humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS

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Max Heindel

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Cristo Salvador

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martes, 24 de enero de 2012

EL TERCER CIELO



EL TERCER CIELO


Habiendo asimilado todos los frutos de su vida pasada y alterado la apariencia de la Tierra de tal manera que pueda proporcionarle el alrededor ambiente requerido para su próximo paso hacia la perfección; habiendo también aprendido por el trabajo en los cuerpos de otros, a construir un cuerpo apropiado a través del cual pueda manifestarse en el Mundo Físico, y habiendo, por último, disuelto la mente en la esencia que construye el triple espíritu, el espíritu puro individual asciende a la más elevado Región del Mundo del Pensamiento: el tercer cielo. Aquí, por medio de la armonía inefable de este mundo superior, se fortalece para su próxima inmersión en la materia.

Después de algún tiempo viene el deseo de nuevas experiencias y la contemplación de un nuevo nacimiento. Esto evoca una serie de cuadros ante la visión del espíritu, un panorama de la vida nueva que nos espera. Pero nótese esto bien: este panorama contiene solo los acontecimientos principales. El espíritu tiene plena libertad en cuanto a los detalles. Es como si un hombre que fuera a una ciudad distante tuviere un billete de tiempo limitado, con punto de partida a su elección. Después de haber elegido y comenzado el viaje ya no puede cambiar de camino durante la jornada. Puede detenerse en tantos lugares como quiera, dentro del tiempo límite, pero no puede volver atrás. Así, conforme avanza más y más en su viaje se encuentra más y más limitado por su pasada elección. Si eligió viajar en un vapor carbonero seguramente llegará a su destino sucio y manchado. Si hubiera elegido en cambio un buque hermoso llegaría más limpio. Así sucede con el hombre en cada nueva vida. Puede tener ante sí una vida muy dura, pero puede elegir entre vivirla limpiamente o revolcarse en el barro. Otras condiciones están también bajo su gobierno, sujetas sí, a las limitaciones de sus elecciones a obras pasadas.


Los cuadros del panorama de su próxima vida, de la que acabamos de hablar, empiezan en el nacimiento y terminan en el sepulcro. Se suceden en opuesta dirección a la en que se desarrollan en el panorama que sigue a la muerte, ya explicado, que pasa ante la visión del espíritu apenas ha abandonado su cuerpo denso. La razón de esta diferencia radical entre ambos panoramas es que en el antenatal el objeto es mostrar al Ego renaciente cómo ciertas causas o actos producen siempre determinados efectos. En el caso del panorama post- mortem el objeto es al revés: mostrar cómo cada acontecimiento de la vida que acaba de pasar era el efecto de alguna causa anterior de la vida. La Naturaleza o Dios no hacen nada sin una razón lógica, y cuanto más investiguemos más evidente se nos hace el que la Naturaleza es una madre muy sabia, empleando siempre los mejores medios para la realización de sus fines. 


Pero puede preguntarse: ¿Por qué debemos renacer? ¿Por qué debemos volver a esta existencia terrestre limitada y miserable? ¿Por qué no podemos adquirir experiencia en esos reinos superiores, sin necesidad de venir a la Tierra?
¡¡Estamos cansados de esta vida terrestre fastidiosa y agotadora!!

Tales quejas están basadas en malentendidos de varias clases. En primer término debemos comprender y grabar profundamente en los anales de nuestra memoria que el propósito de la vida no es la felicidad sino la experiencia. La tristeza y el dolor son nuestros maestros más benévolos, mientras que las alegrías de la vida no son sino cosas fugaces.

Esto parece ser una doctrina muy dura y el corazón grita apasionadamente y protesta ante la posibilidad de que ese pensamiento sea cierto. Sin embargo, así es, y si lo examinamos comprenderemos que no hay tal dureza en esa doctrina después de todo.


Consideremos las bendiciones del dolor. Si pudiéramos colocar nuestra mano sobre una estufa caliente y no sintiéramos dolor, la mano podría quedarse allí probablemente hasta que el brazo se quemara, sin que nosotros nos diéramos cuenta de ello a tiempo para salvarlo. El dolor que resulta del contacto de la mano con la estufa caliente es lo que nos hace retirar aquella rápidamente, antes de que produzca ningún daño serio. En vez de perder la mano escapamos con una ligera quemadura que bien pronto se cura. Esta es una ilustración de lo del Mundo Físico. Y encontraremos que el mismo principio obra en los mundos del Pensamiento y Moral. Si ultrajamos la moralidad, el remordimiento que nuestra conciencia nos produce, provoca un dolor, dolor que nos impedirá repetir el acto, y si no aprendemos a la primera lección, la Naturaleza nos proporcionará experiencias cada vez más duras hasta que por último penetrará en nuestra conciencia el hecho de que "el sendero del transgresor es muy duro". Y eso continuará hasta que nos veamos forzados a tomar una nueva dirección y dar un paso más hacia una vida mejor. 


