc., radioterapia y otros.
Debemos también incluir las curas naturales de varias clases, que consisten en baños de sol, dietas, curas de descanso, etc. Como sabemos, estos diferentes métodos nos son necesarios a
veces. Los métodos naturales, más sencillos, son los preferidos, pero en algunos casos es necesaria la cirugía.
La curación espiritual pertenece a un plano diferente. Este método de sanación trabaja, primero, a través del cuerpo vital y, luego, produce sus efectos sobre el cuerpo denso. Los Auxiliares Invisibles trabajan sobre el éter del cuerpo vital y arrancan partes enfermas aquí y allí, dónde es necesario. Cuando el cuerpo vital ha visto restaurada su salud, el cuerpo físico comienza a sanar.
El trabajo de curación se lleva a cabo por los Hermanos Mayores de las diferentes Escuelas de Misterios, a través de muchos grupos de Auxiliares Invisibles, a los que están instruyendo. Este útil trabajo se efectúa de acuerdo con el mandato de Cristo Jesús, a saber,
Predicad el Evangelio y curad al enfermo. Estos Hermanos Mayores son Seres altamente espirituales, a través de los que está trabajando el Espíritu de Cristo para beneficio de la humanidad. Han progresado con rapidez y han aprendido todas las lecciones que este planeta Tierra tiene que enseñar, y han elegido permanecer aquí como maestros y auxiliares de la humanidad. Ellos desean enormemente ayudar a todos los aspirantes espirituales a encontrar
el camino que los conduzca a la liberación.
Los Auxiliares Invisibles que pertenecen a la oleada de vida humana, son personas que viven vidas meritorias de utilidad durante el día, cuando están en su cuerpos físicos, y que, por su desarrollo a lo largo de líneas evolutivas, han ganado el privilegio de servir a otros bajo la dirección de los Hermanos Mayores, mientras están funcionando en su cuerpo de deseos y su cuerpo alma, cuando están fuera de sus cuerpo físicos.
Estos Auxiliares Invisibles son enviados en grupos constituíos, generalmente, por doce Auxiliares y un jefe, aunque grupos más pequeños también toman parte en esta labor.
Algunas veces, una persona se ocupa de ayudar a otros bajo la dirección de otra, con autoridad, que sabe exactamente lo que se debe hacer.

***
Les daré algunos ejemplos en los que Auxiliares Invisibles curaron y ayudaron a la gente mediante métodos espirituales. Esto les dará una mejor idea de lo que se viene haciendo, en la actualidad, en todo el mundo.
Hace unos pocos años, se dijo a unos Auxiliares que fuesen a ayudar a un hombre que estaba pidiendo ayuda. Encontraron que el hombre había sufrido la extirpación de una de sus vértebras. Tenía un corsé de acero y estaba sufriendo tanto que quería morir ya que había abandonado toda esperanza de curación. Tenía tuberculosis ósea y la lesión no sanaba. Su espalda se había encorvado y los médicos habían perdido las esperanzas con él. Cuando el
Auxiliar se materializó, se le acercó y le preguntó cómo estaba; el hombre alzó la mirada; su rostro expresaba mucha tristeza.
­ No hay esperanza para mí ­ dijo lentamente.
­ Hemos venido a ayudarle ­ dijo la Auxiliar.
Se acercó al hombre y deslizó su mano arriba y abajo de la columna. Localizó el lugar correspondiente a la vértebra extirpada y notó que la columna se había desviado.
El Auxiliar le quitó el corsé de acero y le dio masajes en la espalda, el tórax y el abdomen. Las articulaciones de la columna comenzaron a dar pequeños estallidos y fueron recuperando su forma normal. Los Auxiliares dijeron al hombre que se pusiera de pie y éste lo hizo. Estaba curado de su terrible afección.
No había en la habitación nadie más que la esposa del hombre y los Auxiliares. La mujer lloraba de alegría y daba gracias a Dios por la ayuda recibida. Abrazaba y besaba a la Auxiliar y agradecía a ambos Auxiliares una y otra vez la ayuda que les habían prestado.
­ Haré cualquier cosa que usted quiera para pagarle ­ dijo el hombre.
Uno de los Auxiliares le dijo que se hiciese un sirviente de la humanidad y ayudase a todo el mundo sin tener en cuenta el color, la religión o la raza. El hombre dijo que así lo haría y los Auxiliares los dejaron y se fueron a ayudar a otros.

***
Otra noche, unos Auxiliares estaban sobre la costa oeste de Sur América y fueron a la casa de un hombre que había estado enfermo todo el invierno. Su familia era pobre y tenían muy poco que comer. Los Auxiliares le dijeron que ellos no tenían dinero pero que harían lo que pudieran para ayudarlo. Su reumatismo le había amargado el carácter.
­ ¿Podéis hacer algo por mí y por mi familia? ­ dijo el hombre.
­ ¿Cree usted en Dios? ­ preguntó uno de los Auxiliares.
­ Sí, más que la mayoría de la gente, pero tengo mi propia creencia de que hay ciertos Seres que cuidan de las personas, y que Dios tiene otras cosas que hacer ­ dijo.
Los Auxiliares les explicaron sus enseñanzas. Mientras la Auxiliar estaba hablando, su compañero consiguió algo de leña para hacer un fuego y calentó un poco de agua. Luego dio masajes al hombre con el agua caliente. Después que acabó, preguntó al hombre por qué no se levantaba.
­ ¡Pero hombre! No he salido de la cama desde hace tres meses ­ dijo en tono muy sorprendido ­ Estoy demasiado débil para levantarme.
­ Dése la vuelta ­ dijo el Auxiliar con voz amable.
­ No puedo hacerlo ­ dijo el hombre.
El Auxiliar entonces pidió al hombre que le diese un vaso de agua que estaba en una mesa, a su lado. El hombre se incorporó, tomó el vaso y se lo dio al Auxiliar. Entonces de quedó sorprendido.
­ ¿Por qué no siento dolor? ­ dijo ­ ¿Qué me ha ocurrido?
­ Lo que tenemos, lo damos libremente ­ dijo el Auxiliar ­ Levántese.
El hombre se levantó y ya se encontraba bien. Se puso la ropa y comenzó a hacer preguntas a los desconocidos, que le habían ayudado tanto.
­ ¿Son ustedes las personas que han estado curando a varias personas en la costa este? ­ preguntó ­ He tenido noticias de eso, pero yo no me creo esas historias, porque no creo que seres humanos puedan curarme tan rápidamente. He oído toda clase de historias
extrañas sobre personas que trabajan durante la noche curando a los demás, pero no les presté atención. ¿Puedo comprobar que sois reales y así poder decir que os he tocado?
Les tocaba las manos, los brazos, la cabeza y los hombros.
­ ¿Cómo puedo convertirme en un Auxiliar como vosotros y hacer lo que hacéis para ayudar a otros? ­ preguntó.
Uno de los Auxiliares se lo explicó y el dijo que le gustaría irse de aquel frío país. Les dijo que mientras había estado enfermo, su mujer se había estado levantando temprano porque tenía que caminar dos kilómetros para ir a trabajar, aunque no ganaba mucho dinero.
Después que este hombre descubrió que estaba curado, se transformó por completo.
Toda su personalidad pareció cambiar. Los Auxiliares le dijeron que amase a su familia y que fuera bondadoso con ellos y con todo el mundo. El hombre quería saber quiénes eran realmente los Auxiliares y si de verdad eran humanos. Los Auxiliares le dijeron que sí eran humanos y que sus cuerpos estaban a una gran distancia durmiendo en la cama. El hombre no pareció creer eso porque no podía entender tantas cosas al mismo tiempo. Los Auxiliares le
dijeron adiós y lo dejaron.

***
Unos Auxiliares estaban en Europa y se acercaron a un perro que estaba tumbado al lado de un hombre que se había caído, fracturándose una pierna. El hombre y su perro estaban a muchos kilómetros de su casa. Los Auxiliares sabían que se debía llevar al hombre cuanto antes a su casa, porque tenía las manos y los pies congelados. La Auxiliar agarró al perro de San Bernardo y el Auxiliar al hombre y los llevaron a su casa. Anularon la gravedad
y los llevaron a través del aire.
Cuando llegaron a la casa, su mujer y el resto de la familia se pusieron muy nerviosos.
Eran gente pobre y vivían de lo que el hombre podía llevarles, lo cual era muy poco, y los Auxiliares pronto se dieron cuenta de que se necesitaba mucha ayuda en aquella casa.
Pidieron permiso para curar al hombre y al perro, que había estado expuesto al frío durante dos días junto con su amo.
Los Auxiliares ataron al hombre con un pedazo de tela por debajo de los brazos a la cabecera de la cama. Luego, pusieron la pierna sobre una tabla de planchar. Un Auxiliar manipuló la pierna fracturada y redujo la fractura. Los Auxiliares podían ver la fractura con la visión espiritual que tienen, cuando están fuera de sus cuerpos por la noche ayudando a otros.
Mientras ocurría esto, la Auxiliar dirigió la fuerza curativa que proviene de Dios hacia el cuerpo del hombre.
Al principio el hombre gritó mucho, porque la pierna le dolía. A poco, cesó de quejarse y un Auxiliar pensó que se había desmayado.
­ Se ha desmayado ­ dijo a su compañero.
­ No, ya no me duele la pierna. Estoy bien ­ dijo el hombre con voz alegre.
Había varios Auxiliares presentes y, cuando el hombre comenzó a gritar de dolor, una Auxiliar huyó atemorizada, porque no estaba aún bien instruida. Otra Auxiliar sujetó las manos del hombre y le habló. Le dijo que perdería la piel de las manos, de los pies y de las
orejas.
­ Estará usted bien en unos pocos días ­ dijo la Auxiliar ­ pero debe tener mucho cuidado durante un tiempo.
La Auxiliar que había estado ayudando a cuidar al hombre hizo una especie de cama para el fiel perro de San Bernardo y le dio masaje cuidadosamente en las patas. El perro gimió y le lamió las manos para mostrar que entendía que lo estaban ayudando. La Auxiliar
dijo a la familia que cuidasen mucho a aquel maravilloso perro.
Después, aquella gente comenzó a hacer preguntas. El hombre quería saber cómo lo trajeron los Auxiliares a su casa. Se había desmayado cuando lo habían levantado del suelo.
Quería saber cómo consiguieron bajar la ladera de la montaña, porque era muy peligroso para cualquiera que no conociese el camino. También les preguntó como consiguieron llevar al
perro a su casa.
­ Mi amigo lo transportó a usted y yo al perro ­ le dijo la Auxiliar. Los Auxiliares respondieron a sus preguntas lo mejor que pudieron, les hablaron de su trabajo y luego los dejaron.

***
Los Auxiliares continuaron y se encontraron con un hombre cuyo caballo había resbalado y caído, arrojándolo a una zanja. No estaba herido pero no podía levantarse. Los Auxiliares lo ayudaron a salir, ayudaron a su caballo y le acompañaron parte de su camino
hacia casa.

***
Una noche, unos Auxiliares se detuvieron en una casa donde una joven estaba muy enferma de neumonía. Sus padres tenían poco dinero y estaban muy preocupados por ella.
Los Auxiliares llamaron a la puerta y los dejaron entrar.
­ Hemos venido a ayudar a su hija ­ dijo uno de los Auxiliares al padre de la chica.
­ Haced lo que podáis por ella ­ dijo el hombre.
Un Auxiliar dijo a la madre que trajese el recipiente de la basura y ella fue y lo trajo.
Después, el Auxiliar desmaterializó sus dedos y los introdujo en el tórax de la enferma, luego los materializó y con ellos dio masaje a los pulmones. Desprendió el moco coagulado en su tórax y lo extrajo a través de las vías respiratorias. Luego le introdujo una cuchara en la garganta y la joven expulsó la flema.
­ Me siento mucho mejor y ya no tengo dolor ­ dijo después de que eliminó el moco.
­ Podrás levantarte en uno o dos días ­ dijo el Auxiliar.
Aquella gente agradeció a los Auxiliares su bondad para con ellos y quisieron saber quiénes eran. Los Auxiliares les explicaron algo de sus enseñanzas y los dejaron.

