humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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martes, 10 de abril de 2012

LA MEZCLA DE SANGRES EN EL MATRIMONIO





LA MEZCLA DE SANGRES EN EL MATRIMONIO


Cristo vino para preparar el camino de la emancipación de la humanidad, libertándola de la influencia de los Espíritus de Raza o de Familia y para unir a todo el género humano en Una Fraternidad Universal.

El enseñó que la "semilla de Abraham" se refería únicamente a los cuerpos y llamó su atención sobre el hecho de que antes de que Abraham viviera, el "Yo" -el Ego- ya existía. El espíritu individual triple tuvo su ser antes que todas las Tribus y Razas, y subsistirá hasta cuando éstas hayan pasado y aun hasta cuando no quede ni la memoria de ellas.

El triple espíritu individual del hombre, el Ego, es el Dios interno, que el hombre corporal, personal, debe aprender a seguir. Por lo tanto, Cristo dijo que, para ser un discípulo, el hombre debía abandonar todo lo que tenía. Su enseñanza se dirige a la emancipación del Dios interno. Incita al hombre a ejercer su prerrogativa como individuo y a elevarse sobre la familia, la tribu y la nación. No enseñó que debían considerar su clase y su país. El hombre debe cumplir todos sus deberes, pero debe cesar de identificarse con una parte y debe reconocer su igualdad con todo el mundo. Este es el ideal dado a la humanidad por el Cristo.

Bajo la dirección del Espíritu de Raza, la nación, tribu o familia se consideraba en primer lugar y el individuo en último. La familia debía conservarse intacta. Si cualquier hombre moría sin sucesión que perpetuara su nombre, su hermano debía "fecundar" a la viuda, para que no muriera (la familia) (Deu, XXV: 5,10). El casarse fuera de la familia producía horror en aquellos tiempos. Un miembro de una tribu no podía casarse con uno de otra sin perder su propia casta. No era nada fácil hacerse miembro de otra familia. Y no solamente entre los judíos y otras naciones de la tierra se insistía en conservar la integridad de la familia, sino también en los tiempos modernos. Como ya se mencionó, los escoceses se adherían tenazmente a su propia familia, y los antiguos escandinavos Vikings, no admitían a nadie en sus familias si no habían "mezclado la sangre" primero con ellos, para los efectos de la hemolisis espiritual, hecho que es desconocido para la ciencia materialista, pero que conocían los antiguos.

Todas estas costumbres eran el resultado de la obra de los Espíritus de Raza y de los Espíritus de Tribu sobre la sangre común. Admitir como miembro a uno que no tenía la sangre común, hubiera producido una "confusión de casta". Cuanto más pura era la genealogía (en ese sentido), mayor era el poder del Espíritu de Raza, y más fuertes eran los lazos que ligaban al individuo a la tribu, porque la fuerza vital del hombre está en su sangre. La memoria está íntimamente relacionada con la sangre, que es la más alta expresión del cuerpo vital.

El cerebro y el sistema nervioso son las más elevadas expresiones del cuerpo de deseos. Evocan escenas del mundo externo, pero al imaginar algo, la sangre aporta el material para esas escenas; por lo tanto, cuando el pensamiento está en actividad, la sangre fluye a la cabeza.

Cuando la misma corriente de sangre sin mezcla fluye en las venas de una familia durante generaciones, las mismas imágenes mentales hechas por el bisabuelo, abuelo y padre son reproducidas en el hijo por el Espíritu de Familia que vive en la hemoglobina de la sangre. El hijo se ve a sí mismo como la continuación de una larga línea de antecesores, quienes viven en él. Ve todos los sucesos de las vidas pasadas de la familia como si él hubiera estado presente, no comprendiendo, por lo tanto, que él es un Ego. No es él simplemente "David", "el hijo de Abraham"; no "José" sino "el hijo de David".