La experiencia es "el conocimiento de las causas que producen los actos". Este es el objeto de la vida, junto con el desarrollo de la "Voluntad", que es la fuerza con la que aplicamos el resultado de la experiencia. La experiencia debe adquirirse, pero podemos elegir entre adquirirla por el escabroso y duro camino de la experiencia personal o por la observación de los actos ajenos razonados y reflexionando sobre ellos, guiados por la luz de cualquier experiencia que hayamos tenido. Este es el método por el cual el estudiante de ocultismo debe aprender, en vez de necesitar el látigo de la adversidad y del dolor. Cuanto más deseosos estemos de aprender en esa forma, menos sentiremos las punzantes espinas del "sendero del dolor" y tanto más pronto obtendremos el "sendero de la paz". 


La elección es nuestra, pero en tanto no aprendamos todo lo que hay que aprender en este mundo, debemos volver a él. No podemos permanecer en los mundos superiores y aprender allí hasta que hayamos dominado las lecciones de la vida terrestre. Esto sería tan sensible como enviar a un niño al kindergarten un día y a la universidad al siguiente. El niño debe volver al kindergarten un día y otro y pasar años enteros, antes de que el estudio haya desarrollado en él la capacidad suficiente, para que pueda comprender las enseñanzas que se dan en la universidad. 


El hombre también está en la escuela: la escuela de la experiencia. Y debe volver a ella muchas veces antes de que pueda esperar el dominar todo el conocimiento del mundo de los sentidos. No existe una vida terrestre sola, por rica que haya sido en experiencia, que pueda suministrar todo ese conocimiento, y por eso la Naturaleza decreta que el hombre debe volver a la Tierra, después de intervalos de reposo, para proseguir su trabajo donde lo dejó, de igual manera que un niño sigue su estudio en la escuela cada día, después del intervalo de una noche de sueño. No es argumento contra esta teoría el decir que el hombre no recuerda sus vidas anteriores. No recordamos los ejercicios y trabajos que hicimos al aprender a escribir y, sin embargo, poseemos el arte de escribir, que prueba que lo hemos aprendido. Todas as facultades que poseemos demuestran que las hemos adquirido alguna vez y en alguna parte. Algunos recuerdan su pasado, sin embargo, como se relata en un ejemplo notable al final del capítulo siguiente y, que al fin y al cabo, es uno de tantos. 


Y además, si no hubiera vuelta a la Tierra, ¿ qué utilidad tendría la vida? ¿Por qué luchar por nada? ¿Por qué una vida de felicidad en un cielo eterno debería ser la recompensa de una buena vida? ¿ Qué beneficio podría producir una buena vida en un cielo donde todo el mundo es ya feliz? Seguramente en un lugar donde todo el mundo es feliz y está contento no hay necesidad alguna de simpatía, de sacrificios ni de buenos consejos. Nadie los precisaría; pero en la Tierra hay muchos que los necesitan y esas cualidades humanitarias y altruistas son de la mayor utilidad para la humanidad que lucha. Por lo tanto, la Gran Ley que trabaja para el bien, hace que el hombre vuelva al mundo para beneficio de sí mismo y de los demás, con sus tesoros adquiridos, en vez de permitir que se estropeasen o desperdiciasen en el cielo, donde nadie los necesita.

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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lunes, 23 de enero de 2012

EL SEGUNDO CIELO



EL SEGUNDO CIELO

Por último, el hombre, el Ego, el triple espíritu, penetra en e segundo cielo. Está envuelto en su cuerpo mental que contiene los tres átomos-simientes, la quintaescencia de los tres vehículos abandonados.

Cuando el hombre muere y pierde sus cuerpos vital y denso, se encuentra en las mismas condiciones que cuando uno está dormido.

El cuerpo de deseos, según ya se explicó, no tiene órganos a propósito para ser empleado. Ahora se transforma de un ovoide, en una figura que se parece al cuerpo denso que ha sido abandonado. Podemos fácilmente comprender que debe haber un intervalo de inconsciencia parecida al sueño y después el hombre despierta en el Mundo del Deseo. No sin cierta frecuencia ocurre que tales personas permanecen durante largo tiempo inseguras de lo que les está ocurriendo. No comprenden que han muerto. Ven que pueden pensar y moverse. Y algunas veces cuesta mucho trabajo conseguir hacerles creer que están realmente "muertos". Comprenden que hay algo diferente, pero no entienden qué es lo que es.

No sucede así, sin embargo, cuando el cambio se hace desde el primer cielo, que está en el Mundo del Deseo, al segundo cielo, que está en la Región del Pensamiento Concreto. Entonces el hombre abandona su cuerpo de deseos. Está perfectamente consciente. Pasa a una gran paz. Durante ese intervalo todo parece desvanecerse. No puede pensar. Ninguna de sus facultades está viva, pero él siente que es. Tiene un inexplicable sentimiento de encontrarse en el "Gran Siempre", de hallarse completamente solo, si bien sin temor, y su alma se inunda de una paz inefable, "que sobrepasa toda comprensión".
La ciencia oculta lo llama "El Gran Silencio".