***
He aquí una historia sobre un niño al que se salvó de ahogarse y se revivió mediante la curación espiritual: Una noche, unos Auxiliares iban por la costa oeste y vieron cómo una mujer empujaba a una niña, en un muelle, hacia las aguas profundas, con la intención de que se ahogase. Los Auxiliares bajaron y buscaron dentro del agua. Al principio no vieron el cuerpo de la niña. Luego, uno de ellos la vio hundiéndose en las profundas y oscuras aguas.
Se introdujo más en el agua, asió los pies de la niña y salió a la superficie con ella. El agua salada salía de los pulmones de la criatura y la Auxiliar le dio la vuelta para facilitar la expulsión y se precipitó hacia el muelle, donde la depositó.
La gente que estaba cerca corrió y se agrupó alrededor preguntándose cómo había sido capaz la Auxiliar de sacar a la niña del agua sin la ayuda de un bote. El otro Auxiliar trabajó sobre la niña y la revivió. Estuvo a punto de morir, pero regresó a su cuerpo y los Auxiliares supieron que se repondría.
A los Auxiliares se les mostró, por medio de la Conciencia Jupiteriana, quiénes eran la niña y la mujer y por qué ésta intentó ahogarla. Los padres de la niña habían muerto. Le habían dejado todo su dinero y propiedades y su tía lo quería todo para sí.
Durante aquella tarde calurosa, la malvada tía llevó a la niña a dar un paseo por el muelle. Cuando alcanzaron el final del mismo, donde le agua era profunda, la mujer se detuvo mientras la niña jugaba cerca de ella. Súbitamente, la mujer empujó a su sobrina al
agua para que se ahogara.
Entonces aparecieron los Auxiliares y uno de ellos bajó a las profundas aguas y la rescató, tras lo que el otro la revivió. La gente que estaba en el muelle vio como el Auxiliar se introducía en el agua y salía con la niña, y se produjo un gran alboroto. Llegó un policía y los Auxiliares le entregaron la niña y le dijeron lo que había ocurrido.
La niña lo contó todo diciendo que había sido su tía la que la había empujado a propósito y que no había sido un accidente. El policía quería que los Auxiliares estuviesen presentes el lunes siguiente para asistir al juzgado, pero ellos dijeron que no podían hacer eso
y continuaron con su trabajo. A la mañana siguiente, ambos Auxiliares recordaban claramente aquel insólito suceso.

***
Una noche, dos Auxiliares sobrevolaban la India y encontraron con un hombre al que dos serpientes acaban de morder. Cuando los Auxiliares lo vieron, les dijo:
­ ¿Qué podéis hacer contra las mordeduras de serpiente? Me han mordido dos y siento un calor terrible.
Los Auxiliares hicieron que se tendiera en el suelo y uno de ellos succionó el veneno de las mordeduras que las serpientes le habían ocasionado en la mano y brazo derechos, mientras el otro aplicaba la fuerza de curación que proviene de Dios. Luego, lo llevaron a su
casa. Sabían que estaría muy enfermo, pero que viviría. Se proporciona mucha ayuda de esta clase a las personas que viven en tierras tropicales, donde las serpientes venenosas son muy
abundantes.

***
Una noche, una joven fue sanada milagrosamente de una enfermedad de la piel:
Cuatro Auxiliares se encontraron a una joven cuya cara estaba llena de manchas y llagas.
Caminaba sola por un bosque. Se sentó sobre un tronco caído y se untó la cara con una pomada. Tenía el rostro en un estado tan terrible que dos de los Auxiliares no quisieron acercarse a ella y la observaron a distancia.
Los otros dos Auxiliares se acercaron y uno de ellos tomó el tarro de pomada y lo observó. Dijo a la chica que podía curarse si prometía ser buena y servicial con todos sin importar quienes fuesen.
­ Todos serán buenos contigo ­ dijo el Auxiliar ­ si intentas ayudar a todo el mundo.
­ Haré lo que pueda para ser útil ­ prometió la joven ­ El único amigo que tengo es un joven criado de mi familia. Mi novio me abandonó debido a mi aspecto. Este otro joven está triste por mí, y me habla y me lee, porque tengo que permanecer en la oscuridad cuando
brilla el sol, debido a que su luz me hiere en los ojos, en los que también tengo llagas.
El Auxiliar tomó entonces un poco de tierra y agua, hizo un poco de barro y lo untó por toda la cara. Al poco, se secó y se desprendió. La cara de la joven estaba limpia, lisa y completamente curada. La Auxiliar tomó el espejo que la chica llevaba consigo y se lo dio.
Cuando se vio la cara, gritó de júbilo.
­ ¿Sois Ángeles de misericordi,a que habéis venido a mí en respuesta a mis oraciones? ­ preguntó.
­ Sí ­ dijo la Auxiliar.
El Auxiliar que le había puesto el barro en la cara le advirtió que mantuviese alejado a su antiguo novio cuando volviese a verla, porque sólo la quería por el dinero.
Los Auxiliares vieron a la joven contenta volver a su casa y la dejaron. Había sido curada de una sífilis terciaria.

***
He aquí otro caso en el que se efectuó una cura milagrosa mediante la sanación espiritual: Una noche, una Hermana Lega invitó a dos Auxiliares a ir con ella a trabajar sobre una joven enferma de nacimiento. Tenía sífilis congénita.
Cuando llegaron al lugar, todos los Auxiliares se materializaron, uno de ellos llamó a la puerta y alguien los dejó entrar. La Hermana Lega pidió a la joven que le diese la pomada que utilizaba. Tomó una cuchara llena y se la frotó sobre la cara, la cabeza y la espalda. Tenía la cara en un estado lamentable. Estaba cubierta de llagas, escamas y costras. Esta enfermedad de la piel también le afectaba al cuero cabelludo, cuello, tórax y espalda.
La Hermana Lega dijo a la Auxiliar que tomase un peine y lo pasase por la cabeza y la cara de la joven para eliminar las llagas. La Auxiliar comenzó a hacerlo y las llagas y escamas
empezaron a caer. Algunas eran tan grandes como una moneda de diez centavos. Luego tomó un cepillo y cepilló todas las costras del pelo y del cuero cabelludo. Después de esto, su cara
quedó blanca y limpia.
Los ojos de la Auxiliar comenzaron a brillar de excitación y bailaba de contento, porque adoraba ayudar a la gente. A continuación, esta Auxiliar le dio una baño a la joven, y su piel quedó limpia y hermosa. Fue sanada instantáneamente por la Hermana Lega. Cuando la joven se dio cuenta de lo ocurrido, lloró de alegría y dio gracias a Dios. Su familia estaba atónita al ver lo que los desconocidos habían hecho por la chica.
­ ¿Por qué no puede un médico hacer esto? ­ preguntó el padre cuando vio que su hija estaba curada.
­ Hay algunos médicos que podrían hacerlo, pero no muchos ­ replicó la Hermana Lega.

***
He aquí la narración de cómo se ayudó a un hombre enfermo y se curó a un inválido, mediante la fe: Una noche, unos Auxiliares fueron a la casa de un hombre enfermo en respuesta a sus plegarias pidiendo ayuda. Llevaba enfermo algún tiempo y ya pensaba que
estaba a punto de fallecer. Había estado rezando todo el día y su familia y amigos cercanos estaban cantando y rezando con él. Estaban cantando Abide withme cuando los Auxiliares entraron a la habitación.
El enfermo vio a la Auxiliar y levantó las manos para que dejaran de cantar.
­ Aquí está el Ángel que va a llevarme al Cielo ­ dijo con sorpresa.
­ No, estoy aquí para curarlo ­ le contestó la Auxiliar.
­ Tengo ochenta años y he sido cristiano desde que tenía catorce ­ dijo el enfermo ­ Quiero ir con Jesús y contarle todas mis penas y tribulaciones.
La gente comenzó a tararear la canción que habían estado cantando. La Auxiliar dijo al hombre que hiciera que la gente se arrodillara, que inclinase la cabeza y cantase Abide withme. Así lo hicieron y, mientras estaban cantando, la Auxiliar se materializó, expandió su aura y la habitación quedó inundada de luz.
El enfermo estaba tan delgado que parecía sólo piel y huesos cuando se incorporó en la cama y gritó:
­ ¡Gloria a Dios! Realmente he visto a un Ángel. Lo que la Biblia dice es verdad.
Señor, déjame ir con él. Puede que no tenga otra oportunidad.
La gente que estaba en la habitación miró en torno y respingaron sorprendidos cuando vieron a la desconocida. Cayeron al suelo de la impresión. Justo entonces un niño vestido con su pijama entró llorando y caminó hacia la Auxiliar para que ésta lo tomase en sus brazos. La Auxiliar lo alzó sin que él hiciera ningún intento de bajarse.
La Auxiliar recogió gradualmente su aura y dijo a la gente que se levantase. Cuando la madre del niño lo vio en brazos de la Auxiliar, se puso nerviosa.
­ Ángel, por favor, pon a mi niño en el suelo para que yo pueda tomarlo. Podrías olvidarte de que lo tienes contigo y llevártelo al Cielo. Quiero a mi niño.
El niño no quería bajarse, pero finalmente lo hizo y se fue con su madre. Después de esto, la Auxiliar dijo al enfermo que quizá sus oraciones fuesen contestadas y podría llevarlo con ella al Cielo.
­ No, ahora ya estoy bien y quiero vivir ­ dijo.
La Auxiliar explicó a aquellas sorprendidas y sobresaltadas personas cómo debían vivir.
­ Debéis hacer todo lo que podáis para ser útiles y ser bondadosos con todo el mundo dijo.
Todos los presentes prometieron que lo harían.
­ Puede usted levantarse cuando así lo desee ­ dijo la Auxiliar al hombre que había estado enfermo en cama.
El otro Auxiliar no se había materializado pero había estado trabajando sobre el enfermo y lo curó mientras todo esto estaba ocurriendo.
Una mujer que estaba presente habló y dijo:
­ Tengo a mi madre enferma e inválida y lleva así desde hace diez años. Y está postrada en cama desde hace tres.
­ Vaya a su casa y dígale a su madre que su creencia en Dios y sus oraciones en demanda de ayuda han sido escuchadas, y que su fe la hará ponerse bien ­ dijo la Auxiliar.­
Dígale que puede levantarse y hacer sus labores.
La mujer fue a su casa y volvió precipitadamente.
­ Mi madre está bien, y puede caminar sin problemas ­ dijo.
­ Inclinad vuestras cabezas y dad gracias a Dios ­ dijo la Auxiliar, y desapareció.
Aquellas personas eran cristianas y creían en los Ángeles, así que pensaron que la Auxiliar era un Ángel. Dado que la mayoría de ellos eran ancianos, no hubiese sido aconsejable que la Auxiliar les hablara de sus enseñanzas o les explicase qué era ella realmente. No la hubiesen creído de ninguna manera. Esta experiencia, sin embargo, les ayudará a vivir vidas mejores.

