humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

*
del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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lunes, 28 de diciembre de 2009

La Misión de Cristo y el Festival de las Hadas

CAPÍTULO V

LA MISION DE CRISTO Y EL FESTIVAL DE LAS HADAS

Siempre que nosotros nos confrontamos con unos de los misterios de la
naturaleza, el cual no somos capaces de explicarnos, simplemente añadimos un
nuevo nombre a nuestro vocabulario, el cual entonces surte el efecto de un juego
malabar o de ocultar nuestra ignorancia del asunto. Tal es la palabra “amperio”
que nosotros utilizamos para medir el volumen de la corriente eléctrica, el “voltio”
que nosotros empleamos para medir la fortaleza de la corriente y el “ohmio” que
empleamos para señalar la resistencia que un conductor dado ofrece al paso de la
corriente. De este modo, después de mucho estudio, de palabras y figuras, las
mentes maestras de la ciencia eléctrica intentan persuadirse así mismas y a las de
los demás de que ellos han sondeado el misterio de esa fuerza evasiva que juega
un papel tan importante en el trabajo del mundo actualmente. Pero cuando todo se
ha dicho y estos hombres eminentes están en talante confidencial admiten que las
lumbreras más brillantes de la ciencia eléctrica no conocen sino un poquito más
que el niño de la escuela primaria cuando acaba de empezar el estudio de pilas y
baterías.
De igual modo pasa en otras ciencias; los anatómicos no pueden distinguir
el embrión canino del humano durante un largo tiempo, y mientras el fisiólogo
habla con suficiencia acerca del metabolismo, no puede dejar de admitir que los
experimentos de laboratorio por los cuales se esfuerza en imitar nuestro proceso
digestivo, deben ser y son extensamente diferentes de las transmutaciones que se
operan en el laboratorio químico del cuerpo por el proceso de la nutrición.
Esto no lo decimos para desacreditar o menospreciarlos maravillosos
descubrimientos de la ciencia, sino para hacer patente el hecho de que hay
factores detrás de todas las manifestaciones de la naturaleza -inteligencias de
diversos grados de conciencia constructiva y destructivas, las cuales desempeñan
funciones importantes en la economía de la naturaleza- y hasta que estas
agencias sean conocidas y su trabajo estudiado, nosotros nunca podremos tener
un concepto adecuado del modo en que actúan estas fuerzas de la naturaleza,
que nosotros llamamos calor, electricidad, gravedad, acción química, etc. Para
que aquéllos que han cultivado la vista espiritual es evidente que los llamados
muertos emplean parte de su tiempo en aprender la construcción de cuerpo bajo
la guía de ciertas jerarquías espirituales. Estas jerarquías son los agentes de los
procesos metabólicos y anabólicos; son los factores invisibles de la asimilación y
es, por lo tanto, literalmente cierto que nosotros seríamos incapaces de vivir salvo
por la ayuda importante que recibimos de aquéllos que llamamos muertos.
Para abarcar o concebir la idea del modo en que estas agencias actúan y
su relación con nosotros, nos permitiremos repetir un ejemplo que hemos
empleado nuestra obra Concepto Rosacruz del Cosmos: supongamos que un
carpintero está haciendo una mesa, y un perro, el cual es un espíritu
evolucionante que pertenece a otra oleada de vida posterior, está atentamente
vigilándole. Entonces verá el proceso de cortar los tableros y verá que
gradualmente se va formando la mesa de distintos materiales y que, por último,
queda terminada. Pero aunque el perro ha estado vigilante y atento al trabajo del
hombre, no tiene un concepto claro del modo en que ha sido hecha, ni tampoco
del uso ulterior de la mesa. Supongamos aún más que el perro estuviese dotado
solamente de una limitada visión e incapaz de percibir al artesano y sus
instrumentos; entonces el perro habría visto que los tableros se movían de un
punto a otro, después quedaban unidos y acoplados de otro modo, hasta que la
forma de la mesa quedara terminada. En este caso habría visto el proceso de la
formación y el objeto terminado, pero no tendría idea del hecho de que fue
necesaria una agencia activa, un operario para transformar la madera en una
mesa. Si este animal pudiera hablar explicaría el origen de la mesa del modo en
que Topsy dijo de sí mismo: “sencillamente creciendo”.
Nuestra relación con las fuerzas de la naturaleza es semejante a la del
perro en el caso de que el operario le fuera invisible, y, por lo tanto, nosotros
somos tan capaces de explicar los misterios de la naturaleza como lo era Topsy.
Nosotros eruditamente decimos al niño que el calor del Sol evapora el agua de los
ríos y de los mares, ocasionando que este vapor ascienda a las regiones más frías
del aire donde se condensa en forma de nubes, las cuales finalmente quedan tan
saturadas de humedad que gravitan hacia la Tierra en forma de lluvia para rellenar
los mares y ríos y volver a evaporarse otra vez. Todo esto es perfectamente
simple; un bonito proceso automático, de movimiento continuo pero, ¿es solo esto
únicamente? ¿No hay en esta teoría una serie de vacíos y lagunas? Nosotros
sabemos que sí, aunque no podemos separarnos mucho de nuestro asunto para
discutirlo. Falta explicar totalmente una cosa, o sea, la acción semi-inteligente de
las sílfides que levantan las partículas finísimas de agua divididas en vapor que ha