Entonces viene el despertar. El espíritu está ahora en su patria-hogar, el cielo. Aquí el primer despertar trae al espíritu el sonido de "la música de las esferas". En nuestra vida terrestre estamos tan abstraídos en los pequeños ruidos y sonidos de nuestro restringido alrededor, que somos incapaces de oír la música de las esferas en marcha, pero el ocultista la oye. Sabe que los doce signos del Zodiaco y los siete planetas forman la caja y las cuerdas de la lira de Apolo. Y sabe también que un solo desacorde e esa armonía celestial ocasionada por ese Gran Instrumento produciría "una explosión de la materia y una colisión de mundos".

El poder de vibración rítmica es bien conocido de todos los que hayan dedicado al asunto el más ligero estudio. Por ejemplo: se ordena a los soldados que rompan el compás de marcha cuando cruzan un puente porque de otra manera su paso rítmico podría destruir la construcción más fuerte. Los relatos de la Biblia sobre el efecto del sonido de las trompetas alrededor de los muros de la ciudad de Jericó no es una cosa sin sentido para el ocultista. En algunos casos han ocurrido cosas semejantes sin haber provocado esa sonrisa mundial de supercelosa incredulidad. Hace años una banda de música estaba practicando en un jardín cercano a los muros de un sólido y antiguo castillo. Sucedió en cierto momento que la música dio un sostenido y un tono muy penetrante. Cuando sonó esa nota, el muro del castillo se derrumbó súbitamente. Los músicos habían tocado la nota-clave del muro y la prolongaron suficientemente para hacerlo caer.

Cuando se habla de que este es el mundo del sonido no debe creerse por ello que no hay color. Muchos saben que hay una relación muy íntima entre el color y el sonido y que cuando se toca cierta nota aparece simultáneamente el color correspondiente. Así es también en el mundo celeste. El color y el sonido están presenten a la vez, pero el sonido es el que origina el color. Por lo tanto se dice que este es especialmente el mundo del sonido, y este sonido es el que construye todas formas del Mundo Físico. El músico puede oír ciertos sonidos en diferentes partes de la naturaleza, tales como el viento en el bosque, el rumor del océano y el canto de las aguas. Estos sonidos combinados forman un todo que es la nota tónica de la Tierra, su "tono".

Así como se forman figuras geométricas pasando un arco de violín sobre el borde de un cristal plano cubierto de arena fina, así también, las formas que vemos en torno nuestro son las figuras cristalizadas de los sonidos de las fuerzas arquetípicas que obran en los arquetipos en el Mundo Celeste.

El trabajo que realiza el hombre en el Mundo Celeste es múltiple. No es una existencia inactiva, soñadora o ilusoria la que lleva, sino que, por el contrario, es de la más intensa e importante actividad preparándose para la próxima vida, así como el sueño es una preparación activa para el trabajo de día siguiente. Aquí se absorbe la quintaesencia de los tres cuerpos en el triple espíritu. Tanto como haya sido trabajado por el hombre durante su vida el cuerpo de deseos, purificándolo de sus pasiones y emociones, será lo que absorba el Espíritu Humano como beneficio, proporcionando así al hombre una mente mejorada para el futuro.

Tanto como haya sido trabajado el cuerpo vital por el Espíritu de Vida, transformándolo y espiritualizándolo, salvándolo así del decaimiento a que está sujeto el cuerpo vital, se amalgamará con el Espíritu de Vida para asegurarle un cuerpo vital y un temperamento mejor en las vidas subsiguientes.

Tanto el cuerpo denso como el Espíritu Divino haya salvado por la rectitud en el obrar, se reabsorberá en él y proporcionará un ambiente mejor y mejores oportunidades en el futuro.

La espiritualización del vehículo se realiza por medio del cultivo y desarrollo de las facultades de observación, discernimiento, devoción a los elevados ideales, concentración, perseverancia y justo empleo de las fuerzas vitales.

El segundo cielo es el verdadero hogar del hombre, el Ego el pensador. Aquí permanece durante siglos enteros, asimilando el fruto de su última vida terrestre y preparando las condiciones terrestres más apropiadas para su próximo paso de progreso. El sonido que compenetra esta región y que se hace aparente por doquier como color, es su instrumento, por decirlo así. Esa vibración armoniosa y sonora es la que, cual elixir de vida, disuelve en el triple espíritu la quintaesencia del triple cuerpo de quien depende su crecimiento.

