humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

*
del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

*
* *

*



Pueblos Originarios

Loading...

CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS

CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS
Max Heindel

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

Loading...

Departamento de Curacion de The Rosicrucian Fellowship

Departamento de Curacion de The Rosicrucian Fellowship
Ingrese aquí

Portal ROSACRUZ

Portal ROSACRUZ
Auxiliar Invisible

Rosacruz Chajarí

Cristo Salvador

DECIMO ENCUENTRO ROSACRUZ AMERICANO - ROSARIO 2012

Loading...

Los Misterios Rosacruces

Loading...

martes, 6 de noviembre de 2012

¿DONDE ESTÁN LOS MUERTOS? - INSTRUCCIÓN II



INSTRUCCIÓN II



¿DONDE ESTÁN LOS MUERTOS?

Un poco de meditación hará evidente a cualquier investigador que vivimos en un mundo de efectos que es el resultado de causas invisibles. Vemos la Materia y la forma, pero la Fuerza que moldea a la materia en formas y la vivifica es invisible para nosotros. No podemos conocer la vida directamente por medio de los sentidos; es invisible y existe por sí mismo independiente de las diversas formas que vemos como manifestación de ella.

Electricidad, magnetismo, vapor, son otros tantos nombres que damos a fuerzas que no podrán ver nunca los ojos físicos, si bien sujetándolas a ciertas leyes descubiertas por la experimentación podemos convertirlas en nuestros servidores más valiosos. Vemos su manifestación en el movimiento de los automóviles, en los ferrocarriles y vapores; ellas iluminan nuestro camino por la noche o llevan nuestros mensajes en torno del globo con una velocidad tal, que el espacio queda casi como aniquilado, poniendo las antípodas al
alcance de nuestra mano en pocos segundos de tiempo.

Ellas están enteramente bajo nuestro dominio, infatigable y fieles en la realización de innumerables tareas, si bien, como ya dijimos, nunca hemos visto a esas fidelísimas e inestimables servidoras. Esas fuerzas naturales no son ni ciegas ni ininteligentes como equivocadamente creemos; hay muchas clases de ellas y obran en diferentes sentidos en la vida. Puede ser que una ilustración haga más claro su estado con relación a nosotros.

Supongamos un carpintero construyendo una empalizada y un perro ante él
observándolo. El perro ve al carpintero y a su obra a la vez, si bien no comprende del todo que es lo que está haciendo. Si el carpintero fuera invisible para el perro éste vería que la empalizada se iba formando lentamente, vería como se hundían los clavos, percibiría la manifestación pero no la causa y estaría entonces en la misma relación respecto al carpintero que nosotros respecto a los fuerzas naturales que se manifiestan en torno nuestro como gravedad, electricidad o magnetismo.

Durante las últimas centurias, pero especialmente en los últimos sesenta años, la ciencia ha hecho enormes progresos en la investigación del mundo en el que vivimos y el resultado ha sido la revelación en todo sentido de un mundo anteriormente invisible. Con telescopios de creciente poder los astrónomos han ido penetrando el espacio, descubriendo más y más mundos; con admirable ingeniosidad han unido la cámara obscura al telescopio y han fotografiado así soles que están a enormes distancias de nosotros, tanto, que sus rayos no impresionan nuestra retina y únicamente pueden
encontrarse mediante largas horas de exposición con placas sumamente sensibles.

En el dominio de lo diminutamente pequeño, la creciente perfección del microscopio ha obtenido resultados semejantes; un mundo invisible anteriormente ha sido descubierto, conteniendo una vida activísima cuya diversidad es apenas menos compleja que el mundo que percibimos a través de nuestros imperfectos sentidos. El mirar a través del ocular de un microscopio produce una gran fatiga en los ojos, pero aquí también los lentes de la cámara obscura ayudan al hombre. Con los accesorios mecánicos apropiados y con una iluminación conveniente se pueden obtener placas permanentes de
los fenómenos microscópicos a una velocidad aproximada de setenta negativos por segundo. Éstos pueden ser luego amplificados y proyectados sobre una pantalla como cuadros vivientes, movibles, que centenares de personas pueden ver a la vez sentadas confortablemente.