Por medio de esta sangre común, se dice que los hombres vivían durante muchas generaciones, porque a través de la sangre sus descendientes tenían acceso a la memoria de la Naturaleza, en la que se conservaban esos recuerdos. Esta es la razón por la que se dice en el quinto capítulo del Génesis que los patriarcas vivieron durante centurias enteras. Adán, Matusalén y los otros patriarcas no alcanzaron personalmente tan gran edad, sino que vivieron en la conciencia de sus descendientes, quienes veían las vidas de sus antecesores como si ellos mismos las hubieran vivido. Después del período indicado, los descendientes no pensaron de sí mismos como siendo Adán o Matusalén. La memoria de esos antecesores se borró, y por eso se dice que murieron.

La "segunda vista" de los Escoceses Highlanders1 demuestra que por medio de la endogamia se retiene la conciencia de los mundos internos. Ellos han practicado el matrimonio dentro de la familia hasta tiempos recientes, así como los gitanos, quienes siempre se casan en la tribu. Cuanto más pequeña es la tribu y más pura la generación, más pronunciada es la "vista".

Las razas primitivas no desobedecieron la orden emanada del Dios de la Tribu de no casarse fuera de ella, ni tampoco tenían inclinación alguna para hacerlo, debido a que no tenían mente propia.

Los semitas originales fueron los primeros en desarrollar la Voluntad, y en seguida se casaron con las hijas de los hombres de otras tribus, frustrando temporalmente el designio de sus Espíritus de Raza, y fueron rechazados inmediatamente como malhechores que "habían adorado a dioses extraños", haciéndose así incapaces de ser la "semilla" de las siete razas de nuestra presente Epoca Aria. Los semitas originales fueron, en aquel entonces, la última raza que el Espíritu de Raza mantuvo separada.

Más tarde, le fue dado al hombre libre albedrío. Había 1Highlander: Es el que vive en las montañas o sitios elevados. (N. del T.).

llegado el tiempo en el que debía prepararse para la individualización. La primitiva conciencia "común", la clarividencia involuntaria o segunda-vista que constantemente mantenía ante los hombres de la tribu los sucesos de las vidas de sus antecesores, visión que los hacía sentirse íntimamente identificados con su tribu o familia, debía ser reemplazada entonces por una conciencia estrictamente individual, confinada al mundo material, para deshacer así las naciones en individuos, para que la Fraternidad Humana pudiera establecerse sin tener en cuenta las circunstancias exteriores.

Esto es lo mismo que si tuviéramos cierto número de edificios y quisiéramos convertirlos en uno mucho más grande; sería necesario que deshiciéramos aquéllos, ladrillo por ladrillo. Unicamente entonces podríamos edificar el otro.

Con objeto de realizar esta operación de naciones en individuos, se dictaron leyes que prohibían la endogamia o matrimonio en familia y desde entonces los casamientos incestuosos comenzaron a mirarse con horror. Así se fue introduciendo la sangre extraña en las familias de la Tierra, y esto fue cohibiendo gradualmente la clarividencia involuntaria que inhibió el sentimiento de familia y dividió a la humanidad en grupos. El Altruismo está sustituyendo al patriotismo, y la fidelidad a la familia está desapareciendo como resultado de esa mezcla de sangres.

La ciencia ha descubierto últimamente que la hemolisis resultante de la inoculación de la sangre de un individuo en las venas de otro de diferente especie produce la muerte del inferior de los dos. De manera que un animal a quien se le inocule la sangre de un hombre, muere. La sangre de un perro inoculada en las venas de un ave, mata a ésta; pero no causará daño al perro el que se le inocule sangre de ave. La ciencia expone el hecho simplemente, el oculista lo explica. La sangre es el agente del espíritu, como ya se indicó. El Ego humano obra en sus vehículos por medio del calor de la sangre; el Espíritu de Raza, de familia, de comunidad, obra en la sangre por medio del aire que aspiramos. En los animales, el espíritu separado del animal y el espíritu-grupo de la especie a que pertenece están presentes; pero el espíritu del animal no está individualizado y no trabaja conscientemente en sus vehículos como el Ego, y de ahí que esté todavía dominado por el espíritu- grupo que trabaja en ese caso sobre la sangre.