La vida en el segundo cielo es una vida extraordinariamente activa, variada en numerosos sentidos. El Ego asimila los frutos de su última vida terrestre y prepara el ambiente que lo rodeará en una nueva existencia física. No basta con indicar que las nuevas condiciones estarán determinadas por la conducta y los actos de la última vida. Es necesario que los frutos del pasado sean trabajados y realizados en el mundo que será el próximo campo de actividad, mientras que el Ego está adquiriendo nuevas experiencias físicas frescas y obteniendo nuevos frutos. Por lo tanto todos los habitantes del mundo celeste trabajan sobre los modelos de la Tierra, los que se encuentran en la Región del Pensamiento Concreto. Son ellos los que alteran las formas físicas de la Tierra y producen los cambios graduales que varían su aspecto, de manera que en cada nueva venida a la vida física se han preparado un nuevo ambiente en el cual podrán adquirir nuevas experiencias. El clima, la flora y la fauna son alterados por el hombre bajo la dirección de elevados Seres que se describirán más tarde. Así que el Mundo es exactamente lo que nosotros mismos, individual y colectivamente, le hemos hecho; y será lo que lo hagamos. El ocultista ve en todo cuanto ocurre, una causa de naturaleza espiritual manifestándose, sin omitir el alarmante aumento de las perturbaciones sísmicas, producidas por el pensamiento materialista de la ciencia moderna.
Es cierto que causas físicas puramente pueden producir perturbaciones, pero, ¿es ésa la última palabra sobre el asunto? ¿Podemos explicarnos ampliamente las cosas con solo registrar lo que aparece en su superficie? 
Seguramente, ¡no! Vemos dos hombres discutiendo en la calle y súbitamente uno golpea al otro, haciéndolo caer. Un observador podrá deducir que un pensamiento de odio fue la causa original del golpe. En cambio, otro puede sostener que el vio el brazo tendido, contraidos los músculos hasta ponerse en contacto con la víctima. Esto es también cierto, pero es obvio añadir que si no hubiera habido un pensamiento de odio de por medio, el bofetón no se habría producido. De parecida manera, dice el ocultista, que si no fuera por el materialismo, las convulsiones sísmicas no se producirían.

La obra del hombre en el mundo celeste no está confinada únicamente a la alteración de la superficie de la Tierra, que será el campo de acción de sus futuras luchas para dominar el Mundo Físico. Está también ocupado muy activamente en aprender a construir un cuerpo que sea un medio mejor de expresión. El destino del hombre es convertirse en una Inteligencia Creadora y está haciendo su aprendizaje para conseguirlo durante todo este tiempo. Durante su vida celeste está aprendiendo a construir toda clase de cuerpos, el humano inclusive.

Hemos hablado de las fuerzas que trabajan sobre los polos positivo y negativo de los diferentes éteres. El hombre mismo es una parte de esas fuerzas. Aquellos que llamamos muertos son los que nos ayudan a vivir. Ellos, a su vez, son ayudados por los llamados "espíritus de la Naturaleza", a quienes mandan. El hombre es dirigido en su trabajo por Instructores de las más elevadas jerarquías creadoras, los que le ayudan a construir sus vehículos antes de que alcance la conciencia de sí mismo, de la misma manera que él construye actualmente sus vehículos durante el sueño. En el transcurso de su vida celeste ellos le ayudan conscientemente. Al pintor se le indica cómo construir un ojo sutil, capaz de tomar perspectivas perfectas y de distinguir los colores y las sombras hasta un grado inconcebible para los que no se interesan en el color y en la luz.



El matemático tiene que tratar sobre el espacio, y la facultad para la percepción de este espacio está relacionada con el delicado ajuste de los tres canales semicirculares que están situados dentro del oído, apuntando cada uno a una de las tres dimensiones del espacio. La lógica y la habilidad matemática están en proporción directa al ajuste de esos canales semicirculares. La habilidad musical depende también del mismo factor, pero además de la necesidad del debido ajuste de dichos canales semicirculares, el músico precisa que las "Fibras de Corti" sean extremadamente delicadas y de las cuales hay cerca de diez mil en el oído humano y son capaces de interpretar cada una alrededor de veinticinco gradaciones de tonalidad. En los oídos de la mayoría de los hombres esas fibras no responden más que de tres a diez de las gradaciones posibles. 