Puede observarse como la savia circula lentamente por las venas de una hoja o examinar el camino que recorre la sangre a través de las semitransparentes venas de la pierna de una rama. Los gusanos del queso parecen tan grandes como cangrejos caminando de un lado para otro en busca de presa. Una gota de agua contiene muchos globitos de color obscuro que crecen y revientan arrojando numerosísimas bolitas minúsculas que a su vez se expanden y salen fuera de su matriz. El doctor Bastián, de Londres, ha pedido ver
hasta una pequeña manchita situada en el dorso de un cíclope (de los que hay muchos en una gota de agua) que se desarrollaba convirtiéndose en un parásito que luego se alimentaba del cíclope. Por medio de los rayos X la ciencia ha podido invadir los pliegues más recónditos del cuerpo denso de un ser humano vivo, fotografiando el esqueleto y cualquier substancia extraña que se hubiera alojado allí por cualquier accidente. De esta manera se ha descubierto un mundo nuevo, anteriormente invisible a la mirada de los
persistentes investigadores. ¿Quién podría decir que se ha llegado al fin; que no hay otros mundos en el espacio más allá de los fotografiados actualmente por los astrónomos; que no hay vida que habite formas más diminutas que las ya descubiertas por los mejores microscopios de hoy? Mañana puede descubrirse o inventarse algún instrumento que llegue más allá que todos los actuales y que muestre mucho de lo que hoy es invisible. La infinidad del espacio, de lo grande y de lo pequeño parece estar más
allá de toda cuestión y es independiente de nuestro conocimiento.
Considerando las maravillosas realizaciones de la. ciencia física, hay una característica que debe notarse particularmente: que cada nuevo descubrimiento se ha efectuado mediante algún invento nuevo o perfeccionamiento de otros ya existentes para ayudar a
los sentidos; y por esa razón las investigaciones de la ciencia han quedado limitadas al mundo de los sentidos: el mundo físico denso. Los hombres de ciencia operan con los elementos químicos, sólidos, líquidos y gases; pero más allá de esos no, porque no tienen instrumentos capaces para ello, si bien se ven obligados a admitir la existencia de una substancia más sutil que llaman "éter" pues sin ese médium sutil no pueden explicar la luz, la electricidad, etc. Vemos, pues, que la ciencia física reconoce inductivamente la
existencia de un mundo invisible como una necesidad en la economía de la Naturaleza.

La ciencia física y la oculta concuerdan por lo tanto en ese punto y ambas buscan la solución de los problemas en el mundo invisible. Sólo difieren en cuanto al método de investigación y a la fe que debe prestarse a los resultados así obtenidos. La ciencia material busca explicación a los problemas no solucionados sólo sobre una base puramente física, tal como el paso de las ondas luminosas a través de un vacío o la analogía de las flores de la estación actual con las de los veranos pasados. En tales casos admite un algo invisible e intangible como el éter o la herencia y se enorgullece de
su perspicacia y de la ingeniosidad de sus explicaciones.

La ciencia oculta afirma que la raíz de todo fenómeno visible es una causa invisible, la que cuando se conozca proporcionará una comprensión más perfecta de los hechos de la vida que el concepto mecánico, y esa idea más comprensiva se obtiene por el estudio de ambos, el fenómeno y el noúmeno las causas que subyacen en el mundo invisible.