***
A unos Auxiliares que suelen trabajar en un hospital durante la noche, se les advirtió que una mujer tenía hipo desde hacía tres días. Había dormido muy poco y estaba casi exhausta. La Auxiliar se le acercó y comenzó a hablarle sobre su vida, cayendo en la cuenta de que la mujer a duras penas podía hablar.
­ Pobre mujer, espero que se mejore ­ le dijo la Auxiliar.
La mujer comenzó a suplicar a la Auxiliar que la ayudase, así que ésta puso su mano sobre su cabeza y el hipo desapareció enseguida.
­ Ahora no hable sino duérmase ­ dijo la Auxiliar.
­ Quiero darle las gracias ­ dijo la pobre mujer.
­ No me lo agradezca a mí sino a Dios porque yo sólo soy su sirviente ­ replicó la Auxiliar.
­ Por favor, vaya y hágase cargo de mi bebé de un mes ­ dijo la mujer con voz preocupada ­ Estaba sufriendo tanto con el hipo que no pude hablarle al médico de mi hijo.
La Auxiliar se puso nerviosa y dijo a la enfermera que enviase una ambulancia a buscar al bebé.
­ ¿Va a ir usted en la ambulancia? ­ preguntó la jefa de enfermeras.
­ Sí, quiero ver a ese bebé ­ contestó la Auxiliar.
La Auxiliar halló que el niño estaba a punto de morir de hambre, porque rechazaba la leche con la que la familia intentaba alimentarlo. La Auxiliar se llevó ella misma al bebé. Sus
tiernos y amorosos cuidados y la fuerza curativa de Dios, que dirigió hacia el niño, le salvaron la vida. Llevó al pequeñito con su madre y se alimentó de sus pechos tan rápido como pudo.
A los pocos minutos, se llevaron al bebé y se dieron órdenes estrictas para que la enfermera lo llevase a su madre periódicamente. Se puso al bebé en una habitación, donde se
le asignó a una enfermera para cuidarlo, porque estaba muy débil y demacrado.

***
He aquí cómo se curó a una joven con fractura de cráneo, por unos Auxiliares Invisibles: Un día, una joven estaba haciendo cola en una cafetería para almorzar.
­ Me siento mareada ­ dijo de repente.
Un hombre que estaba a su lado vio que iba a desplomarse intentó sostenerla, pero otro hombre, que estaba a su lado lo empujó involuntariamente y la joven cayó al suelo. Se la llevó al hospital con una fractura de cráneo. Permaneció allí durante muchos días.
Un día, se le enviaron dos Auxiliares Invisibles. Su cuerpo inconsciente yacía en una cama del hospital, pero ella estaba al lado de su cuerpo con la cabeza inclinada. Un Auxiliar la tocó en el hombro y ella se sobresaltó cuando lo vio.
­ Por favor, señor, haga algo por mí ­ dijo ella tristemente ­ ¿Estoy muerta? No, eso no puede ser porque estoy viva. Por favor, ayúdeme a regresar a mi cuerpo. Los médicos dicen que moriré. Las enfermeras me hacen daño cuando me introducen esos tubos en mi cuerpo. No me dan suficiente agua, y la que me administran con los enemas está demasiado caliente y me quema. Me han hecho exploraciones innecesarias y tengo miedo de que vaya a morir, porque no quiero. ¿Por qué tuvo que estorbar aquel hombre al que me iba a sostener haciendo que yo cayese al suelo? Nunca en mi vida he hecho nada para hacer daño a nadie.
Sólo tengo veintiún años. Dígales que no estoy muerta ni inconsciente sino que estoy fuera de mi cuerpo sin poder entrar en él.
Entonces la pobre joven herida vio al otro Auxiliar cerca de ella.
­ ¡Mire ese hermoso Ángel! ­ exclamó ­ ¿Es usted el Ángel de la muerte? Si es así, concédame un poco de tiempo más. Déjeme regresar a mi cuerpo y seré la mejor chica que me sea posible. Cuido de mi hermanita y la envío a la escuela.
La joven miró al Auxiliar otra vez.
­ ¿Qué es lo que pasa? Puedo ver a través de usted ­ preguntó.
­ ¡Shh! ­ dijo la Auxiliar porque una enfermera se acercaba.
La enfermera miró a la joven.
­ Es una pena que muera una chica tan joven sin que se le pueda prestar ayuda ­ se dijo para sí, mientras cubría el cuerpo de la joven cuidadosamente.
Luego abandonó la habitación. Un Auxiliar pidió a una Hermana Lega, que había venido a ver a la joven, que les mostrase el pasado de la chica en la Memoria de la Naturaleza, para que pudieran ver qué había hecho de malo para merecer aquel destino. Los Auxiliares y la joven vieron entonces las vidas pasadas de ésta.
Siete vidas antes de la actual, esta joven y el hombre que había impedido que fuese sostenida, al caer, por otro hombre, estaban encarnados en cuerpos de raza negra. Ella se enfadó con él un día y lo empujó fuera de una senda haciéndolo caer. Se produjo una fractura de cráneo que, finalmente, lo condujo a la muerte. Este hombre le dijo que le ajustaría las cuentas, pero nunca se encontraron de nuevo hasta la vida presente, estando en cuerpos de
raza blanca. Cuando él la vio esta vez, sintió aversión por ella al instante. En aquella vida anterior estos dos egos habían sido sólo amigos, no enamorados. Él había permanecido inconsciente durante dos semanas, aunque finalmente fue capaz de levantarse. Pero el resto de su vida padeció constantes dolores de cabeza que finalmente le ocasionaron la muerte.
Siempre la culpó de sus molestias
Cuando la joven vio lo que había ocurrido en el distante pasado, lloró y dijo que lo sentía y que esperaba que Dios la hubiese perdonado.
­ Dios no tiene nada que ver con esto ­ dijo el Auxiliar ­ Has tropezado con la Ley de Causa y Efecto, y estás cosechando los efectos.
­ ¿Cuándo acabaré con esto? ­ preguntó la joven herida.
­ Has acabado ya ­ contestó él ­ Hemos venido para ayudarte.
­ Gracias ­ murmuró ella ­ He sufrido mucho.
La Auxiliar puso su mano sobre la cabeza de la joven y ésta dijo:
­ ¡Qué sensación tan agradable!
La Auxiliar frotó la cara de la joven y entonces vieron al ego regresar a su cuerpo. Ella abrió los ojos y miró a la Auxiliar.
­ Gracias, querido Ángel ­ dijo ­ Siempre rezaré por tí.
La enfermera entró y vio que la joven había recobrado la conciencia.
­ ¡Querida niña! ¡Has vuelto!
­ Sí ­ contestó la joven ­ Ese Ángel me curó.
La enfermera no veía ningún Ángel y dijo a la joven que se durmiese, y que se sentiría mejor por la mañana. Luego, salió. La joven preguntó por su madre y su hermana y la Auxiliar le dijo que se durmiese, que ellas estarían allí para verla, la tarde siguiente. La joven dio la vuelta y se durmió.
Al día siguiente, uno de los Auxiliares regresó a ver a la joven y la encontró despierta.
Ella lo reconoció enseguida y se puso muy contenta de verlo. Él le dijo que no dijese a nadie, excepto a su madre, cómo había sido curada, porque la gente creería que estaba loca y no la creería de ninguna manera.
Recordemos que no sólo somos hijos de Dios, sino que renacemos en la Tierra una y otra vez para, finalmente, alcanzar la perfección y ganar la liberación. Todos tenemos muchas deudas kármicas que saldar, y el camino más fácil para ello es vivir una vida inofensiva y
servir a la humanidad con lo mejor de nuestras capacidades. No estamos aquí para vivir una vida placentera. Estamos aquí para tener experiencias. Todo el mundo puede convertirse en Auxiliares Invisibles y tomar parte en el trabajo de la curación espiritual que se lleva a cabo cada noche.

***
En cierta ocasión, dos Auxiliares fueron enviados a un lugar de la costa de uno de los países europeos. Fueron a la zona norte del país, a un pueblo donde vivían muchos pescadores. Muchas de aquellas personas tenían alguna rara enfermedad de la piel. La membrana mucosa de su boca estaba afectada y sus brazos y manos tenían llagas supurativas.
El médico de aquél lugar no sabía qué hacer, y la gente rogaba pidiendo ayuda. El tiempo era frío y la población era pobre y con dificultades económicas. No tenían la suficiente variedad de comida para nutrir adecuadamente sus cuerpos.
El Auxiliar pidió permiso para ayudar a aquella gente enseguida y se le dijo cómo hacerlo. Entonces hizo correr la voz para que todas las personas enfermas acudiesen a la consulta del médico, a las tres en punto del día siguiente, y que se les curaría sin cobrar nada.
A la hora señalada, los Auxiliares acudieron de nuevo al pueblo y encontraron a muchas personas allí, esperándolos. Algunos iban con bebés enfermos en los brazos. Los Auxiliares se dedicaron a trabajar sobre ellos y todos recibieron ayuda. Algunos quedaron
completamente curados.
Los Auxiliares vieron a una joven de unos dieciocho años que padecía aquella enfermedad y estaba en mal estado. Había sido hermosa, pero había estado enferma todo el invierno.
­ ¿Querría usted ayudarme? ­ dijo a uno de los Auxiliares.
Tenía un hermoso cuerpo alma, pero no tenía visión ni audición espiritual. Era de naturaleza bondadosa y amable, y muy querida por todo el pueblo, debido a que ayudaba a todo el que podía.
­ Te ayudaré de muchas formas ­ dijo el Auxiliar.
­ Seré una hermana para vosotros dos ­ contestó la joven.
­ Llévanos a tu casa ­ dijo la Auxiliar tranquilamente.
La joven les indicó el caminó y los tres partieron. Bajaron por un sendero oscuro muy accidentado.
­ Tened cuidado; no os vayáis a caer ­ dijo la joven volviendo la vista mientras caminaba. No sabía que los Auxiliares estaban en cuerpos materializados y no podían sufrir ningún daño. Cuando los tres llegaron a la casa de la chica, sus padres estaban durmiendo.
­ Ve y consigue algo de comida y cereales ­ dijo un Auxiliar a la joven.
Ella trajo una taza de cereales y el Auxiliar dijo:
­ No es suficiente.
­ Es todo lo que tenemos en casa ­ contestó ella.
El Auxiliar se comunicó con una elevada Hermana Lega mediante el pensamiento y le preguntó si podía aumentar la cantidad de cereales, y se le dio permiso para hacerlo. Entonces
el Auxiliar dijo a la joven que no tenía dinero, pero que recibiría su salario el lunes siguiente y entonces podría pagarle los cereales. Y pidió a la joven que le mostrase dónde guardaban el grano. Ella le mostró un cajón que tenía una capacidad de medio barril. Él se acercó y puso la taza de cereales dentro del cajón y pidió que éste se llenase. Entonces dijo a la joven que fuese al cajón y trajese un poco de comida. Ella fue y lo vio lleno de comida y gritó
sorprendida.
Sus padres se despertaron y vinieron corriendo hasta la cocina a ver qué ocurría. 
­ Este hombre me pidió un poco de comida y luego la devolvió al cajón y lo cerró ­ dijo la joven a sus padres ­ Luego me dijo que le trajese de nuevo algo de comida y, cuando abrí el cajón, estaba lleno en vez de casi vacío.
­ Debes estar en presencia de Ángeles y debes ser siempre buena ­ le dijo la madre.
­ Mamá, yo soy buena ­ contestó la joven.
­ ¿Son siempre buenos tus pensamientos? ­ inquirió la madre.
­ No, mamá, lo siento ­ dijo ella.
El Auxiliar tomó entonces un plato de cereales y agua e hizo una pasta con ellos. Dijo a la chica que se tumbara. Luego, extendió la pasta sobre la boca, la cara y los brazos y dejó que se secara. Después, lentamente y con cuidado, la fue quitando, mientras sus padres observaban. Después de que se retiró toda la pasta, sus brazos, cara y boca estaban completamente curados, y no había llagas en ellos. Su piel era blanca y hermosa. La madre se
hizo la señal de la cruz unas seis veces de lo nerviosa que estaba.
­ Te hago cargo de ayudar a todas las personas, ricas o pobres, sin distinción ­ dijo el Auxiliar a la feliz muchacha ­ Al primero que venga es al primero que servirás. Presta especial atención a los niños, pero no cobres nada. Ni siquiera insinúes cobrar, pero si la gente desea darte algo, puedes tomarlo. Todo lo que necesitas hacer es poner tus manos sobre ellos si te piden ayuda. Tendrás la capacidad para curar a otros mientras seas buena de corazón, mente y cuerpo.
La joven quería que los Auxiliares fuesen su hermano y hermana y que viniesen con frecuencia a verla. Un Auxiliar le dijo que ellos vivían a varios miles de kilómetros de distancia y que no la podrían ir a ver con tanta frecuencia. Dijeron adiós a aquellas personas y
se fueron.
Se dijo al Auxiliar que diese a esta joven la facultad de ir a ayudar a otros y servir como un Auxiliar, porque era buena y se había cualificado para ese trabajo. Los Auxiliares son muy necesarios en estos tiempos difíciles en que hay tanto descontento, gente sin trabajo, sufrimiento y tristezas en prácticamente todos los países de la tierra.