Entre los músicos ordinarios, el mayor grado de eficiencia es alrededor de quince sonidos por cada fibra; pero el maestro de música que puede atraer e interpretar la música del mundo celeste requiere un mayor grado de eficiencia para poder distinguir entre las diferentes notas y notar la más ligera disonancia en las más complicadas melodías. Las personas que requieren órganos de tan extremada delicadeza para la expresión de sus facultades deben prestarles el mayor cuidado, como lo requiere su elevado grado de desarrollo. Ningún otro es tan elevado como el músico, lo que es muy razonable si consideramos que mientras el pintor atrae fácilmente la inspiración del mundo del color -- el más próximo al Mundo del Deseo --, el músico evoca y nos ofrece la atmósfera de nuestro hogar celeste, al que como espíritus pertenecemos, y nos la traduce en sonidos de nuestra vida terrestre. Su misión es la más elevada, porque como medio de expresión del alma viviente, la música es reina suprema. El que la música sea diferente y más elevada que las otras artes se comprende si consideramos que una estatua o un cuadro, una vez creado, es permanente. Estos son evocados del Mundo del Deseo y por lo tanto se cristalizan más fácilmente, mientras que la música, siendo del mundo celeste, es más evasiva y debe reproducirse cada vez que la queremos oír. No puede ser aprisionada, como lo demuestran las tentativas infructuosas, para hacerlo parcialmente por medio de mecanismos tales como el fonógrafo y los autopianos. La música sí reproducida pierde mucho de la dulzura y grandeza que posee cuando viene fresca de su propio mundo, trayéndole añoranzas de su verdadera patria y hablándole en un lenguaje de bellezas tal, que ningún mármol ni ningún cuadro pueden expresar. 



El instrumento por el cual siente el hombre la música es el más perfecto sentido del cuerpo humano. El ojo no es, en manera alguna, verdadero, pero el oído es perfecto en el sentido de cualquier sonido que oye lo oye sin deformarlo, mientras que el ojo tergiversa muy a menudo lo que ve.
Además del oído musical, el músico debe también aprender a construir una mano fina y delicada, con dedos ágiles y sensitivos nervios, pues en caso contrario no podría reproducir las melodías que oye.

Es una ley de la naturaleza el que nadie pueda habitar un cuerpo más eficiente que el que sea capaz de construir. Se aprende primeramente a construir en cierto grado el cuerpo y después se aprende a vivir en él. De esta manera se descubren los defectos y se le enseña a corregirlos.
Todos los hombres trabajan inconscientemente en la construcción de sus cuerpos durante la vida antenatal hasta llegar el momento en el que la quintaesencia de sus cuerpos anteriores -- esencia que han conservado-- debe ser edificada o encarnada. Entonces trabajan ya conscientemente. Se comprende, pues, que cuanto más avanza el hombre y más trabaja sobre sus vehículos, haciéndolos así inmortales, más poder tiene para la construcción de una nueva vida. El discípulo desarrollado en una escuela ocultista algunas veces comienza a construir él mismo tan pronto como se ha realizado el trabajo de las tres primeras semanas, que pertenece exclusivamente a la madre. Cuando ha pasado el período de construcción inconsciente, se le presenta al hombre una oportunidad para ejecutar su naciente poder creador, y entonces comienza el verdadero proceso creativo original : 

Epigénesis.

Vemos, pues, que el hombre aprende a construir sus vehículos en el Mundo Celeste, y a usarlos en el Mundo Físico. La naturaleza suministra toda clase de experiencias de manera tan maravillosa y con tan consumada sabiduría, que cuanto más profundamente penetramos en sus secretos, vamos siendo cada vez más impresionados por nuestra insignificancia, creciendo nuestra reverencia hacia Dios, de Quien la Naturaleza es su símbolo visible. Cuanto más sabemos de sus maravillas, más comprendemos que este sistema mundial no es la vasta y perpetua máquina en movimiento, mecánica, que el materialismo nos ha hecho creer. Sería enteramente tan lógico como pensar que si arrojamos al aire una caja de tipos, los caracteres se arreglarían por si mismos formando un hermoso poema cuando llegaran al suelo. Cuanto más grande es la complejidad del plan, más poderoso es el argumento en favor de la teoría de un Autor Divino Inteligente.

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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sábado, 21 de enero de 2012

EL PRIMER CIELO



EL PRIMER CIELO


Cuando la existencia en el purgatorio ha terminado, el espíritu se eleva hasta el primer cielo, que está situado en las tres regiones más elevadas del Mundo del Deseo, donde los resultados de su sufrimiento se incorporan en el átomo- simiente del cuerpo de deseos, impartiéndole así la cualidad de la rectitud, la que actuará como impulso para el bien y repulsión para el mal en el futuro. Aquí, nuevamente el panorama del pasado se desarrolla hacia atrás; pero en este caso las buenas obras de la vida son las bases del sentimiento. Cuando llegamos a escenas en las que ayudamos a otros, comprendemos de nuevo toda la alegría que esto nos proporcionó, y además sentimos toda la gratitud emitida por aquel a quien ayudamos, y cuando vemos de nuevo escenas en las que fuimos ayudados por otros, volvemos a sentir toda la gratitud que emitimos hacia nuestro bienhechor. Y de esta manera vemos la importancia de apreciar los favores que nos han hecho, porque la gratitud produce crecimiento anímico. Nuestra dicha en el cielo depende de la felicidad que hayamos proporcionado a otros y al valor que demos a lo que otros han hecho por nosotros.

Debe siempre recordarse que el poder de dar no reside exclusivamente en el hombre adinerado. El dar dinero sin discernimiento puede ser malo. Es bueno dar dinero para un propósito que estamos convencidos es benéfico, pero un servicio vale un millar de veces más. Como dice Whitman:

"¡Mirad! No me limito a dar discursos o a una pequeña caridad. Cuando doy, me doy yo mismo".