Aquélla (la ciencia oculta) investiga por lo tanto los mundos invisibles y ofrece una solución más perfecta y razonable a los problemas de la vida que los simples hechos de la ciencia derivados solamente de la observación de los fenómenos físicos. La ciencia material admite el éter y la herencia como soluciones a los problemas citados, si bien no puede dar una prueba real de la verdad de sus hipótesis excepto su aparente razonabilidad. Sin embargo, cuando la ciencia oculta que emplea métodos similares
declara la existencia del Espíritu, su inmortalidad, su preexistencia al nacimiento y su persistencia después de la muerte, su independencia del cuerpo, etc., la ciencia física sonríe burlonamente y habla atolondradamente de superstición y de ignorancia. Pide pruebas, aunque la evidencia ofrecida es por lo menos tan buena como la que dan los hombres de ciencia sobre el éter, la herencia y otras numerosas ideas emitidas por ellos, implícitamente creída por la multitud, que admirada toca el polvo con la cabeza ante
cualquier cosa dictada por la mágica palabra: Ciencia. Nadie puede demostrar una verdad contenida en cualquier proposición geométrica a una persona que no esté versada en los principios matemáticos. Por análogas razones no pueden probarse los hechos de los mundos internos a los científicos materialistas. Si la persona que ignora las matemáticas las estudia entonces será facilísimo satisfacerla en cuanto a la solución de
sus problemas. Cuando la ciencia física se haya preparado para la comprensión de los hechos suprafísicos, obtendrá la prueba y se verá obligada a sostener las teorías que ahora combate como superstición.

La ciencia oculta comienzo su investigación en el punto en el que la ciencia material la abandona en el portal de los dominios suprafísicos mal llamados sobrenaturales. No hay nada sobre natural o innatural, nada que pueda estar fuera de la Naturaleza, si bien puede ser muy bien suprafísico, porque el mundo físico es la parte más pequeña de la Tierra. Sin embargo, diferentemente de la ciencia materialista, el ocultista no efectua sus
investigaciones por medio de instrumentos mecánicos, sino perfeccionándose a sí mismo, cultivando las facultades perceptivas latentes en todos los hombres capaces de ser despertadas mediante el ejercitamiento conveniente. Las palabras de Cristo "buscad y encontrarais" se refieren particularmente a las cualidades espirituales y se dirigen a "todos los que quieran"; todo depende de uno mismo; no hay nadie que ponga obstáculos
pero en cambio hay muchos dispuestos a ayudar a todo aspirante aplicado que anhele el conocimiento. Discutir los medios y caminos para obtenerlo está, sin embargo, fuera del tema que tratamos y lo dilucidaremos en las Instrucciones III y XI.

"Pero" dirán algunos "¿por qué molestarse por los mundos invisibles? Si estamos colocados en este mundo material ¿qué tenemos que hacer en esos mundos invisibles ahora? Y aún cuando sea cierto que vamos a ellos después de la muerte, ¿por qué río ocuparnos de cada mundo a la vez, a su debido tiempo? Bastantes molestias y fatigas nos proporciona éste hoy, ¿para qué aumentarlas más?" Seguramente, esa concepción
de las cosas es muy estrecha. En primer término, el conocimiento de lo que ocurre después de la muerte nos quitaría el miedo de ella que atormenta a tanta gente aún cuando gocen de buena salud. Aún en la vida más libre de cuidados hay momentos en los que alguna vez llega el pensamiento de aquélla en la obscuridad, lo que cierra los sentidos a la alegría de la vida, y cualquier explicación que ofrezca un conocimiento definido, de confianza, sobre el asunto, debe ser seguramente bien recibido. Además, cuando miramos en torno nuestro en el mundo, vemos que hay una ley evidente hasta
para los más tardos: la ley de causalidad. Nuestro trabajo y condiciones diarias dependen de lo que hicimos o dejamos de hacer el día anterior; nos es absolutamente imposible librarnos de nuestro pasado, el poder "comenzar nuevamente en libertad". No podemos realizar acto alguno que no esté en relación con nuestros actos anteriores, limitados y rodeados como estamos por nuestras acciones primitivas; y es muy razonable suponer
que cualesquiera que puedan ser los modos de expresión de la vida en el mundo invisible, estarán determinados en alguna forma por nuestra manera actual de vivir. Y sería igualmente lógico declarar que si se pudiera obtener alguna información de confianza sobre ese mundo invisible se obraría sabiamente preparándose para ello, por las mismas razones que cuando deseamos viajar por países extranjeros tratamos antes
de familiarizarnos con su geografía, leyes, costumbres, lenguaje y otras cosas
necesarias. Hacemos ésto porque sabemos que cuanto más equipados estemos con ese conocimiento tanto más provecho sacaremos de nuestro viaje y menores serán las molestias que nos ocasionarán esos cambios. Y lo mismo debe ser lógicamente cierto respecto a los estados post-mortem.