Cuando se inocula la sangre de un animal en las venas de otro de especie inferior, el espíritu en la sangre del animal superior es, por supuesto, más fuerte que el espíritu menos desarrollado. De ahí que cuando trata de afirmarse a sí mismo, mata a la forma que lo aprisiona y se libera. Por el contrario, cuando la sangre de un animal de especie inferior se inocula en las venas de uno de especie superior, el espíritu de éste es capaz de expulsar al menos evolucionado de la sangre extraña y se asimila ésta para sus propios propósitos, no produciéndose catástrofe alguna visible.

El espíritu-grupo siempre trata de preservar la integridad de su dominio en la sangre de la especie a la que pertenece. Análogamente el Dios de la Raza humana se resiente del matrimonio de sus súbditos con otras especies y arroja los pecados de los padres sobre sus hijos, como vemos en los casos de seres híbridos. Cuando un caballo y una burra producen una mula, por ejemplo, la mezcla de sangres extrañas destruye la facultad propagadora, de manera que el híbrido no pueda perpetuarse porque es una abominación desde el punto de vista del espíritu-grupo, porque la mula no está definitivamente bajo el dominio del espíritu-grupo de los caballos ni del espíritu-grupo de los burros, si bien no está (la mula) tan alejada de ambos que pueda evitar su influencia. Si dos animales mulares pudieran procrear, su cría estaría aún menos influida por el dominio de esos espíritus-grupos, y entonces resultaría una especia nueva sin espíritu-grupo. Esto sería una anomalía en la Naturaleza, una imposibilidad hasta que los espíritus-animales se hubiesen desarrollado hasta el punto de bastarse a sí mismos. Tal especie, si pudiera producirse, carecería del instinto guiador, que no es en realidad sino la impulsión del espíritu-grupo; se encontraría en situación análoga a una camada de gatitos arrancada a la matriz de su madre aun antes de nacer. No podrían, indudablemente, basarse a sí mismos y morirían.

Por lo tanto, como el espíritu-grupo de los animales es quien envía éstos a nacer, simplemente impide que el átomo-simiente fertilizante obre cuando se ayuntan dos animales de especies muy diferentes. Pero permite a algunos de los que están a su cargo el aprovechar una oportunidad para encarnarse cuando se ayuntan dos animales de especies análogas, si bien se niega a permitir que los híbridos se perpetúen. De manera que vemos que la infusión de sangre extraña debilita la influencia del espíritu-grupo, y éste, por lo tanto, destruye la forma o la facultad procreadora, cuando puede.

El espíritu humano está individualizado, es un Ego, desarrollando voluntad libre y responsabilidad. Se ve impelido a renacer por la irresistible ley de Consecuencia, así que está más allá del poder del Espíritu de Raza, de Comunidad o de Familia, preservándose de volver a las primeras etapas del desenvolvimiento humano, y por la mezcla de sangres, por el matrimonio de individuos de diferentes tribus o naciones, los guías de la humanidad van ayudándole gradualmente a desprenderse de los Espíritus de Familia, de Tribu o de Nación, sacándolos de la sangre, pero con ellos se va también la clarividencia involuntaria, que era debida a la obra de aquellos espíritus en la sangre, lo que además borra las tradiciones de las familias que estaban a su cargo. Vemos, pues, que también en el caso del hombre, la mezcla de sangres destruyó una facultad. Esta pérdida fue, sin embargo, una ventaja porque concentró las energías del hombre en el mundo material, de manera que pudiera aprender mucho mejor sus lecciones que si estuviera distraído aún por la visión de los reinos superiores.