Una mirada cariñosa, expresiones de confianza, la simpatía, la ayuda benévola, estas cosas pueden ser dadas por todos sin que importe nada la fortuna. Sin embargo, debemos tratar de ayudar al necesitado de manera que él pueda ayudarse a sí mismo, sea física, financiera, moral o mentalmente, para no dar origen a que quede dependiendo de nosotros o de los demás.

La ética de dar, con el efecto sobre el dador como una lección espiritual, está hermosísimamente descripta en la "Visión de Sir Launfal", de Lowells. El joven y ambicioso caballero Sir Launfal, envuelto en una brillante armadura y llevando lujosos vestidos, parte de su castillo para buscar el "Santo Grial". En su estandarte lleva la cruz, el símbolo de la benignidad y de la ternura de nuestro Salvador, el amante y humilde, pero el corazón del caballero está lleno de orgullo y desdén para el pobre y necesitado. Y encuentra a un leproso, y desdeñosamente le arroja una moneda de oro como si arrojara un hueso a un perro hambriento.

The lepper raised the gold from the dust, (1)
Better to me the poor man's crust,
Better the blessing of the poor, 
Through I turn empty from his door. 
That is no true alms which the hand can hold; 
He gives only the worthless gold 
Who gives from a sense of duty; 
But he who gives from a slender mite, 
And gives to that which is out of sight - 
That thread of all - sustaining Beauty 
Which runs through all and doth all unite, - 
The hand cannot clasp the whole of his alms, 
The heart outstretches its eager palms, 
For a god goes with it and makes it store 
To the soul that was starving in darkness before.

A su regreso Sir Launfal encuentra a otro en posesión de su castillo y se dirige hacia la puerta.

An old bent man, worn out and frail (2)
He came back from seeking the Holy Grail; 
Little he recked of his earldom's loss, 
No more on his surcoat was blazoned the cross, 
But deep in his heart the sign he wore 
The badge of the suffering and the poor.

De nuevo encuentra al leproso, quien nuevamente le pide una limosna. Esta vez el caballero responde diferentemente.

And Sir Launfal said: "I behod in thee (3)
An image of Him who died on the tree; 
Thou also hast had thy crown of thorns, 
Thou also hast had the world's buffets and scorns,

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1 Traducción: El leproso no alzó el oro del polvo (y dijo) : "mejor para mí es la corteza del pan del pobre; mejor la bendición de este, - aunque tenga que retirarme de su puerta con las manos vacías. No son verdaderas limosnas las que sólo pueden tomarse con la mano. Es inútil el oro de aquel que da solo porque le parece un deber hacerlo. Pero aquel que parte de su pobreza, y da para quien no está al alcance de su vista (ese hilo de Belleza, sostenedor universal, que todo lo penetra y lo une) la mano no puede abarcar toda su limosna; el corazón ansioso extiende
sus brazos, porque un dios acompaña y provee al alma que antes estaba pereciendo en la obscuridad".

2 Traducción: 
"Ya viejo y doblegado, gastado y débil, volvió de su busca del Santo Grial; poco caso hacía de la pérdida de su señorío; ya no lucía en su capa la cruz, pero en lo profundo de su corazón llevaba el signo, la divisa del pobre y del que sufre".



3 Traducción: "Y Sir Launfal dijo: "veo en ti la imagen de Aquel que murió en el madero. Tú también has tenido tu corona de espinas; tu también has sufrido los escarnios y desprecios del mundo, y a tu vida no faltaron las heridas en las manos, en los pies, y en el costado. !Hijo de la clemente María, reconóceme: Mira, por Él te doy a ti!".


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And to thy life were not denied
The wounds in the hands and feet and side; 
Mild Mary's Son,acknowledge me; 
Behold, through him I give to Thee!

Mira al leproso y sus ojos le traen recuerdos y le reconoce, y
The heart with him was ashes and dust; (4)

He parted in twain his single crust, 
He broke the ice on the stremalet's brink, 
And gave the leper to eat and drink.

Y una transformación se opera:

The leper no longer crouched by his side (5).
But stood before him glorified

...........................................
And the Voice that was solter than silence said:

"Lo, it is I, be not afraid! 
In many lands without avail, 
Thou hast spent thy life for the Holy Grail; 
Behold, it is here! - This cup which thou 
Did'st fill at the streamlet for me but now; 
This crust is my body broken for thee, 
This water the blood I shed on the tree; 
The Holy Supper is kept, indeed, 
In whatso we share witr another's need; 
Not what we give, but what me share. 
For the gift without the giver is bare; 
Who gives himself with his alms feeds three: 
Himself, his hungering neighbour, and me".

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4 Traducción: El corazón se le hizo ceniza y polvo; partió e dos su única corteza de pan, rompió el hielo en la orilla del arroyuelo y dio de comer y de beber al leproso.