Nuevamente el objetador dirá: "Pero si precisamente está ahí la cuestión! Sean cuales fueren las condiciones después de la muerte nadie las conoce con certeza. Los que dicen conocerlas difieren todos en sus relatos, muchos de los cuales son irrazonables o imposibles".

En primer lugar, nadie tiene moralmente el derecho de asegurar que nadie sabe, salvo que él mismo sea omnisciente y conozca la extensión de los conocimentos de todos los que viven, y es el colmo de la arrogancia el tratar de juzgar las capacidades mentales de los demás por las propias estrechas ideas que tienen los que generalmente hacen esas afirmaciones. El sabio tiene siempre pronto el oído para escuchar toda nueva evidencia y
estará deseoso de investigarla. Y aún cuando no hubiera más que un sólo hombre que afirmara conocer los mundos invisibles eso no probaría en manera alguna que estuviera equivocado. ¿No se mantuvo solo Galileo cuando afirmaba su teoría sobre el movimiento de los cuerpos celestes, a la cual se convirtió después todo el mundo occidental?

En cuanto a las diferencias en los relatos de los que afirman conocer los mundos invisibles, es muy natural que así sea y es un hecho inestimable, como lo probará una ilustración tomada de la vida diaria. Supongamos que la ciudad de San Francisco (California) ha sido completamente reconstruida en gran escala, con todos los perfeccionamientos modernos y se hubiera decidido celebrar el acontecimiento con un gran festival. Millares de personas acudirían a la Golden Gate (Puerta de Oro) para regocijarse en el nuevo Fénix, surgido de las cenizas de esa hermosa ciudad tan súbitamente arrasada por el fuego. Entre otros vendrían probablemente un buen número de periodistas, reporteros de diversas partes del país, con objeto de enviar crónicas a sus
respectivos diarios. Puede deducirse fácilmente que ni dos crónicas de las enviadas serían iguales. Algunas tratarán determinados puntos en general. Otras serán completamente distintas de las demás bajo cualquier aspecto en que se las considera, por la sencilla razón de que cada reportero vería la ciudad desde un punto de vista particular anotando solamente lo que le llamara la atención. Así, pues, en vez de ser la diversidad de las crónicas un argumento contra su verosimilitud y certeza, se verá
facilmente que todas no son más que aspectos diversos de un todo único y puede agregarse que un hombre que haya leído todas las crónicas habrá adquirido una idea mucho más amplia sobre San Francisco que si sólo hubiera leído una, subscripta por uno de los tantos periodistas.

El mismo principio debe aplicarse a los diferentes relatos descriptivos de los mundos invisibles; no son necesariamente falsos porque sean distintos, sino que en conjunto forman una narración más completa y acabada. En cuanto a los relatos "imposibles", supongamos que uno de esos reporteros idos a San Francisco, en vez de haber observado los festejos hubiera empleado su tiempo en divertirse, enviando luego una crónica imaginaria: seguramente, eso no invalidaría las crónicas hechas honradamente.