***
He aquí otro relato en el que los Auxiliares utilizaron la curación espiritual. Esta vez se ayudó a un hombre: Un viernes por la noche, dos Auxiliares encontraron a un hombre atrapado en una trampa de acero. Los dientes de la trampa estaban clavados por encima y por
debajo de la articulación de la rodilla y no podía moverse. Cuando los Auxiliares llegaron al lugar, había cuatro lobos dispuestos a destrozarlo. Los Auxiliares liberaron al hombre y espantaron a los lobos.
El pobre hombre dijo que él mismo había colocado la trampa, para cazar a un oso que había estado destrozando su maíz. Posteriormente, vio que algo había hecho desaparecer el cebo sin hacer saltar la trampa. Cuando estaba terminando de dejarla a punto de nuevo, resbaló y su rodilla quedó atrapada en la trampa, de tal manera que no podía zafarse. Estaba a unos siete kilómetros de su casa y a unos quinientos metros de la carretera. Llevaba allí dos días y tres noches. Tenía la pierna negra y severamente inflamada.
Los Auxiliares llevaron al hombre herido a su casa y lavaron las heridas con agua salada caliente. Pudieron restablecer la circulación de su pierna y la mejoraron mucho. El Auxiliar dijo a la familia que llamasen al médico para que lo atendiese.
­ Nunca usaré ninguna de esas trampas otra vez, porque sé lo que un animal debe sufrir antes de morir ­ dijo el hombre ­ En mi sufrimiento pensé en todas las cosas que he hecho y contemplé toda mi vida en sentido inverso hasta mi infancia. Luego, vi toda clase de visiones en el aire. Vi personas o Ángeles desplazándose por el aire. También vi una visión espantosa que se detuvo ante mí. Rechinó sus largos dientes y luego se marchó. Se parecía a un lobo o a un perro grande al principio y luego se parecía a un hombre salvaje. Recé y prometí a Dios que, si me salvaba, nunca utilizaría ésta ni ninguna otra trampa para cazar animales ­ continuó el hombre ­ Luego vinieron ustedes y, cuando fui liberado, me desmayé
del dolor, de hambre y de extenuación.
Un Auxiliar le dijo que las personas que había visto eran seres humanos o que también podían ser Ángeles, porque ambos pueden viajar en el aire en sus cuerpos de deseos.
­ Nosotros somos seres humanos que vamos ayudando a la gente y a todos los seres vivientes.
­ No, sois Ángeles ­ dijo el hombre ­ porque os vi pasar sobre mí. Ella le tocó a usted en el brazo y le dijo algo, luego ambos dieron la vuelta y se acercaron a mí.
Los Auxiliares iban volando cuando la Auxiliar miró hacia abajo y vio al hombre en la trampa y a los lobos cerca y dijo a su compañero:
­ Hay un hombre y cuatro lobos. Vayamos a ver qué pasa.
Regresaron y lo salvaron y luego siguieron con su labor. El hombre llegó a desarrollar facultades psíquicas debido al hambre y al dolor, y la entidad vino a atormentarlo. Los lobos lo encontraron y estaban a punto de matarlo y devorarlo. La entidad era producto de sus propios pensamientos y acciones. A menos que cambie de manera de vivir y se haga mucho mejor, se encontrará con esta entidad cuando muera y experimentará gran temor. La entidad
se convertirá en un cuerpo de pecado y crecerá vida tras vida.
Con seguridad, salvar la vida de este hombre fue un trabajo práctico y útil. Esperamos que ahora será bondadoso con todos los seres vivientes e intentará hacer restitución por sus errores. Estuvo tan cerca de la muerte que vio el panorama de su vida pasada ante él.
Si tiene la oportunidad de entrar en contacto con las auténticas enseñanzas de alguna verdadera escuela de Misterios, sabrá que son auténticas porque ha visto seres humanos en el aire y también entidades. También ha visto Auxiliares Invisibles materializados y sabe que les debe la vida. Igualmente, sabe que las oraciones son respondidas cuando proceden de un corazón sincero y contrito. Y sabe que una persona puede ver el panorama completo de su
vida desplegarse ante él y luego ser salvado de la muerte por un milagro, como le ocurrió a él.

***
Un día, un Auxiliar se tumbó en su cama y se durmió. Abandonó su cuerpo y fue a uno de los estados del sur a ver a una mujer a quien había ayudado. La encontró cruzando un campo con su hija y su perro. Las saludó y la mujer le pidió que fuera con ella a la casa de
una mujer enferma que vivía en la vecindad. Él consintió y fueron al lugar donde encontraron a una mujer muy enferma.
­ ¿Por qué no envía a buscar a un médico? ­ preguntó el Auxiliar a la primera mujer.
­ Pensé que podía ayudarla si le daba masajes y baños ­ replicó.
Esta mujer estaba intentando ser un auxiliar visible durante el día para poder cualificarse como Auxiliar Invisible durante la noche, aunque no había alcanzado el desarrollo en el que pudiese hacer curaciones espirituales mientras estaba en su cuerpo.
­ Su fe es buena, pero no es usted lo suficientemente buena para hacer lo que desea ­ le dijo el Auxiliar.
El Auxiliar se volvió a la mujer enferma.
­ Puedo ayudarla si me da usted la oportunidad ­ le dijo.
La mujer llamó a su marido y a su hijo y les dijo lo que el desconocido había dicho.
­ Deja al hombre hacer lo que quiera, porque deseo que te mejores ­ dijo el marido.
El Auxiliar dijo a los hombres que saliesen y a la vecina que se quedase.
­ ¿Qué le ocurre a usted? ­ inquirió a la mujer enferma.
­ Mi estómago, intestinos y la zona inferior de la espalda me duelen ­ contestó.
El Auxiliar le dijo que se quitara todas las ropas. La vecina la ayudó a desvestirse, a meterse en la cama y a taparse con las mantas.
Entonces, el Auxiliar colocó a su paciente en el borde de la cama y se sentó con las manos bajo las mantas. Comenzó a trabajar sobre el estómago. Le dijo que necesitaba mejorar su comida, y lo que debía comer.
­ Tiene usted las manos sobre el punto doloroso de mi estómago ­ dijo la mujer súbitamente ­ Ahora me ha quitado el peso que tenía ahí.
Él había materializado una mano dentro de su estómago y había arreglado el problema que tenía allí mediante la curación espiritual, pero sabía que sería inútil decírselo a ella. En vez de eso, se rió y dijo:
­ Tiene usted mejor aspecto bajo las sábanas ­ y se volvió.
Luego el Auxiliar trabajó sobre el riñón de la mujer. Le dijo que no debía permitirse a sí misma enfadarse ni mantener rencor contra nadie en el futuro.
­ Ha estado usted haciendo esto hasta ahora ­ dijo él ­ y eso ha ocasionado que se le formasen cálculos renales. ¿Con quién está usted resentida?
­ Con esta vecina ­ admitió ella ­ porque ella tiene todo en la vida y yo soy tan miserable. Pero ya no me siento así hoy. Ese sentimiento ha desaparecido.
­ Pues las secuelas son estos cálculos que se le han formado en el riñón y que deben expulsarse ­ le dijo el Auxiliar claramente.
Dijo a la vecina que fuese a buscar al marido y al hijo de la mujer para que ayudasen.
Éstos entraron y el Auxiliar dijo al marido que sostuviese las manos de su esposa a los lados y al hijo que sujetase los pies. Dijo a la vecina que sujetase la cabeza. El Auxiliar se sentó y comenzó a triturar las piedras, luego dio masajes hacia la vejiga y las piedras fueron expulsadas.
Los que estaban allí vieron las piedras del riñón y se quedaron muy sorprendidos.
Luego, el Auxiliar trabajó sobre el tracto intestinal, poniéndolo en actividad, hasta que el material de deshecho fue eliminado a conciencia.
­ Me siento mucho mejor ­ dijo la mujer ­ Me siento una persona nueva. No tengo ninguna molestia ni dolor.
Los miembros de su familia estaban todos felices y dieron las gracias al Auxiliar y a la vecina que lo había llevado allí.

***
En cierta ocasión, un Auxiliar fue enviado a ayudar a una joven ciega, que vivía en uno de los estados del sur. Fue a su casa, se materializó y se acercó a la entrada de la misma, en cuyo porche vio a una jovencita sentada en una mecedora. Para atraer su atención le pidió un poco de agua. La joven dijo:
­ Soy ciega y no puedo mostrarle donde está el pozo.
En ese momento su hermana se acercó a la puerta y vio al desconocido.
­ ¿Qué está usted haciendo a la puerta de mi casa? ­ inquirió.
­ Le pedía a esta señorita un vaso de agua ­ replicó.
­ El pozo está en la parte trasera de la casa ­ dijo.
Él fue y fingió beber un poco de agua. Luego regresó y comenzó a hablar con la joven ciega.
­ ¿Cuánto tiempo hace que es usted ciega? ­ preguntó.
­ Desde que tenía diez años ­ dijo ella ­ Un día, mientras estaba jugando, una rama de árbol me golpeó en los ojos y al poco tiempo me quedé ciega.
­ ¿Puedo ver sus ojos? ­ preguntó él; ella le respondió que sí.
Miró sus ojos y vio una especie de costra, a través de ellos, del tamaño aproximado de un lápiz pequeño. Parecía como si aquella excrecencia se pudiese desprender. Preguntó a una Hermana Lega, mediante el pensamiento, si podía quitar aquella costra de los ojos de la joven y se le contestó que sí.
­ Yo puedo ayudarla si está dispuesta a ello ­ le dijo a la chica.
Ésta llamó a su hermana, que salió a la puerta. Cuando vio que el desconocido estaba todavía allí, pareció sorprenderse.
­ ¿Por qué no se ha dio usted? ­ preguntó ­ Traeré la escopeta.
­ Quiero ayudar a su hermana a que recupere la vista, pero vaya usted y traiga su arma ­ dijo el Auxiliar a la suspicaz hermana.
Ésta trajo el arma y se detuvo en el vano de la puerta observando lo que ocurría. El Auxiliar manipuló en el ojo derecho de la joven y le extrajo la costra.
­ ¡Eso me duele! ­ dijo la joven.
Luego le extrajo la del ojo izquierdo.
­ ¡Ya puedo ver pero me hace daño la luz! ­ dijo.
­ Póngase un pañuelo sobre los ojos, use gafas oscuras durante una o dos semanas y luego ya estará bien ­ dijo el Auxiliar.
A la hermana se le cayó el arma de las manos, de la sorpresa y el asombro.
­ ¡Dios mío! ¿es verdad lo que estoy viendo? ­ exclamó.
­ Sí, pero no deje caer el arma ­ dijo el Auxiliar ­ Puede dispararse.
­ ¡Me había olvidado por completo de ella! ­ dijo y la recogió del suelo.
­ Ahora puedo ir a una escuela del norte y ver hermosas ciudades ­ dijo la joven ­ ¿Dónde están las mejores escuelas?
El Auxiliar nombró algunas. La joven lo acarició y lo besó antes de que el pudiese adivinar que iba a hacerlo. Ella le dio las gracias por haberla ayudado.
­ ¿Ve usted esa pequeña nube? ­ preguntó él a la hermana.
­ Sí ­ contestó ella.
­ Obsérveme cómo la alcanzo ­ comentó.
Y se elevó gradualmente hacia la nube, le hizo señas con las manos, y desapareció.
Había anulado la gravedad para elevarse. Se había dicho al Auxiliar que hiciera eso para que aquella gente no estuviese buscándolo por los alrededores para encontrarlo. Después de aquello, sólo podían decir que el hombre se había elevado en el aire y desaparecido.
La chica había recuperado la visión mediante la curación espiritual. Recibió ayuda porque se había ganado ese derecho y porque había rezado mucho y sinceramente a Dios para que la ayudase a ver otra vez. Su vida será completamente diferente ahora.