Conforme el hombre comienza a emanciparse, cesa gradualmente de pensar en sí mismo, como "la Semilla de Abraham" o como de la "Familia de Stewart", o "Brahmin", o "Levita"; está aprendiendo a pensar de sí mismo más bien como un "Yo". Cuanto más cultive ese "Yo" más se liberta del Espíritu de Familia o Nacional que está en la sangre, más se basta a sí mismo como habitante del mundo. Se han dicho muchas tonterías y hasta cosas peligrosas acerca de sacrificar el "yo" al "no-yo"; únicamente cuando hemos cultivado un "yo" es cuando podemos sacrificarlo y dar el yo al todo. Mientras seamos capaces de amar solamente a nuestra propia familia o nación, seremos incapaces de amar a los demás. Estamos limitados por los lazos del cariño y de la patria. Cuando hayamos roto los lazos de la sangre y nos hayamos afirmado nosotros mismos y nos bastemos, podremos convertirnos en servidores desinteresados de la humanidad. Cuando el hombre ha llegado a ese estado, encuentra que, en vez de perder a su propia familia, ha obtenido todas las familias del mundo, porque todos serán para él sus hermanos, sus padres, sus madres, a quienes debe cuidar y ayudar.

Entonces volverá a adquirir nuevamente el punto de vista espiritual que perdió con la mezcla de sangres, pero será entonces una facultad más elevada, una clarividencia voluntaria e inteligente, con la que podrá ver lo que quiera, en vez de una facultad negativa, impresa en su sangre por el espíritu de familia, que lo limitaba a ésta con exclusión de todas las demás familias. Su punto de vista será entonces universal y lo empleará para el bien universal.

Por las razones antes mencionadas, los matrimonios entre tribus y entre naciones fueron considerados gradualmente como preferibles a los matrimonios entre parientes.

Conforme el hombre atravesó esos estados y perdió gradualmente su contacto con los mundos internos, lamentó su pérdida y deseó la vuelta de su visión "interna". Pero por grados fue olvidándose, y el mundo material fue haciéndose paulatinamente ante sus ojos la única cosa real, hasta que llegó a concebir la idea de que tales mundos internos no existían y a considerar toda creencia en ella como una estúpida superstición.

Las cuatro causas que contribuyeron a esto, fueron:

1a La aclaración de la atmósfera de neblinas del continente Atlántico.

2a La entrada del cuerpo vital en el físico, de manera que el punto que se encuentra en la raíz de la nariz, correspondiera con el mismo punto del cuerpo vital.

3a La eliminación de la endogamia y su consiguiente substitución por el matrimonio entre tribus o familias.

4a El empleo de estimulantes tóxicos.

Los Espíritus de Razas existen aún y trabajan con el hombre, pero cuanto más avanzada es una nación, más libertad tiene el individuo. En los países en los que el pueblo está más atrasado, el Espíritu de Raza es más fuerte. Cuanto más en armonía está el hombre con la ley del Amor, cuanto más elevados son sus ideales, más se liberta a sí mismo del Espíritu de Raza. El patriotismo, si bien es bueno en sí mismo, es una cadena del Espíritu de Raza. El ideal de Fraternidad Universal, que no se identifica con ningún país ni raza, es el único camino que conduce a la emancipación.

Cristo vino para reunir las diferentes razas en paz y buena voluntad, de manera que todos voluntaria y conscientemente siguieran la ley de Amor.

El Cristianismo actual no es ni siquiera una sombra de la verdadera religión de Cristo. Y aquél permanecerá así hasta que todo el sentimiento de raza se haya borrado. En la Sexta Epoca no habrá más que una Fraternidad Universal bajo la dirección del Cristo que habrá vuelto, pero el día y hora en que volverá no lo sabe ningún hombre, porque aún no se ha fijado, pues depende del tiempo en que un número suficiente de hombres haya comenzado a vivir una vida de fraternidad y de amor, que será la señal de la nueva dispensación.

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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