O supongamos que uno de ellos llevaba un par de anteojos amarillos sin saberlo y que enviara una crónica diciendo que casas y calles eran de oro; eso demostraría únicamente su ignorancia respecto a que ese color era de sus anteojos y no de la ciudad, y su crónica en nada perjudicaría a la verdad reflejada en las de los demás. Y por último recordemos que aún cuando actualmente hay algunas cosas que están más allá de nuestro poder de
raciocinio presente, eso no prueba absolutamente que sea irrazonable. El que un niño no comprenda la raíz cuadrada no es prueba alguna contra las matemáticas. En una palabra, los materialistas no pueden oponer argumento alguno para probar que no hay ningún mundo invisible, así como un hombre nacido ciego no puede discutir la existencia de la luz y del color en el mundo que le rodea. Si obtiene su vista los verá. Ningún argumento de los ciegos respecto de ese mundo puede convencer al vidente de la no
existencia de lo que ve, y si el sentido apropiado se despierta en esas personas
percibirán ellas también, el mundo para el que antes eran insensibles, aunque estaba en torno de ellas, así como la luz y el color compenetran todo el mundo de los sentidos percíbanse o no. Pasando de este testimonio negativo de la existencia de los dominios suprafísicos a una evidencia más efectiva, otro ejemplo tomado de la vida diaria demostrará que en toda la Naturaleza la materia está transformándose constantemente de estados densos en estados sutiles. Si tomamos un trozo de hielo tenemos un "sólido"; calentándolo aumentamos la vibración de los átomos que lo componen y se convierte en
un "líquido": agua. Si lo calentamos aún más, elevaremos las vibraciones de los átomos del agua, a un grado tal que se llegarán a hacer invisibles para los ojos; entonces tenemos un "gas" que llamamos vapor. La misma materia que era visible como hielo y como agua ha pasado más allá de nuestra visión, pero no más allá de nuestra existencia; enfriándola la condensaríamos convirtiéndola en agua, y enfriándola aún más la cristalizaríamos en hielo.

Aunque la materia pueda traspasar el radio de nuestra percepción sigue siempre existiendo. Así sucede con el conocimiento interior. La conciencia subsiste también, aún cuando no pueda dar seriales de existencia. Esto ha sido probado en varios casos en los que una persona ha muerto aparentemente, no pudiéndose percibir el más leve movimiento respiratorio, y en el último momento, antes del entierro, el supuesto muerto ha vuelto a la vida, repitiendo todas las palabras y describiendo todos los actos de
aquellos que lo rodeaban cuando estaba en trance. Por lo tanto, si la materia es indestructible y se sabe que existen estados invisibles e intangibles de la misma y si el conocimiento interior está tan alerta o es quizás más perspicaz cuando el cuerpo denso está en trance que en la vida despierta, ¿no es razonable suponer que este conocimiento interior puede modelar la materia invisible para nosotros y funcionar en ella cuando se desencarna (así como moldea durante la vida terrestre la materia de este mundo) produciendo o trayendo así a la existencia otro mundo de formas y de conocimiento
interior tan real para el espíritu desencarnado como este mundo lo es para los ojos físicos?
Aún durante la vida en el cuerpo denso conocemos y tratamos con el mundo invisible en cada momento de nuestra existencia, y la vida que en él vivimos es la parte más importante de nuestro ser: La base de la vida en el cuerpo denso. Todos tenemos una vida interna, que vivimos en medio de nuestros pensamientos y sentimientos, contemplando escenas y condiciones desconocidas para nuestro alrededor externo. Allí la mente da forma a nuestras ideas, convirtiéndolas en imágenes mentales que después
exteriorizamos. Todo cuanto vernos en torno nuestro y todo cuanto está en contacto con nuestros sentidos no es sino la sombra evanescente de un mundo invisible e intangible.

El mundo visible es la cristalización de los dominios invisibles, así como la conchita dura y graciosa del caracol no es más que la cristalización de los jugos de su blando cuerpo.

Además, así como la casita del caracol es inerte y permanecería inmóvil si el caracol no la moviera, así también los cuerpos vegetales, animales y humanos no son sino emanaciones inertes del espíritu que subyace en el mundo invisible y salvo que esa vida subyacente galvanice la forma y la ponga en acción, ésta es incapaz de movimiento.

Esos cuerpos se conservan únicamente mientras sirven para los propósitos del Espíritu; cuando éste los abandona ya no hay nada que pueda mantener la forma unida y por eso se disgrega, se desintegra.

Aún más, todo lo que vemos en tomo nuestro como las casas, automóviles, vapores, teléfonos, y en una palabra, todos los objetos que la mano del hombre ha construido, no son más que IMAGINACIONES cristalizadas, que tienen su origen en el mundo invisible.