***
Una noche, dos Auxiliares que pasan parte de su tiempo en un hospital, se encontraban allí cuando una mujer entró corriendo y pidió que un médico fuese a su casa porque su hermano estaba muy enfermo o muerto. El conserje llamó al jefe médico y éste ordenó a un doctor ir con la mujer a su casa.
El conserje llamó al Auxiliar y le dijo que debía interesarse en aquel caso. El Auxiliar dijo que iría, llamó a la Auxiliar y le pidió que lo acompañase.
Ambos Auxiliares, el médico y la mujer caminaron tres bloques de casas hasta el hogar de ésta. Cuando llegaron al lugar, el hombre estaba inconsciente y parecía estar muerto.
­ Está muerto ­ dio el médico tras examinarlo.
­ No, no lo está ­ dijo el Auxiliar.
­ Sí, está muerto ­ insistió el médico.
El Auxiliar no dijo nada más, pero buscó la llama en la cabeza y en el corazón del hombre y las vio activas. Mientras el Auxiliar hacía esto, su compañera se puso impaciente.
­ Haz algo por él, no te quedes ahí parado mirando a ese pobre hombre.
­ No hay nada que hacer por él ­ comentó el médico.
Entonces, el Auxiliar colocó el cuerpo del hombre en el borde de la cama y comenzó a darle masaje alrededor del corazón. Al poco rato, el color volvió a su cara y empezó a respirara con regularidad. Abrió los ojos y, viendo aquella gente allí, dijo:
­ ¡Dios mío, ten misericordia de mí! ­ exclamó ­ Estos dolores eran demasiado fuertes. No podía soportarlos.
­ Se pondrá bien, pero debe tomárselo con calma ­ dijo el Auxiliar ­ Si se cuida, puede que no tenga más ataques ­ dijo, mientras trabajaba sobre el cuerpo vital y el cuerpo físico, hasta que se recuperó.
El Auxiliar preguntó a su hermana cómo había empezado el problema.

­ Llegó a casa del trabajo quejándose de dolor en el lado izquierdo del pecho y en el brazo izquierdo ­ dijo ­ Tomó la cena y se acostó pero, cuando el dolor se hizo más intenso me llamó. Fui al hospital a pedir ayuda, ya que no tengo dinero para pagar un médico.
El Auxiliar le dijo que su hermano había tenido una angina de pecho que, con frecuencia, resulta fatal si no se proporciona la asistencia adecuada.
­ Un ataque así, se presenta con un dolor en la región del corazón, que se extiende hacia el brazo izquierdo ­ le explicó ­ Mientras el dolor severo progresa, la persona pierde la conciencia y muere.
En el caso de este hombre, estuvo inconsciente hasta que el Auxiliar le dio masaje en el corazón, tras lo cual recobró el sentido. El Auxiliar le dijo que su hermano tendría que tomarse las cosas con calma y no ponerse nervioso ni enfadado o, de lo contrario, podría tener otro ataque que podría ser fatal. El médico observaba sorprendido y preguntó al Auxiliar qué había hecho para devolver a aquel hombre a la vida.
­ Una vez que la persona ha muerto, no existe retorno a la vida ­ contestó el Auxiliar ­ es verdad que muchas personas que parecen muertas no lo están, y por eso pueden recuperarse.
­ Eso suena razonable ­ dijo el médico ­ Yo pensé que no era usted médico sino que conocía al dueño del hospital. Ahora veo que es usted más que médico.
­ No, realmente no soy un buen médico, porque no sé lo suficiente ­ contestó el Auxiliar. 
Después de esto, los Auxiliares y el médico regresaron al hospital e informaron del caso. El Auxiliar opinaba que el enfermo se repondría totalmente, pero tendría que cuidarse mucho.
Cuando Cristo habló a sus discípulos de resucitar a los muertos, quería decir sacar a una persona de condiciones similares al trance, como en este caso, en que el hombre hubiera fallecido si no hubiese recibido una ayuda como la que el Auxiliar quiso y pudo prestarle.

***
Algunos casos de enfermedad del sueño son realmente casos de obsesión. En estos casos las entidades obsesoras no han tenido nunca cuerpo físico y por eso no saben cómo utilizarlo adecuadamente.
Una noche, dos Auxiliares fueron a la casa de una mujer a ver a su hijito, que llevaba durmiendo tres semanas. Parecía tal como un muñeco durmiente. Uno de los Auxiliares preguntó a la madre qué le había ocurrido a su hijo.
­ Un día, me dijo que quería estar conmigo y que no lo dejase solo ­ dijo la madre ­ le dije que nada le causaría daño y continué con lo que estaba haciendo. Poco después de esto, lo oí gritar y dar patadas en el suelo, como si estuviese peleando con algo. Luego quedó tumbado en el suelo y pensé que estaba muerto, así que llamé al médico. Éste vino y lo examinó, tras lo cual dijo que tenía la enfermedad del sueño. Ahora lleva tumbado en la cama tres semanas y no sé qué hacer para ayudarlo.
El Auxiliar vio al verdadero propietario del cuerpo del niño al lado de su cuerpo, que había sido ocupado por una entidad que no sabía cómo utilizar un cuerpo humano. El Auxiliar habló con el niño.
­ Quiero mi cuerpo ­ dio el niño ­ Eso me empujó fuera y yo quiero mi cuerpo. Seré bueno.
Los Auxiliares preguntaron a alguien, por medio del pensamiento, si podían ayudar a aquel niño y se les dio permiso para hacerlo. El Auxiliar santiguó a la horrible entidad tres veces, hasta que salió del cuerpo del niño y se detuvo quieta unos segundos. Luego se
abalanzó hacia el Auxiliar, que la santiguó otra vez. Al momento, un olor a azufre inundó la habitación.
La entidad tenía que ir al Mundo del Deseo. Cuando salió del cuerpo del niño, lo retorció de mala manera. Su madre gritaba y quería agarrar al niño. El Auxiliar persuadió al
ego a que regresase a su cuerpo, tras lo cual el niño se despertó llamando a su mamá. El Auxiliar dijo a la madre lo que debía dar al niño para comer.
­ Ahora se pondrá bien ­ le dijo el Auxiliar.
La madre era una mujer muy feliz y dio las gracias calurosamente a los visitantes.
Después de esto los Auxiliares se fueron tranquilamente.

***
He aquí la historia de una jovencita a quien una Auxiliar curó de una pulmonía doble:
En cierta ocasión, tres Auxiliares fueron a una casa en la zona nororiental de los Estados Unidos, cerca del Océano Atlántico, donde vivía mucha gente acomodada. Fueron a ver a una
niña de unos siete años. Tenía neumonía doble y estaba agonizando. Los Auxiliares habían sido atraídos a aquel lugar por las oraciones de la niña. Algunos otros miembros de un grupo de Auxiliares estaban ya allí con algunos Seres Elevados.
La niña estaba rogando a Dios que la salvara para poder mantener juntos a sus padres.
Los Auxiliares que estaban presentes supieron que aquella niña había sido una hija no deseada. Su padre había obligado a su madre a tenerla y a cuidarla, y esto había ocasionado una ruptura entre ellos. La madre quería ser una mariposa de sociedad. El padre no quería ningún hijo pero, una vez que llegó la niña, resolvió criarla.
La madre expuso a su hija a toda clase de riesgos en un esfuerzo para que enfermara y muriese. La niña había sobrevivido, a pesar de aquellas adversas condiciones. Un día, la madre llevó a la niña a la playa y la introdujo en el agua, que estaba muy fría, y contrajo una neumonía.
Cuando la niña se dio cuenta de que iba a morir, comenzó a rezar intensa y sinceramente para salvar su vida. Dijo a Dios que su madre la odiaba y su padre la toleraba; contó a Dios todo sobre cómo su madre la trataba y cómo la había obligado a entrar en el
agua fría en diferentes ocasiones, y cómo algunas mujeres la habían cuidado dándole calor.
­ Amado Señor, yo los quiero a pesar de todo porque no saben lo que hacen ­ dijo la niña.
Los Auxiliares intentaron oír la oración de la niña y observaron cómo lo hacía. Sus oraciones llegaban hasta el mismo Dios. Estaban esperando para ver si se les daba permiso para ayudar a la niña.
­ Bueno, Señor, voy a morir aunque no quiero ­ dijo finalmente.
Después de esto se quedó muy quieta. Su madre tuvo remordimientos de conciencia, se acercó a la cama de la niña llamándola por su nombre y diciendo:
­ No he sido una buena madre para tí, pero lo seré a partir de ahora si me perdonas.
El padre se acercó a su hija, llorando, y dijo:
­ Señor, devuélveme a mi hija. Yo no sabía lo que ocurría, pero pondré cuidado a partir de ahora.
­ Mamá, viviré. Hay una señora aquí que ha venido a ponerme bien ­ dijo la niña enferma ­ Dice que podré estar sentada mañana.
Un Auxiliar preguntó a la Auxiliar que había curado a la niña quién era ésta y se le dijo que era un Iniciado que había venido a hacer cierto trabajo.
­ Al darse la voz de ayudar a esta niña ­ dijo ­ todos los Auxiliares que están aquí se han precipitado a hacerlo, y hubieran hecho más daño que otra cosa. Por eso se me ha enviado a ayudarla.
Los Auxiliares, al ver llegar a esta Hermana Lega, admiraron su hermosa aura. Sus colores eran continuamente cambiantes de una posición a otra mientras trabajaba sobre la niña. Ésta era un ego avanzado y tenía un cuerpo mental grande y hermoso y un cuerpo alma desarrollado. 