5 Traducción: El leproso no estaba ya acurrucado a su lado. Glorioso estaba ante él ...
. . . . . . . . . . . . . . . .
Y la Voz aún más dulce que el silencio dijo: "¡Mira, soy yo, no temas! En muchas tierras gastaste tu vida sin provecho buscando al Santo Grial. ¡Mira , aquí está! Esta taza que acabas de llenar en el arroyo para mí; esa corteza es mi cuerpo partido para ti; esta agua la sangre que por ti derramé en el madero. La Sagrada Cena se efectúa ciertamente en cualquier cosa cuando participamos de las necesidades de otro, pues la dádiva sin el dador es estéril; el que da su propio ser, alimenta a tres con sus limosnas: así mismo, a su prójimo hambriento y a mí".
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El primer cielo es un lugar de alegría sin mezcla alguna de amargura. El espíritu está más allá de la influencia de las condiciones materiales y terrestres, y asimila todo el bien contenido en su vida pasada conforme lo revive de nuevo. Todos los designios nobles a los que el hombre aspiró se realizan aquí ampliamente. Es un lugar de reposo, y cuanto más dura ha sido la vida, tanto más intenso será el descanso de que se gozará. La enfermedad, la tristeza y el dolor son cosas desconocidas. Esta es, por decirlo así, la tierra de veraneo de los espiritualistas, la tierra de promisión. 
Los pensamientos del devoto cristiano han construido allí la nueva Jerusalén. Hermosas casas, flores, etc. , son el premio de los que a ellas aspiraron: ellos las construyen por medio del pensamiento en la sutilísima materia de deseos. Sin embargo, estas cosas son tan reales y tangibles como lo son para nosotros nuestras casas materiales. Todos obtienen aquí la satisfacción de que carecieron en su vida terrestres.

Hay una clase que lleva especialmente una vida hermosísima: los niños. Si pudiéramos verlos siquiera, cesarían todas nuestras penas. Cuando un niño muere antes del nacimiento de su cuerpo de deseos, lo que tiene lugar alrededor de los catorce años, no va más allá del primer cielo, porque no es responsable de sus actos, como tampoco es responsable el aun n nacido del dolor que causa a su madre moviéndose o saliendo de la matriz. Por lo tanto el niño no tiene existencia en el purgatorio. Lo que no ha sido vivificado no puede morir; por lo tanto, el cuerpo de deseos de un niño, junto con su mente, persistirá hasta el nuevo nacimiento, y por tal razón esos niños son muy aptos para recordar las encarnaciones anteriores, como se indica en el caso citado en otro lugar.

Para tales niños, el primer cielo es una sala de espera donde permanecen desde uno hasta veinte años, hasta que se presenta una nueva oportunidad para renacer. Sin embargo, es algo másque una sala de espera sencillamente, porque se progresa mucho durante la estada en ella.

Cuando un niño muere hay siempre alguno de su familia que lo está esperando, o, en su defecto, hay quienes les gustaba adoptar maternalmente a los niños en su vida terrestre y que tendrán sumo placer en hacerlo aquí. La extrema plasticidad de la materia de deseos hace muy fácil el formar los más exquisitos juguetes vivientes para los niños, y su vida es un hermoso juego; sin embargo, no queda descuidada su instrucción. A los niños s eles agrupa en clases, de acuerdo con sus respectivos temperamentos, pero sin tener en cuenta para nada su edad. En el Mundo del Deseo es muy fácil dar lecciones objetivas de la influencia del bien y del mal, de la conducta y de la felicidad. Estas lecciones se imprimen indeleblemente sobre el sensitivo y emotivo cuerpo de deseos del niño y lo acompañan después de su nacimiento, así que muchos de los que llevan una vida noble lo deben a que han estado sometidos a ese desarrollo. A menudo, cuando nace un espíritu débil, los Seres Compasivos (los invisibles Guías que dirigen nuestra evolución) lo hacen morir en edad temprana para que pueda gozar de ese desarrollo extra, ayudándolo así a soportar lo que pudiera haber sido para él una vida muy dura. Este parece ser el caso, especialmente cuando la impresión en el cuerpo de deseos fue débil debido a que las personas que rodeaban el moribundo lo perturbaron con sus lamentaciones o por haber muerto por accidente o en un campo de batalla. Bajo esas circunstancias el muerto no ha experimentado la intensidad de sentimientos apropiada en su estado post-mortem, y, por lo tanto, cuando renace y muere en edad temprana, aquella pérdida se recobra en la forma indicada más arriba. Muy a menudo el deber de cuidar a ese niño en la vida celeste recae sobre aquellos que fueron la causa de esa anomalía. Se les proporciona así una oportunidad para reparar su falta y aprender a obrar mejor. O tal vez pueda tocarles ser los padres del recién nacido y cuidarlo durante los pocos años que viva. Entonces nada importará que se lamenten histéricamente cuando el niño muera, porque en el cuerpo vital infantil no hay recuerdos o imágenes de ninguna consecuencia.