Si Graham Bell, no hubiera imaginado el teléfono, nunca hubiera éste existido. Fue la "vida interna" de Fulton la que dio a luz el primer buque de vapor, mucho antes de que se hiciera el visible "Clermont".

En cuanto a la realidad y permanencia de los objetos del mundo invisible, la son mucho más que lo que equivocadamente creemos, son el pináculo de la "realidad".

Consideremos nuestras imágenes mentales o imaginaciones como menos reales que un miraje y hablamos de ellas muy a la ligera, como de "simples pensamientos" o "nada más que una idea", cuando en verdad son realidades subyacentes de todo lo que vemos en torno nuestro, en el mundo en que vivimos. Una ilustración aclarará el punto:

Cuando un arquitecto desea construir una casa no empieza por pedir que se manden materiales al sitio requerido y por contratar obreros ordenándoles que empiecen a construir. Antes formula una idea; medita sobre ella; primero construye la casa "en su mente" con tantos detalles como sea posible. y de este modelo mental podría construirse la casa si pudiera ser visto por los obreros, pero dicho modelo está aún en el mundo invisible y a pesar de que el arquitecto lo ve claramente, el "velo de la carne" impide que los otros lo vean. De manera, pues, que es necesario llevarlo al mundo de los sentidos y
hacer planos visibles de la casa a fin de que los obreros puedan trabajar de acuerdo con ellos. Esta es la primera consolidación de la imagen mental del arquitecto y cuando la casa está construida vemos en piedra y madera lo que fue primero una idea en la mente del arquitecto, invisible para nosotros.
En cuanto a la relativa estabilidad de la idea y del edificio es bien claro que la casa puede ser destruida por la dinamita o por cualquier otro poderoso medio de destrucción, pero la "idea" de la mente del arquitecto ni siquiera él mismo puede destruirla y mediante esa ideación puede construirse otra casa idéntica en cualquier momento mientras viva el arquitecto. Y aún después de su muerte esa idea puede encontrarse en la memoria de la Naturaleza (de la que se hablará algo más en la próxima Instrucción) por cualquiera que
esté calificado para ello; sin importar nada el tiempo en que esa idea se imprimió allí, pues nunca se perderá ni destruirá.

Si bien podemos así "inferir" inductivamente la existencia de un mundo invisible no es ese el único medio de probarlo. Hay gran abundancia de testimonios directos que demuestran que existe tal mundo, testimonios de hombres y mujeres de incuestionable integridad, cuya veracidad y corrección no han sido nunca motivo de discusión sobre otros asuntos, que afirman que el mundo invisible está habitado por los que llamamos muertos, quienes están viviendo allí en plena posesión de todas sus facultades emocionales y mentales, viviendo bajo condiciones que hacen su vida tan real y
provechosa como la nuestra o quizás más. Es posible demostrar también que por lo menos algunos de ellos se toman mucho interés por los asuntos del mundo físico.

Bastará con apelar a sólo dos ejemplos de fama mundial. En primer término está el testimonio de Juana de Arco, la "Doncella de Orleans" que oía "voces que la hablaban y que la dirigían". Consideremos la historia de su vida y veamos si ella no lleva el sello de la verdad. Aquí nos encontramos con una muchacha sencilla, pura y sin sofismas, poco más que una niña, que nunca había estado fuera de su ciudad nativa antes de llevar a cabo su
“misión". Era extremadamente tímida, temerosa de desobedecer a su padre, si bien las imperiosas "voces" le hicieron desafiar su disgusto v fue en busca del rey de Francia.
 
Después de muchas dificultades, pero constantemente guiada por las voces, a ella le fue concedida una audiencia por el rey. Cuando ella entró, el rey estaba en medio de sus cortesanos, los que habían puesto un muñeco en el trono, y todos esperaban verla desconcertada porque jamás habla visto al rey, pero guiada por las fidelísimas voces Juana marchó sin vacilar hacia él y lo saludó. Lo convenció de la verdad de su misión susurrando en su oído un secreto abrumador que él sólo conocía.