***
Veamos ahora otro relato de una mujer que fue salvada de la muerte en respuesta a sus oraciones, después de ser apuñalada en el abdomen con un largo alfiler de sombrero: Una joven se casó contra el deseo de su madre y, cuando sus padres renegaron de ella, se fue a vivir a otro sitio. Rezó durante varios años para reconciliarse con sus padres. Soportó la separación tanto como pudo y entonces habló a su marido sobre ello. Éste era mucho mayor que ella y la amaba tiernamente. Estuvo de acuerdo con ella en ir a la casa de sus padres a visitarlos. Cuando la joven llegó a su antiguo hogar, su madre se alegró de verla y comenzaron a hablar. Su marido salió con su suegro.
Al finalizar el día, la mujer y su madre tuvieron una riña por una seria desavenencia.
Finalmente, la mujer se fue a la cama a dormir. No mucho después de esto, el marido y el padre de la visitante llegaron a la casa y entraron a la sala principal.
La madre entró en la habitación de su hija y le clavó un largo alfiler de sombrero a través del abdomen que le atravesó los intestinos y otras zonas de su cuerpo hasta llegar a las ropas de cama e incluso hasta el colchón, ensartándola en la cama. La mujer se despertó presa de gran terror, rezando desesperadamente en demanda de socorro.
Se le enviaron dos Auxiliares, que llegaron a su lado rápidamente. Vieron lo que había ocurrido y se materializaron. La Auxiliar estaba atónita por lo que le había sucedido a la pobre mujer. Le extrajo el alfiler y vio algo de sangre sobre la sábana.
El Auxiliar trabajó sobre el cuerpo vital de la mujer para sanar su cuerpo denso. Al poco rato estaba curada y fue capaz de levantarse y vestirse. El Auxiliar dijo a la mujer que abandonase la casa y se fuese a la suya inmediatamente. Ella lloraba por lo que su madre le
había hecho.
Los hombres entraron cuando la mujer estaba gritando de dolor pero ninguno de ellos hizo nada, ni dijeron una palabra. Los Auxiliares trabajaron tan rápido que aquella gente quedó demasiado sorprendida como para hablar. Cuando la madre de la mujer se recobró de la sorpresa, se acercó a la Auxiliar.
¿Por qué se entromete en mis asuntos? ­ dijo, tomando por el brazo a la Auxiliar para sacudirla.
­ Siéntese ­ dijo ésta con voz firme, y la mujer lo hizo.
Entonces la Auxiliar le dijo lo que estuvo a punto de hacer y las consecuencias que hubiesen tenido. Le dijo que su hija no la molestaría nunca más. Pero no hubo nada que los Auxiliares pudieran hacer con la madre, porque se mantuvo firme en su propósito de matar a su hija. Entonces, el Auxiliar eliminó todos los pensamientos sobre su madre, de la mente de la mujer.
Ésta y su marido vivían en el medio oeste y tenían una charcutería. Sus padres vivían en el sur y estaban en una situación confortable. La madre tenía otros planes para su hija, pero esta había desobedecido y se había casado con alguien que no gustaba a la madre.
La joven quedó muy sorprendida por haber sido curada de una forma tan rápida y fácil. Seguía tocándose el abdomen para cerciorarse de que estaba realmente curada.
­ Ahora ya está bien ­ le dijo un Auxiliar.
Ella daba las gracias a los Auxiliares una y otra vez. Éstos acompañaron a la mujer y a su marido en un taxi hasta la estación, donde esperaron un tren en el que irse. Luego, los Auxiliares se marcharon. A la mañana siguiente los Auxiliares recordaban claramente lo que había ocurrido.

***
Les contaré ahora cómo se curó de neumonía a un hombre mediante la sanación espiritual: Un Auxiliar fue enviado a una casa para ayudar a un hombre que estaba muy enfermo de neumonía. Su esposa había llamado a dos médicos y a dos enfermeras para
cuidarlo. El Auxiliar accionó el timbre de la puerta y acudió la esposa. El Auxiliar le dijo que había sido enviado para ver a su marido.
­ Entre ­ dijo ella, y le invitó a pasar a la sala ­ Mi marido está muy enfermo y los médicos han prohibido que alguien lo vea. Sólo a mí se me permite verlo dos veces al día.
­ ¿Puedo verlo y hacer lo que pueda por él? ­ preguntó el Auxiliar.
­ Sí ­ dijo ella ­ sólo que los dos médicos están aquí ahora.
­ Muy bien ­ contestó el Auxiliar. Subió a la habitación del enfermo y entró en ella ­ Buenas tardes a todos ­ dijo ­ ¿Cómo está el enfermo?
­ Salga. A nadie se le permite estar aquí ­ dijo uno de los médicos ­ El paciente está demasiado enfermo para hablar.
­ Me iré más tarde. Debo ver qué puedo hacer por mi amigo ­ dijo el Auxiliar.
Fue hacia el enfermo y lo observó. Vio que estaba grave y comenzó a trabajar con él enseguida. Lo hizo expulsar las mucosidades de un pulmón y después siguió trabajando en el otro.
­ Me siento mucho mejor ­ dijo el enfermo ­ Había abandonado la lucha y ya esperaba la muerte, porque el dolor era demasiado fuerte.
Mientras ocurría esto, los dos médicos permanecían horrorizados, observando al Auxiliar mientras trabajaba. Querían saber qué había hecho para ayudar al enfermo.
­ Hice algo que vosotros no sois capaces de hacer ­ les dijo.
­ Tengo hambre ­ dijo el enfermo.
­ Haced una buena sopa vegetal para él ­ dijo el Auxiliar ­ Pasad los vegetales primero por una trituradora y luego, después de que estén cocinados, pasad la sopa a través de un colador y dádsela.
­ Si se siente bien como para levantarse, hágalo durante un rato cada día. Haga que la enfermera se quede dos meses más, hasta que haya recuperado las fuerzas ­ dijo volviéndose hacia el paciente.
­ Me gustaría que viniese usted al hospital, ya que tengo dos pacientes muy ricos a los que me gustaría que viese ­ dijo uno de los médicos.
El Auxiliar dijo que iría y los vería y que fuese delante y dijera a los pacientes que los visitaría. Luego bajó a la planta baja y dijo a la esposa del enfermo que su marido estaba mejor y se pondría bien.
­ No tengo hijos y la vida es solitaria sin ellos ­ dijo ­ A pesar de que son molestos, es mejor tenerlos. Siempre quise tener dos o tres y ahora ya tengo cuarenta y siete años.
Imagino que soy demasiado vieja.
­ ¿Querría tener uno o dos hijos si pudiera? ­ preguntó el Auxiliar.
­ Sí, me gustaría tenerlos ­ contestó.
El Auxiliar le dijo que se pusiera de pie y la observó viendo cuál era el problema y lo solucionó enseguida. Le dijo que tendría los niños en poco tiempo y que podía ir a ver a su marido si quería.
­ Ahora no necesita a los médicos, pero haga que la enfermera se quede dos semanas más.
Luego el Auxiliar fue al hospital y se encontró con el médico para ir a ver a una mujer.
­ Tiene usted un buen médico aquí. Sea paciente y él la ayudará a ponerse bien ­ le dijo el Auxiliar para animarla. Llevó la cama al centro de la habitación y la enfermera preparó a la paciente poniéndole una sábana por encima. El Auxiliar supo al momento qué debía hacer, pero se puso a realizar una exploración abdominal. El colon transverso del paciente tenía un vólvulo ­torsión de un asa intestinal que produce una obstrucción del intestino­ que
necesitaba ser resuelto. Puso las manos sobre las sábanas, las desmaterializó, las introdujo en el abdomen y luego materializó algunos dedos para trabajar sobre el vólvulo hasta que lo
pudo solucionar. La paciente gritó diciendo:
­ ¡Me ha abierto el abdomen y me está sacando los intestinos!
Entonces el Auxiliar retiró la sábana y le dijo que mirara. Ella lo hizo y dijo:
­ ¡Es que sentía como si me estuviese cortando!
El Auxiliar dijo al médico que le diese un laxante suave y que su paciente se pondría bien. Luego fue a ver a la segunda paciente y vio que tenía pus en la trompa correspondiente a uno de sus ovarios. Dijo al médico cuál era el problema y que podía solucionarlo sin necesidad de operar, pero que sería doloroso. Preguntó al médico si quería que lo hiciese y éste le contestó que sí.
El Auxiliar dijo al médico que llevase a la paciente al camerino y allí trabajarían sobre ella. Ésta tenía mucho dolor y no le importaba qué se le iba a hacer, con tal de que la ayudasen. La amarraron por los brazos y por las piernas. El Auxiliar materializó una de sus
manos dentro del cuerpo de la mujer, en la trompa enferma, y drenó su contenido, mientras sostenía el abdomen con la otra mano. Extraía el pus y el médico lo iba evacuando.
Al principio, la mujer gritaba, pero pronto se fue sintiendo aliviada. Después de que se la acostó de nuevo en la cama, cayó en un sueño reparador. El Auxiliar sabía que causaría dolor a la paciente durante unos minutos para hacer lo que hizo, pero era mejor curarla de
aquella manera que anestesiarla o hacerla dormir.
­ ¿Cuánto cobrará usted? ­ inquirió el agradecido médico.
­ Nada ­ dijo el Auxiliar ­ sólo que ayude a algún pobre con sus conocimientos.
El médico prometió que así lo haría, y el Auxiliar se marchó tan pronto como pudo.

***
Los Auxiliares necesitan saber de todo un poco, porque van a los hogares y necesitan saber cocinar, o hacer reparaciones menores así como ser buenos enfermeros. Por ejemplo, una noche dos Auxiliares fueron enviados a ayudar a una familia de cuatro personas. Estaban todos enfermos de gripe o resfriados severos y apenas podían valerse. Uno de ellos había cocinado un poco de harina de avena, pero a nadie le apetecía.
Los Auxiliares trabajaron sobre sus cuerpos vitales y les aplicaron la fuerza curativa que proviene de Dios, y pronto se encontraron mucho mejor. La Auxiliar sabía que necesitaban un buen desayuno, así que les preguntó qué clase de comida tenían en casa.
­ Tenemos pan, mantequilla, carne y huevos ­ dijo la madre.
El pan estaba duro pero la Auxiliar les propuso huevos revueltos con tostadas, café y galletas y todos dijeron que les apetecería comer algo. La Auxiliar preparó un buen desayuno en unos pocos minutos y se lo sirvió, junto con un paquete de galletas. Aquella gente quería saber quiénes eran los Auxiliares, y éstos les hablaron sobre su trabajo.
­ ¡Qué extraño! ­ dijo uno de ellos ­ parece un cuento de hadas. ¿Son ustedes Americanos?
­ Sí ­ dijo uno de los Auxiliares.
­ ¿Cómo aprendieron a hablar nuestra lengua tan bien? ­ preguntó otro de ellos.
Los Auxiliares usan lo que se llama el lenguaje del alma cuando están trabajando fuera de sus cuerpos físicos durante el sueño. Entonces pueden entender a la gente de todas las naciones y pueden hablarles y ser comprendidos perfectamente. Esto es algo que parece muy extraordinario a los Auxiliares cuando comienzan a recordar lo que hacen cuando están trabajando durante el sueño.