Este cielo es también un lugar de progreso para todos los que han sido estudiosos, artistas o altruistas. El filósofo y el estudiante tienen acceso instantáneo a todas las librerías del mundo. El pintor observa con inefable delicia los colores siempre cambiantes. Muy pronto aprende que su pensamiento forma y moldea esos colores a voluntad. Sus creaciones viven y brillan con una vida imposible de comprender para los que trabajan con los pesados y densos materiales terrestres. Está , por así decirlo, pintando con materiales vivientes y puede ejecutar sus ideas con una facilidad que lo llena de deleite. El músico no ha llegado aún al lugar en el que su arte se expresará a si mismo en toda su extensión. El Mundo Físico es el Mundo de la forma. El Mundo del Deseo, donde esta el purgatorio y el primer cielo, es especialmente el mundo del color; pero el Mundo del Pensamiento, donde están los cielos segundo y tercero, es la esfera del sonido. La música celeste es un hecho y una mera figura del lenguaje. Pitágoras no se equivocaba cuando hablaba de la música de las esferas, porque cada una de las estrellas tiene su tono definido y juntas forman la sinfonía celestial que Goethe también menciona en el prólogo de su "Fausto", en la escena que se desarrolla en el cielo. El Arcángel Rafael dice:

The Sun intones his ancient song
'Mid rival chant of broher spheres
His prescribed course he speeds along 
In thund'rous way throughout the years.

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1 Traducción : El sol canta su cántico antiguo, canto suave y rival de las esferas hermanas; su curso prescrito él cruza veloz, en atronadora carrera por los años de los años.
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Los ecos de esta música celeste nos llegan hasta este Mundo Físico. Son nuestra posesión más preciosa, aunque son tan fugaces como la espuma y no pueden crearse permanentemente, como pueden crearse otras obras de arte: una estatua, un cuadro, un libro. En el Mundo Físico el sonido muere tan pronto como nace. En el Primer cielo los ecos son, por supuesto, mucho más hermosos y más permanentes, así que allí los oídos del músico gozan de melodías que nunca oyeron en su vida terrestre.

Las experiencias del poeta son parecidas a las del músico, porque la poesía es la expresión de los más íntimos sentimientos del alma, en palabras que se ordenan de acuerdo con las mismas leyes de armonía y ritmo que rigen la expresión del espíritu en la música. Además, el poeta encuentra una inspiración magnífica en las imágenes y colores que son las características principales del Mundo del Deseo. De allí tomará los materiales para usarlos en su próxima encarnación. De parecida manera acumula el autor materiales y facultades. El filántropo produce sus planes altruistas para el mejoramiento de la raza humana. Si estos fallaron en una vida, verá la razón de los fracasos, en el primer cielo, y a aprenderá a sobrepasar los obstáculos y a omitir los errores que hicieron impracticables sus ideas y sus planes.

Con el tiempo se llega a un punto en el que el resultado del dolor y sufrimiento del purgatorio, junto con el goce extraído, de las buenas acciones de la vida pasada, se ha grabado en el átomo-simiente del cuerpo de deseos. Todo esto constituye lo que llamamos conciencia, esa fuerza impelente que nos pone en guardia contra el mal como productor de sufrimientos y nos inclina hacia el bien como productor de felicidad y alegría. Entonces el hombre abandona su cuerpo de deseos para que se desintegre, en la misma forma que abandonó sus cuerpos vital y denso. Se lleva consigo únicamente las fuerzas del átomo-simiente, que formarán el núcleo de los futuros cuerpos de deseos, así como fue la partícula persistente de sus pasados vehículos de sensación.

Como ya se indicó, las fuerzas del átomo-simiente se reabsorben. Para el materialista la fuerza y la materia son inseparables. El ocultista ve las cosas diferentemente. Para él no son dos conceptos separados y distintos, sino los dos polos de un solo espíritu.

La materia es espíritu cristalizado.

La fuerza es el mismo espíritu no cristalizado aún.

Esto ya se ha dicho anteriormente, pero no puede recalcarse demasiado en la mente. La ilustración del caracol ayudará mucho a comprender eso. La materia que es espíritu cristalizado corresponde a la concha del caracol, cuya concha es la babosa misma cristalizada. La fuerza química que mueve la materia, haciéndola apta para la construcción de la forma, y el caracol que mueve su casa, se corresponden también. Lo que actualmente es la babosa en un tiempo será materia, cuando se haya cristalizado. El proceso inverso de resolver la materia en espíritu se produce también de continuo. La fase más grosera de este proceso que vemos como decaimiento, es cuando un hombre abandona sus vehículos tras sí y entonces el espíritu de un átomo se puede separar fácilmente del espíritu más denso que ha estado manifestándose como materia.

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel 

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