Ante esa prueba se quitó el comando del ejército francés de manos de experimentados generales, que habían sido derrotados por los ingleses en todas partes y se lo puso en manos de esa niña que nada sabía de estrategia, si bien guiada por sus invisibles guías llevó las tropas francesas a la victoria. Su conocimiento de la táctica militar fue la constante admiración de sus compañeros y en sí mismo era una prueba de la dirección invisibles que ella invocaba. Vemos después su apresamiento, sujeta durante años
enteros a traiciones y sufrimientos por sus crueles perseguidores, quienes la querían inducir a que dijera que no había habido tales voces, pero los archivos de su proceso y de las diferentes pruebas a que fue sometida demuestran por sus respuestas una sencillez mental, una inocencia inmaculada y una rectitud sin igual en los anales de la historia, lo que confundía a sus jueces más y más. Ni aún la muerte en la hoguera la pudo hacer abjurar la verdad que conocía, y hasta en los tiempos actuales su testimonio respecto a
las voces guiadoras del mundo invisible se mantiene firme, sellado con su sangre. Esta mártir de la verdad ha sido últimamente canonizada por la misma iglesia que antes la condenó.

Ah, dirá alguno, si bien no hay duda alguna de que era una honrada muchacha y sencilla campesina, estaba sufriendo alucinaciones "... ¡Extrañas alucinaciones las que le permitieron señalar al rey sin vacilar, a quien no había visto nunca, y decirle un secreto
que sólo él conocía, y describir batallas que se estaban efectuando a muchas millas de distancia, lo que después era corroborado por los que habían tomado parte en ellas!

Pero pasemos al segundo ejemplo, que no se refiere seguramente a una "mente
sencilla". En ese respecto Sócrates era una absoluta antítesis de Juana de Arco, porque era la inteligencia más sutil, la mente más grande que hayamos conocido, no igualada en los presentes días. También él selló su testimonio sobre la voz guiadora del mundo invisible con su vida y podemos tomar como un hecho evidente el que esa voz debe haber sido extraordinariamente inteligente, pues si no, no hubiera podido aconsejar a un sabio tan grande como Sócrates.

Decir que era un loco o que sufría alucinaciones sería muy fuerte, porque un hombre que, como Sócrates, trataba todos los asuntos con tanta exactitud, está más allá de toda sospecha por ese lado y lo más razonable sería confesar que "hay más cosas en los cielos y en la tierra" que las que conocemos individual o colectivamente y entonces debemos comenzar a investigarlas.
Esto es precisamente lo que la mayor parte de las personas avanzadas están haciendo en nuestros días, realizando que es tan absurdo ser demasiado escéptico para investigar como ser excesivamente crédulo y tomar por artículo de fe todo cuanto oigamos.

Unicamente informándonos nosotros mismos apropiadamente nos será posible arribar a una conclusión digna de nuestra condición humana, sin importar nada el que nos decidamos por un camino o por el otro.

Reconociendo este principio y la gran importancia del asunto la Society for Psychical Research (Sociedad de Investigaciones Psíquicas) se formó hace más de un cuarto de siglo y reunió en su seno a algunas de las más brillantes inteligencias de nuestros tiempos. No han escatimado trabajos para separar la verdad del error en los millares de casos puestos a su estudio, y como resultado vemos que uno de los hombres de ciencia más prominentes de nuestros días, Sir Oliver Lodge, como presidente de la sociedad
afirmó ante el mundo, hace algunos años, "la existencia de un mundo invisible habitado por los llamados muertos y su poder de comunicarse con este mundo ha quedado establecido más allá de toda vacilación, con tal abundancia de casos que no hay sitio alguno para la menor duda".