sido preparado por las ondinas, desde la superficie del mar y las han llevado tan
alto como ellas han podido antes de que tome lugar la condensación parcial y se
formen las nubes. Estas partículas de agua son conservadas por ellas hasta que
las obligan las ondinas a liberarlas. Cuando decimos que hay tormenta se libran
batallas en la superficie del mar y del aire, algunas veces con ayuda de las
salamandras, para encender la antorcha del relámpago del separado hidrogeno y
oxigeno, y enviar su atemorizante zigzag a través de la densa oscuridad, seguido
por el estrépito soberbio del trueno que repercute en la atmósfera, mientras que
las ondinas triunfalmente lanzan las gotas de aguas rescatadas otra vez a la Tierra
para que vuelvan a unirse con su elemento maternal.
Los pequeños gnomos son necesarios para fabricar las plantas y las flores;
su trabajo consiste en darnos las tintas con los matices innumerables de color que
deleitan nuestros ojos. También cortan los cristales de todos los minerales y
forman las gemas valiosísimas que brillan y cuelgan de las diademas de joyería.
Sin ellos no habría hierro para nuestra maquinaria, ni tampoco oro para pagar su
precio. Estos seres están en todas partes y la proverbial abeja no es tan laboriosa
ni tan diligente. No obstante, a la abeja se le conoce el crédito por el trabajo que
hace, mientras que los diminutos espíritu de la naturaleza que juegan una parte
tan inmensamente mayor en el trabajo del mundo, son ignorados salvo para unos
cuantos “soñadores y locos”.
En el solsticio de verano las actividades físicas de la naturaleza están en su
apogeo; por lo tanto, en las noches de la mitad del verano se celebran los grandes
festivales de las hadas que han trabajado para construir el universo material,
nutriendo el ganado, cultivando el grano, y en tales momentos están saludando
con alegría y alborozo y dando las gracias a la oleada de fuerza que es su
instrumento para moldear las flores en la asombrosa variedad de matices
delicado, requeridos por sus arquetipos y dándoles las tintas de colores infinitos
que son el deleite del artista y del desespero al mismo tiempo.
En la noche más grande de la alegre estación del verano, estos espíritus de
la naturaleza se congregan y saltan de los pantanos y de la floresta, de las
cañadas y de los valles al festival de las hadas. Realmente estos seres cuecen y
elaboran sus alimentos etéricos y después del banquete danzan en éxtasis de
alegría -la alegría de haber puesto su trabajo y haber desempeñado su importante
papel en la economía de la naturaleza.
Es un axioma científico en que la naturaleza no tolera nada que no sea útil;
los parásitos y los zánganos son una abominación; el órgano que se ha hecho
superfluo se atrofia y de igual modo pasa con la pierna o el ojo que no se usa. La
naturaleza tiene un trabajo que hacer y requiere la cooperación de todo lo que
quiera justificar su existencia y continuar formando parte de ella. Esto se aplica a
la hierba y al planeta, al hombre y a la bestia y también a las hadas. Estos seres
tienen su trabajo que hacer; son huestes activas, y sus actividades son la solución
de muchos misterios de la naturaleza, como ya hemos explicado.
Ahora nos encontramos en el otro polo del ciclo anual, cuando los días son
cortos y las noches largas. Hablando físicamente, las tinieblas gravitan sobre el
hemisferio septentrional, pero la oleada de vida y luz espiritual que será la base
del desarrollo y progreso del nuevo año, se halla ahora en su máximo poder y
altura. En la noche de Navidad, en el solsticio de invierno, cuando el signo
celestial de la Virgen Inmaculada está en el horizonte oriental a la medianoche, el
Sol, del nuevo año nace para salvar a la humanidad del frío y del hambre que
seguirían si se suprimiera o contuviera la manifestación de esta luz. En el
momento en que nace el Espíritu de Cristo en la Tierra y comienza a fermentar y
fecundar los millones de semillas que las hadas fabrican y riegan para que los
hombres y animales puedan tener alimento físico. Pero el “hombre no vive de pan
solamente”. Importante como es el trabajo de las hadas queda pálido por su
insignificancia cuando se le compara con la misión de Cristo, que nos brinda cada
año el alimento espiritual necesario para avanzar en el sendero del progreso, para
que podamos alcanzar la perfección en el amor, con todo lo que ello implica.
Es el advenimiento de este amor y luz de maravilla que nosotros
simbolizamos por las lámparas encendidas en el altar y el tañido de las campanas
por Navidad que cada año nos anuncia las alegres nuevas del nacimiento del
Salvador, pues para el sentido espiritual, la luz y el sonido son inseparables, la luz
es coloreada y el sonido está modificado con arreglo a su nota vibratoria. La luz de
Navidad que brilla en la Tierra es áurea, induciendo los sentimientos de altruismo,
alegría y paz, los cuales ni aún la gran guerra puede anular completamente.
La guerra ha pasado y como quiera que los hombres siempre dan más valor
a las cosas cuando las han perdido, es de esperar que toda la humanidad se unirá
ésta Navidad de todo corazón para el canto de los cantos: “Paz en la Tierra y
buena voluntad entre los hombres”.
del libro "Temas Rosacruces I" de la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel

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