***
Una noche, dos Auxiliares fueron enviados a ver a un hombre que estaba rezando en demanda de ayuda. Tenía una astilla de madera en un ojo, que le ocasionaba mucho dolor.
Cuando los Auxiliares lo vieron, le dijeron que se tumbara para poder quitarle la astilla del ojo lesionado. El hombre se tumbó en la cama y su esposa permaneció cerca.
­ Por favor, sálvele el ojo ­ dijo ella ­ El médico dijo que puede perder la visión de ese ojo. ¿Lo cree usted?
­ No, no lo creo ­ replicó el Auxiliar.
­ Localiza la astilla y extráela ­ dijo el Auxiliar a su compañera.
Ésta colocó un dedo en el ojo del hombre, lo materializó y empujó la astilla un poco hacia afuera. Luego el otro Auxiliar la asió firmemente y la acabó de extraer.
­ Cariño ­ dijo el hombre a su mujer ­ ella tiene su dedo dentro de mi ojo y perderé la vista.
La mujer comenzó a gritar y se enfrentó con la Auxiliar.
­ Quédese donde está señora ­ dijo el Auxiliar ­ o empeorará las cosas.
La Auxiliar comenzó a dar masaje al ojo hasta que curó la herida.
­ Ahora siento mejor el ojo y puedo ver bien. Muchas gracias ­ dijo el hombre ­ Usted metió el dedo dentro del ojo y sentí como empujaba la astilla y cómo su compañero la terminaba de sacar. ¿Cómo hizo eso? ¿Cómo pudo evitar hacerme daño en el ojo? ¿Quién es
usted? Hay algo extraño en usted. ¿Es usted humana? Sí, imagino que sí porque así lo parece.
­ Sí, ella es humana ­ dijo el Auxiliar ­ Sea bueno y de gracias a Dios por la ayuda que ha recibido ­ y los Auxiliares desaparecieron de su presencia.

***
He aquí cómo fue curada una mujer de un absceso que tenía en la oreja derecha, mediante la curación espiritual: Estaba en la cama sufriendo enormemente y rogando al Señor que tuviese misericordia de ella. Los Auxiliares la hallaron sola en una habitación oscura.
­ Mi querida amiga ­ dijo uno de los Auxiliares ­ hemos venido a ayudarla si así lo desea.
­ ¿Quién es? ­ preguntó ella buscando la luz.
­ No encienda la luz. Podemos ver lo necesario ­ dijo la Auxiliar.
El Auxiliar dijo a su compañera que consiguiera una toalla para sujetar con ella el largo pelo de la mujer sobre su cabeza. Así lo hizo ella y, luego, sujetó las manos de la mujer, mientras su compañero sujetaba la cabeza por un lado de la cama. Luego, pasó la mano por la oreja y extrajo todo el éter enfermo. Cuando el pus salió, la mujer dijo:
­ Me siento mejor y la oreja ha dejado de dolerme.
­ Túmbese sobre este lado y déjela supurar; estará bien en un día ­ dijo el Auxiliar.
La mujer pidió a uno de los desconocidos que encendiese la luz y uno de ellos lo hizo.
­ Dígame cómo consiguió entrar en nuestra casa ­ inquirió la mujer.
­ Caminando ­ replicó un Auxiliar ­ Oímos sus oraciones pidiendo ayuda y vinimos a ayudarla en todo lo que pudiésemos.
­ Muchas gracias, quiero llamar a mis padres para que puedan conocerlos ­ dijo.
­ No, no los despierte porque debemos irnos ya ­ dijo el Auxiliar  ­ Adiós ­ y se marcharon.

***
Una noche, una mujer fue conducida a una Auxiliar cuando estaba fuera de su cuerpo durante el sueño, para que la ayudase, porque había tenido un segundo derrame cerebral y estaba perdiendo progresivamente la movilidad de un brazo y una pierna. Su cara estaba desviada hacia un lado.
­ Quiero que alguien me ayude ­ dijo.
Esta Auxiliar pidió a su compañero que ayudasen a aquella mujer.
­ Vaya a su casa, y veremos que podemos hacer para ayudarla ­ dijo él.
Cuando el Auxiliar llegó a la casa de la mujer, en la zona oriental de los Estados Unidos, la encontraron despierta en la cama. Parecía tener unos cuarenta y cinco año, pero aparentaba mucho más edad, debido a su cara deformada y su expresión aterrorizada.
­ Soy su amigo ­ dijo el Auxiliar ­ No se alarme.
­ Siento que ustedes dos son mis amigos ­ dijo la mujer ­ Este es el segundo ataque que he tenido, y tengo miedo de quedarme desamparada y no ser capaz de cuidar de mí misma. ¿Me ayudará usted? Estoy sola. Soñé que le pedía a una mujer Ángel que me ayudase y ésta dijo a un hombre que lo hiciese y después me desperté.
­ Yo soy ese hombre, y ella es quién me dijo que la ayudase ­ dijo el Auxiliar.
­ Entonces ustedes son Ángeles ­ dijo.
Mientras el Auxiliar estaba hablando con ella, le daba masajes sobre la cabeza.
Entonces, la Auxiliar comenzó a comportarse de una manera extraña.
­ ¿Qué te pasa? ­ preguntó su compañero.
­ No puedo caminar bien y se me desvía la boca hacia un lado ­ replicó.
­ Bien, ahora no podrás hablar tanto ni hacer tanto ruido ­ le dijo él para tomarle el pelo
­ Ayúdame ­ dijo ella.
­ ¿Cuándo vas a recordar que estás fuera de tu cuerpo y a dejar de contagiarte de las enfermedades de las personas a las que ayudamos?
­ ¡Vaya, lo olvidé! ­ exclamó ella, y al momento se puso bien.
El Auxiliar dijo a la mujer a la que había ayudado, que se podía levantar. Ella lo hizo y pudo caminar tan bien como antes. Les agradeció su ayuda y ellos le dijeron qué debía comer, que continuase orando y que así sería capaz de mejorarse a sí misma tanto espiritual como físicamente.

***
Ahora les hablaré de dos hombres a los que unos Auxiliares visitaron una noche, hace algunos años. Una elevada Hermana Lega mostró a los Auxiliares dos hombres que habían intentado suicidarse algunos años antes. Ambos estaban traqueotomizados ­abertura quirúrgica en la tráquea­ y tenían un tubo en la garganta.  Uno tenía un tubo de plástico y otro de vidrio, mediante los cuales se les administraba la alimentación.
Uno de ellos se había arrepentido de su acto, pero el otro se había hecho peor. La Hermana Lega dijo a los Auxiliares que tuviesen cuidado con uno y que ayudasen al otro.
Fueron, primero, a ver al hombre malo. Hallaron que era el jefe de una tribu de árabes, que vivían en una pequeña aldea, y que era muy cruel e injusto en su trato con los demás.
Hacía que se atase a la gente al sol y, luego, les vertía agua fría encima. Esto ocasionaba una subida de temperatura en él y moría de un golpe de calor. Tenía a una joven atada a un poste y un hombre estaba a punto de echarle agua encima, cuando la Auxiliar lo detuvo. El jefe se enfureció por aquella interferencia e insultó a la Auxiliar, abofeteándola.
Ella se sorprendió al principio. Luego lo agarró firmemente y, tomando una vasija, le vertió agua fría sobre la cabeza.
­ Lo siento, pero se lo ha ganado ­ dijo la Auxiliar al sorprendido hombre.
El hombre aulló y trató de soltarse. Cuando lo consiguió, corrió hacia su tienda gritando a sus hombres:
­ ¡Matadla!
Éstos intentaron dispararle, pero sus armas no funcionaron. El otro Auxiliar había dicho a las Salamandras que se mantuviesen quietas y por eso las armas no funcionaron. Los hombres parecían completamente consternados.
­ Si no trata usted mejor a su pueblo, perderá su posición de jefe ­ dijo un Auxiliar al cruel líder ­ Se convertirá en un vagabundo y morirá solo en el desierto.
El hombre prometió hacerlo mejor. Los Auxiliares desaparecieron de su presencia. Se les dijo que se comportaría mejor en el futuro.
Luego, los Auxiliares fueron rápidamente a Sudamérica a ver al hombre que había intentado matarse bebiendo veneno y cortándose en la garganta. Se había enamorado de una joven y, cuando ésta lo rechazó, decidió acabar con su vida. Pero se salvó, y quedó
fuertemente arrepentido de su irreflexivo comportamiento.
Finalmente, se hizo rico. El corte había paralizado su esófago y no podía tragar sino a través de un tubo de plástico. Una parte del veneno que había tomado se había acantonado en la porción inferior de su tracto intestinal y le había causado una severa inflamación.
Cuando los Auxiliares llegaron hasta él, había estado con hipo y estreñido durante cuatro días. Su médico no podía hacer nada para aliviarle, y tenía mucho dolor. Su vientre estaba muy distendido y tenía fiebre alta.
Tenía miedo de morir. Había estado rezando desde que enfermó la última vez, de lo mismo que ahora. Cuando el pobre hombre vio a los Auxiliares, les pidió ayuda.
­ Por favor, ayudádme ­ suplicó ­ No quiero morir. Amo a mi esposa y a mi familia y quiero cuidar de ellos. Tengo miedo de morir. ¡Ayúdame, Señor! ¡Ten misericordia de mí!
El Auxiliar dijo a los miembros de su familia que los dejasen. El hombre tenía dos hijos gemelos de unos doce o trece años. Uno era un chico y el otro una chica.
­ Por favor, déjenos estar ­ dijeron ­ Queremos a nuestro padre y es un verdadero amigo con nosotros.
­ No, queridos niños. Debéis iros ­ dijo el Auxiliar.
Los niños salieron, él cerró la puerta y comenzó a trabajar sobre el enfermo. Le dio masajes hasta que se reanudaron los movimientos peristálticos intestinales. Después de esto le quitó el tubo de la garganta y lo curó mediante la sanación espiritual. Después, el Auxiliar tomó un vaso de leche y se lo dio, y pudo beber con facilidad.
­ Esto es lo primero que bebo desde que tenía quince años ­ dijo.
El Auxiliar hizo que el hombre tomara un baño y luego le indicó que se metiera de nuevo en la cama durante un tiempo para recuperar las fuerzas.
­ ¿Qué se hizo de la mujer a la que usted quería? ­ inquirió el Auxiliar.
­ Está por la ciudad, pero nunca me he encontrado con ella ­ replicó el hombre ­ Mi esposa era mi enfermera en el hospital y me casé con ella dos años después de salir de allí.
El Auxiliar llamó a la familia del hombre y les habló sobre la ley del Karma o ley de Causa y Efecto.
­ ¿Tendré que enfrentarme con este sufrimiento otra vez cuando muera? ­ preguntó el hombre.
­ No, ha sido superado y ya es usted un buen hombre ­ replicó el Auxiliar ­ No coma nunca más carne. Puede comer toda clase de vegetales y frutas, leche, etc. tanto como quiera.
La gemela era una chica encantadora. Se mantenía cerca de la Auxiliar, dandole a entender que le gustaba, y la Auxiliar la besó.
­ ¡Me ha besado un Ángel! ­ dijo alegremente ­ Bese ahora a mi hermano.
La Auxiliar lo hizo y, luego, juntó a los dos hermanos, los rodeó con sus brazos y expandió su aura. A continuación, ambos Auxiliares desaparecieron, dejando a la feliz familia disfrutando de la curación de su marido y padre.
Sí, la curación espiritual es posible, pero no puede ser utilizada siempre. Hay ocasiones en que los Auxiliares se encuentran con personas que están necesitadas de ayuda, pero no se han ganado el derecho a ello y tampoco lo solicitan, por lo que no pueden recibir
ayuda o ser curados. Los Señores del Destino no dan nada a cambio de nada.
Muchos enfermos pueden ser curados por los médicos o por tratamientos eléctricos o de rayos X. Cuando estemos enfermos, se espera que utilicemos todos los medios materiales de curación, primero. Si no podemos curarnos mediante una buena dieta o con remedios caseros, debemos ir al médico. Si fuese necesario, debemos ir a un hospital para ser tratados.
También es bueno rezar pidiendo ayuda, pero debemos procurarnos todos los cuidados que podamos.
Hay casos en que la ciencia médica no puede curar. Por ejemplo, cuando un hombre tiene la garganta paralizada, escasamente puede esperar ser curado por los medios ordinarios.
Todas las cosas son posibles para Dios. No debemos decir precipitadamente que los ejemplos de este libro no son reales. Piense sobre ello, lea su Biblia detenidamente, y puede que se
sorprenda de lo que encuentre allí.
Los días de los milagros no han pasado. Tienen lugar continuamente, pero se habla muy poco de ellos. Muchas personas que han rezado pidiendo ayuda, han sido curadas mediante la sanación espiritual. Algunos, han visto a los Auxiliares que vienen a ayudarlos; otros, los han oído hablar y han conversado con ellos tal como lo hacen con sus amigos.
Otros, han sentido su presencia. He tenido noticias de gran número de casos en que el enfermo había contactado con los Auxiliares Invisibles y habían hablado.