Viniendo esa afirmación de donde viene, de uno de los más grandes hombres de ciencia modernos, que ha llevado a sus estudios psíquicos una mente aguzada por la ciencia, que estaba bien protegido contra cualquier engaño, tal testimonio debe merecer el mayor respecto a todos los que buscan la verdad. Habiendo, pues, examinado evidencias inductivas, deductivas y directas, podemos agregar la existencia de otro mundo, intangible para los cinco sentidos, pero fácil de investigar por medio del "sexto sentido",
hecho natural, reconozcámoslo o no, así como la luz y el color existen por doquiera, en torno del ciego y del que ve. Es la ceguera del hombre la que le impide verlos. Es nuestra "ceguera" la que nos impide ver los dominios suprafísicos; pero para todos los que se tomen el trabajo de despertar sus facultades latentes la apertura del sentido correspondiente no es más que cuestión de tiempo. Cuando ese tiempo llegue veremos que los llamados “muertos" están todos en torno nuestro y que en realidad "no hay
muerte", como John McCreery dice en su hermosísimo poema:

There is no death. The stars go down (*)
To rise upon another shore,
And bright in heaven's jeweled crown
They shine for evermore.
There is no death. The forest leaves
Convert to life the viewless air;
The rocks disorganize to feed
The hungry moss they bear.
There is no death. The dust we tread
Shall change beneath the summer showers
To golden grain or mellow fruit,
Or rainbow-tinted flowers.
There is no death. The leaves may fall,
The flowers may fade and pass away-
They only wait through wintry hours,
The warm, sweet breath of May.
There is no death, although we grieve
When beautiful familiar forms
That we haye leamed to love are torn
From our embracing arms.
Although with bowed and breaking heart
With sable garb and silent tread
We hear their senseless dust to rest
And say that they are dead-
They are not dead. They have but passed
Beyond the mists that blind us here
Into the new and larger life
Of that serener sphere.
They haye but dropped their robe of clay
To put a shining raiment on;
They have not wandered far away
They are not "lost" or “gone”
Trough unseen to the mortal eye,
They still are here and lovye us yet;
The dear ones they haye left behind
They never do forget.
Sometimes upon our fevered brew
We feel their touch, a breath of balm;
Our spirit sees them, and our hearts
Grow comforted and calm.
Yes, ever near us, though unseen,
Our dear, immortal spirits tread –
For all God's boundless Universe
Is Life-there are no dead.

(*) La muerte no existe. Los astros se ponen
Para surgir sobre otros cielos
Y en la corona joyante del firmamento
Brillan eternamente.
La muerte no existe. Las hojas del bosque
Se convierten en la vida del aire invisible
Las rocas se desintegran para alimentar
A los musgos hambrientos que sobre ellas crecen
La muerte no existe. El polvo que pisamos,
Al llegar el verano se transformará
En dorados granos o dulces frutos
O en flores policromas.
La muerte no existe. Las hojas caerán
Las flores se marchitarán y dejarán de ser
Pero solo esperan en las horas invernales
El dulce y caliente hálito de mayo.
No existe la muerte, aunque lloremos
Cuando hermosas formas familiares
Que hemos aprendido a amar son arrancadas
De nuestros brazos.
Aunque con el corazón destrozado
Con negro luto y silente paso
llevemos su barro insensible a descansar
Y digamos que se han muerto.
No hay muertos; no han hecho más que pasar
Más allá de las brumas
Que aquí nos ciegan. Hanse ido a la vida nueva
Y más amplia de aquella esfera más serena.
Sólo se han sacado sus harapos
Para ponerse una veste radiante
No se han ido lejos,
No se han ido ni separado,
Aunque invisibles para el ojo mortal
Están todavía aquí y nos aman aun
Y no olvidan nunca a los seres queridos
Que dejaron atrás.
Algunas veces nuestra frente febril
Siente su caricia, un aliento balsámico;
Nuestro espíritu los ve y nuestros
Corazones se reconfortan y serenan.
Si, siempre cerca de nosotros, aunque invisibles
Están nuestros queridos e inmortales espíritu
Porque en todo el infinito universo de Dios
Todo es vida, la muerte no existe.

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

*


*

No hay comentarios:

Publicar un comentario