humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

*
del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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martes, 21 de diciembre de 2010

AUTOCONTROL EN LA ERA DE ACUARIO


XX. AUTOCONTROL EN LA ERA DE ACUARIO

“De todas las ataduras que encadenan al mundo
Se libera el hombre cuando consigue el control de sí mismo.”

Goethe.


La Era de Acuario ha de ser una época de libertad individual. Las vidas de las personas
han de ser liberadas del dominio de reyes, sacerdotes, maestros, opinión pública,
arcángeles (espíritus raciales) e influencias astrológicas. Cada persona debe aprender a
dirigir su propia vida. Examinemos qué implica el tener control sobre nosotros mismos.

La Biblia afirma que “Dios es espíritu” (Juan 4:24) y que “Dios creó al hombre a
imagen suya” (Gén. 1:27). Por consiguiente, el hombre es un espíritu. Cada espíritu
humano ha construido para él mismo, con alguna ayuda externa, una mente, un cuerpo
de deseos, un cuerpo vital y un cuerpo físico denso. La mente puede ser empleada para
razonar y crear planes. En el cuerpo de deseos toman forma los deseos, aspiraciones y
emociones de la persona. El cuerpo vital recibe las percepciones sensoriales tienen lugar
y se graban los hábitos y los recuerdos. El cuerpo físico denso es el instrumento a través
del cual el Espíritu puede interaccionar con los sólidos, líquidos y gases del mundo
físico. Aprender a controlar sus vehículos es responsabilidad del Espíritu. Un problema
que encuentra el Espíritu al tratar de controlar sus vehículos son las limitaciones de los
mismos. Un Espíritu no puede hacer volar un cuerpo denso si éste carece de alas u otras
estructuras apropiadas. Para solventar tales problemas el Espíritu ha de reestructurar el
arquetipo del cuerpo, trabajo que se efectúa habitualmente entre dos vidas terrestres,
cuando la conciencia del Espíritu está enfocada en los mundos superiores.

Otro problema que encuentra el Espíritu al tratar de controlar sus vehículos es que éstos
pueden ser insensibles a las órdenes del Espíritu. Por ejemplo, aunque los vehículos
tengan las estructuras requeridas para tocar música hermosa e inspiradora al piano,
todavía el Espíritu puede tener dificultades para hacerse obedecer en su impulso de
tocar música. Se necesita práctica para salvar este tipo de dificultad.

Otro problema que encuentra el Espíritu es que los vehículos con la organización y
sensibilidad necesarias todavía pueden dejar de funcionar apropiadamente, a menos que
reciban los cuidados adecuados. Cuando los vehículos dejan de funcionar
adecuadamente el Espíritu ya no puede dirigirlos con facilidad. Este problema se
resuelve al conocer lo que los vehículos necesitan para mantenerse sanos y al ejercitar
consecuentemente el poder de voluntad para llevar a término lo que se sabe es correcto.
Los vehículos son también difíciles de gobernar porque tienen deseos propios que son
contrarios a la voluntad del Espíritu. Los vehículos se deleitan en actos, sentimientos y
pensamientos salvajes e incontrolados. La mente vagaría antes que concentrarse en
resolver un problema que el Espíritu haya puesto ante ella. Los deseos preferirían
reaccionar al odio con odio, antes que someterse al control interno necesario para
transformar el odio en amor, de modo que se pueda reaccionar con amor incluso al
recibir odio. El cuerpo vital y el físico se sienten más cómodos haciendo aquello que
están acostumbrados a hacer, antes que estando sujetos al tipo de control requerido para
cambiar sus patrones de acción. Los vehículos disfrutan con los placeres sensuales que
pueden obtenerse del alcohol y otras drogas, aunque éstas arrebaten su control al
Espíritu. Los vehículos quieren estimulación sexual, aunque sea a costa de la fuerza
creadora que el Espíritu quiere emplear para construir la mente y hacerla operar
creativamente. Los vehículos buscan comodidades y descanso, mientras que el Espíritu
quiere obtener experiencia. Los vehículos quieren satisfacer sus propias necesidades y
deseos egoístas, mientras que el Espíritu crece sirviendo a otros.

Pablo era consciente de estas cosas cuando escribió: “Andad en espíritu y no deis
satisfacción a la concupiscencia de la carne. Porque la carne tiene tendencias contrarias
a las del espíritu, y el espíritu tendencias contrarias a las de la carne... Las obras de la
carne son manifiestas, a saber: fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería,
odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones, envidias, homicidios,
embriagueces, orgías y otras como éstas... Los frutos del espíritu son: caridad, gozo,
paz, longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.” (Gál. 5:16-23)

¿Qué necesita hacer el Espíritu para que prevalezca su voluntad sobre las tendencias de
los vehículos? El punto de arranque para conseguir el control es la mente. Cuando los
vehículos inferiores toman el control, llevan a la mente a racionalizar y a aportar
razones de por qué las cosas son como ellos dicen. El Espíritu debe insistir en que la
mente piense objetiva y lógicamente, cesando en sus racionalizaciones. El Espíritu
necesita que la mente aprenda a distinguir entre deseos de los vehículos inferiores y
metas del Espíritu. Una vez que esa distinción está establecida, el Espíritu puede
conseguir el compromiso de la mente para planear sólo aquello que lleve hacia las metas
del Espíritu. Así, los deseos y actos pueden ser alineados con la decisión de la mente.

Cuando la mente ha tomado una determinación bajo la dirección del Espíritu, entonces
esa determinación debería ser mantenida a menos que se demuestre que es un error. Si
la decisión fue conseguir una meta, demoras, retrasos o fracasos repetidos no deberían
debilitar la determinación inicial. Si la determinación era realizar una tarea en beneficio
de la sociedad o de una persona, la gratitud o ingratitud que uno reciba no debe
permitirse que influya en las acciones propias.

Una vez que una persona ha desarrollado autocontrol, puede decidir por sí misma dónde
irá y qué hará. Será capaz de afirmar con William Henley:

Soy el amo de mi destino,

Soy el capitán de mi alma.

* * *

del libro: La Era de Acuario Por Elsa M.Glover

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