***
Los Auxiliares se encuentran con muchas personas y presencian sucesos extraños:
Una noche, dos Auxiliares fueron enviados a ayudar a una joven que había sido envenenada por su madre. Su cara y brazos estaban cubiertos de llagas y su lengua estaba casi blanca.
Estaba seriamente asustada y casi desesperada. Había sido envenenada con arsénico.
Al parecer, había estado pagando una póliza de seguros de cinco mil dólares, que estaba a nombre de su madre. La madre quería el dinero y por eso puso el arsénico en la caja de cosméticos de su hija para matarla. La joven lo había usado sobre su cara y manos, y
hubiese muerto sin no se la hubiese ayudado.
El Auxiliar consiguió un poco de harina y leche, preparó una cataplasma y la puso en la cara y en los brazos de la joven para eliminar el veneno. Pronto estuvo fuera de peligro. El Auxiliar le dijo que se fuese tan pronto como pudiese y dejase a su madre completamente sola. Ella dijo que lo haría porque le tenía miedo y sospechaba que estaba tramando algún otro plan en su contra.
La vida es muy extraña. Algunos padres venderían a sus hijos por dinero, mientras que otros arriesgarían sus propias vidas para salvarlos. Hay toda clase de personas en el mundo.
En el caso de esta joven, no merecía una muerte así y por eso sus oraciones fueron respondidas.

***
He aquí lo que ocurrió en cierta ocasión: Dos Auxiliares sobrevolaban las junglas de África y hacía mucho calor. Algunos nativos estaban en el bosque buscando algo de fruta, cuando una gran cobra se acercó a ellos y arrojó su veneno sobre un hombre y un niño.
Comenzaron a rascarse y el veneno hubiese interrumpido pronto su circulación sanguínea, matándolos, si no se les hubiera ayudado instantáneamente.
La Auxiliar agarró al niño y su compañero al hombre y, juntos, los llevaron hasta una pequeña corriente de agua. Les lavaron el veneno y extrajeron el éter infectado de sus manos, cara y piernas; pronto estuvieron en buen estado.
Cuando los Auxiliares se iban, encontraron a una mujer en problemas. Había sido mordida por una serpiente, y la gente había huido dejándola sola. Los Auxiliares encontraron un pedazo de diente de serpiente en su carne. Lo sacaron, lo examinaron y vieron que estaba hueco. Podía ser la cobertura del diente que era la que expulsaba el veneno.
Un Auxiliar succionó el veneno de la herida, mientras el otro extraía el éter infectado de la pierna. La mujer abrió los ojos e intentó arrodillarse ante los Auxiliares para rendirles homenaje, porque pensaba que eran Ángeles. Por extraño que parezca, todas las razas conocen a los Ángeles, incluso si no los han visto, pero no muchos parecen conocer a los Auxiliares Invisibles que tienen cuerpos físicos que pueden abandonar dormidos en su casa, mientras viajan en su cuerpo alma.
Los Auxiliares llevaron a la mujer a su casa y dijeron a los nativos que los tres heridos se pondrían bien y que la próxima vez pusieran más cuidado. La gente estaba encantada de ver a los Auxiliares y les agradecieron su ayuda.
Los bosques donde crecen frutos y bayas están infestados de serpientes, y es peligroso ir allí. Los Auxiliares vieron muchos huesos humanos entre los tupidos matorrales cercanos.
Luego, trabajaron sobre dos de los nativos que estaban enfermos. Mientras estaban en aquel lugar, los Auxiliares vieron al nativo hechicero y a un montón de elementales a su alrededor.
­ ¿Puede usted curar las mordidas de serpiente? ­ le preguntó un Auxiliar.
­ No ­ dijo ­ Ningún humano puede curar la mordedura de una serpiente venenosa.
­ Sí, hay quien puede ­ dijo el Auxiliar ­ De donde venimos, los médicos pueden curar las mordeduras de serpiente.
­ Entonces debéis venir del Dios Sol, donde todas las cosas son realidad ­ replicó el hechicero.
Se dijo a los Auxiliares que dijeran a este hombre que si era bondadoso y justo con toda la gente de su aldea y de otras cercanas y los ayudaba a ser mejores, se le daría poder sobre las serpientes y las bestias salvajes. El hombre prometió que lo haría.
­ Si no lo hace como lo ha prometido ­ dijo el Auxiliar ­ algo en la jungla lo matará.
­ Seré bueno y ayudaré a la gente ­ prometió de nuevo.
Los Auxiliares expulsaron a los elementales del hombre y luego le dijeron que los siguiese. Se introdujeron en unos matorrales y hallaron una gran serpiente; uno de los Auxiliares dijo al nativo que la agarrase por la cabeza. Él lo hizo y la serpiente no lo atacó.
Los Auxiliares miraron en el Mundo del Deseo y hallaron a los Espíritus Grupo de las serpientes y las bestias. Les dijeron que aquel hombre era un amigo y que evitasen que sus protegidos lo hiriesen. Dijeron a aquellos Espíritus Grupo que diesen al hombre
conocimientos para curar a los que hubiesen sido mordidos o heridos, mientras mantuviese su promesa. Los Espíritus Grupo dijeron que lo harían así. El hombre vio y oyó todo lo que
había tenido lugar y se transformó en un hombre completamente nuevo.
Los Auxiliares le dijeron que su pueblo no siempre haría lo que él les dijera, pero que debía ser paciente con ellos. Él dijo que así lo haría y los Auxiliares lo dejaron y continuaron con su trabajo. Posteriormente, regresaron y encontraron a aquel hombre de nuevo, y comprobaron que lo estaba haciendo muy bien. Estaba ayudando a los nativos de muchas formas.

***
Una noche, unos Auxiliares fueron a ayudar a un bebé encantador que estaba enfermo.
Antes de que fueran a verla, se les mostró a una niñita de un año acostada en la cama al lado de su madre. El bebé era tan delicado y lindo como un Hada. Tenía una tez blanca, ojos azules y pelo rizado.
La nena había tenido un resfriado que, rápidamente, se había transformado en una neumonía. Su madre ignoraba la verdadera situación de su hija pero, antes de irse a dormir, pidió a Dios ayuda para su niña. El jefe del trabajo de curación mostró este bebé a una
Auxiliar para que pudiese reconocerla y ésta se dirigió hasta ella. Cuando la nena la vio, extendió las manos y el amor de la Auxiliar atrajo al bebé a sus brazos. En este caso, el amor ocasionó la suspensión de la gravedad y atrajo al pequeño bebé hacia la Auxiliar.
La Auxiliar pidió que la nena se curase y luego la depositó de nuevo en la cama, mientras le sonreía al dejar la habitación. La madre continuaba durmiendo, inconsciente de lo que le había ocurrido a su hija.

***
Una noche, dos Auxiliares vieron a un hombre acurrucado en una calle, y fueron hacia él. Había estado en casa de unos amigos jugando al poker y había ganado una gran suma de dinero. Después de terminar la partida, se habían servido algunos refrigerios y había comido y bebido algo antes de irse a casa. Alguien de la casa le había puesto algo en el sandwich para que se durmiese y poderle robar cuando se derrumbase en la calle. El whiskey que había
bebido tuvo un efecto estimulante y se había mantenido despierto. Pero, finalmente, tuvo severos calambres y cayó al suelo, doblado sobre sí mismo, sobre el asfalto, deteniendo el tráfico. Los Auxiliares lo levantaron y lo volvieron en sí.
­ Parece como si tuviese un nudo en el estómago, ¿no? ­ preguntó el Auxiliar al hombre.
­ Sí ­ replicó el atemorizado hombre ­ Por favor, ayúdeme.
El Auxiliar le dio masajes en el vientre para que pudiese levantarse, hasta que el hombre se recobró y fue capaz de irse a su casa.
­ La gente con la que estuvo jugando no son amigos suyos ­ le dijo el Auxiliar ­ Es mejor que se aparte de ellos desde ahora.

***
He aquí como se ayudó a una mujer inválida: Una noche, unos Auxiliares fueron a ver a una mujer de unos treinta y cinco años. Diez años antes había contraído reumatismo, que la había dejado inválida. Tenía un esposo que le proporcionaba una buena vida y un buen hogar.
Y tenía dos hijos de catorce y quince años. Los Auxiliares la hallaron sentada en una silla de ruedas en el porche de su casa y comenzaron a hablar con ella. Dijo que no podía entender la
Biblia de la misma forma que lo hacían los predicadores o los curas.
­ Creo que hay un significado más profundo en la Biblia ­ dijo ­ ¿Quiénes son los que reciben los dones de los que la Biblia habla? ¿Cómo los obtienen? ¿Cómo hacen saber a Dios lo que desean? He hecho lo que la Biblia dice sobre orar y pedir cosas, pero no he
recibido respuesta. El predicador no puede darme una respuesta. ¿A quién debo acudir ahora?
­ Debe usted cambiar su manera de pensar ­ dijo el Auxiliar ­ Debe desechar todos los prejuicios contra todo y tratar a todo el mundo amablemente. Debe dejar de comer carne, aves y pescados. En vez de eso, debe comer vegetales, frutas, zumos de frutas, mantequilla,
leche y pan integral.
­ Lo haré ­ respondió la mujer.
­ ¿Podemos entrar? ­ le preguntó el Auxiliar amablemente.
­ ¿Vais a hacerme daño? ­ preguntó ella.
­ No, no sólo no vamos a hacerle daño sino que podemos ayudarla ­ dijo el Auxiliar.
La mujer permitió entrar a los desconocidos, les pidió que se sentaran y comenzando a hablar sobre lo caluroso del tiempo.
­ Venga, levántese y trate de caminar ­ dijo el Auxiliar ­ Puede que Dios ya la haya curado, pero no ha intentado usted caminar aún.
­ ¡Claro que sí! Lo he intentado un montón de veces, aunque no hoy ­ dijo la mujer.
Él la ayudó y se puso de pie.
­ ¡Vaya! He sentido un choque cuando me ha tocado ­ exclamó ella.
­ Déme un poco de agua ­ dijo el Auxiliar súbitamente.
La mujer fue y trajo el agua, olvidándose de su estado. Cuando regresó, el Auxiliar le explicó la Biblia y sus enseñanzas y también le explicaron su trabajo de curar a otros. Cuando los Auxiliares estaban listos para irse, le estrecharon la mano a la mujer.
­ Esta es la mejor visita que he tenido en mi vida, y ha respondido usted a todos mis interrogantes ­ dijo con voz alegre, caminando hacia la puerta con los desconocidos.
­ Vea como Dios la había curado y usted no lo sabía ­ le dijo el Auxiliar.
La mujer quedó durante unos segundos demasiado sorprendida para hablar y luego dijo:
­ ¡Me olvidé de que estaba enferma, hasta de la silla de ruedas, e incluso fui a buscar el agua! Muchas gracias por su ayuda.

* * *


del libro LA LABOR DE LOS AUXILIARES INVISIBLES
por Amber M. Tuttle
traducción de Manuel Padrón

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