humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS

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Max Heindel

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jueves, 12 de abril de 2012

CRISTO Y SU MISIÓN EVOLUCIÓN DE LA RELIGIÓN


Tercera Parte

FUTURO DESARROLLO E INICIACIÓN DEL HOMBRE

CAPÍTULO XV -
 CRISTO Y SU MISIÓN EVOLUCIÓN DE LA RELIGIÓN


En las dos partes anteriores de esta obra nos hemos familiarizado con el plan, bajo el cual nuestro actual mundo externo vino a la existencia y cómo desarrolló el hombre su complicado organismo mediante el cual se relaciona con las condiciones exteriores. Hemos también estudiado, hasta cierto punto, la Religión de la Raza Judía. Consideraremos ahora la más grande y divina medida tomada para la salvación de la humanidad, esto es, el Cristianismo, que será Religión Universal del futuro.

Es un hecho notable que el hombre y sus religiones han evolucionado paralelamente en igual grado. La religión más primitiva de cualquiera raza se verá que es tan salvaje como el pueblo gobernado por ella, y conforme el segundo se hace más y más civilizado, su religión se hace más y más humana y se armoniza con más elevados ideales.

De este hecho han deducido los materialistas que la religión nunca ha tenido un origen superior al del hombre mismo. Sus investigaciones de la historia primitiva les dieron la convicción de que, conforme el hombre progresaba, civilizaba también a su Dios, modelándolo a su propia imagen.

Este razonamiento es defectuoso, porque no tiene en cuenta que el hombre no es el cuerpo, sino un espíritu interno, un Ego que utiliza el cuerpo con creciente facilidad conforme progresa la evolución.

No hay duda alguna de que la ley para el cuerpo es la "supervivencia de los más aptos". La ley de la evolución del espíritu pide "Sacrificio". Mientras el hombre crea que la "fuerza es un derecho", la Forma prosperará y se hará fuerte, porque derrumbará todos los obstáculos sin tener en cuenta para nada a los demás. Si el cuerpo fuera todo, esa manera de vivir sería la única posible para el hombre. Sería además incapaz de la menor consideración para los demás, y se resistiría por la fuerza contra cualquier tentativa de usurpación de lo que el considerará sus derechos: el derecho del más fuerte, que es el único tipo de justicia bajo la ley de la "supervivencia de los más aptos". No tendría para nada en cuenta a los demás; sería absolutamente insensible a cualquier fuerza externa que tendiera a impulsarlo a ejecutar algún acto que no le condujera a la satisfacción de su momentáneo placer.

Es pues, manifiesto, entonces, que cuando quiera que el hombre se inclina hacia un modo de conducta más elevado en su trato con los demás, el impulso debe venir de dentro, y de una fuente que no es idéntica a la del cuerpo, pues de lo contrario no lucharía contra éste haciendo prevalecer ese impulso sobre los intereses más obvios del cuerpo. Además tiene que ser una fuerza más fuerte que la del cuerpo, o no podría triunfar y sobreponerse a los deseos impulsando al sacrificio en beneficio de aquellos que físicamente son más débiles.

Que tal fuerza existe, seguramente no lo negará nadie. Hemos llegado a tal estado de desarrollo que en vez de considerar la debilidad física como un medio de asegurarnos una buena y fácil presa, reconocemos en esa misma debilidad una buena razón para proteger al débil. El egoismo va siendo corroído lenta pero seguramente por el Altruismo.

La Naturaleza es muy segura en la realización de sus propósitos. Si bien lento, su progreso es ordenado y cierto. En el pecho de todos los hombres esa fuerza Altruista está trabajando como una palanca. Está transformando al salvaje en un civilizado y a su debido tiempo transformará a éste en un Dios.

Si bien nada que sea verdaderamente espiritual puede ser comprendido perfectamente, puede por lo menos ser entendido por medio de una ilustración.Si tenemos dos diapasones templados con el mismo tono exactamente y golpeamos uno de ellos, el sonido inducirá la misma vibración en el otro, el que empezará a vibrar débilmente al principio, pero si continuamos golpeando al primero, el segundo diapasón

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Diagrama 13 A: Los Siete Días De La Creación

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emitiendo un sonido cada vez más claro, hasta que por último emitirá un volumen de sonido igual al primero. Y esto ocurrirá aun cuando los diapasones se encuentren a varios pies de distancia, o aunque uno de ellos se encierre en una caja de cristal. El sonido del uno penetrará a través del cristal y hará emitir un sonido igual al instrumento encerrado.

Esas vibraciones sonoras invisibles tienen gran poder sobre la materia concreta. Pueden destruir o crear. Si se coloca una pequeña cantidad de polvo finísimo sobre una placa de cristal plana y se pasa un arco de violín por un borde de la misma, las vibraciones producidas harán que el polvo asuma hermosas formas geométricas. La voz humana es también capaz de producir esas figuras y siempre la misma figura para el mismo tono.

Si se toma una nota después de otra en un instrumento musical - un piano o preferiblemente un violín, pues en éste pueden obtenerse más gradaciones de tonos-, se encontrará finalmente una tonalidad que producirá en el escuchante una vibración clara y distinta en la parte inferior de la cabeza. Cada vez que se toque esa nota, será sentida en tal parte la misma vibración. Esa nota o tono es la "nota-clave" de la persona a quien afecta. Si se toca lenta y dulcemente descansa y reposa al cuerpo, tonifica los nervios y restaura la salud. Si por otro lado se toca fuertemente y se prolonga más y más, matará a la persona con la misma seguridad que un pistoletazo.

Si recordamos ahora lo que ya se dijo sobre la música y el sonido con referencia al problema de cómo se despierta esa fuerza interna fortificándola, quizá podamos comprender el asunto mejor.

En primer lugar, nótese particularmente que los dos diapasones templados eran del mismo tono. Si no hubiera sido así, podríamos haber golpeado uno de ellos hasta romperlo, pero el otro hubiera permanecido mudo. Comprendamos esto claramente: la vibración puede ser inducida en otro diapasón por uno del mismo tono únicamente. Asimismo, cualquiera cosa, o ser, sólo puede ser afectado, como dejamos dicho, por la nota-clave que le es peculiar.

Sabemos que esa fuerza Altruista existe. Sabemos también que es menos pronunciada en un pueblo no civilizado que entre gente en un elevado nivel social, y casi falta en las razas inferiores.

La conclusión lógica es que hubo un tiempo en que faltaba por completo. Consecuentemente con esta conclusión, surge la naturalísima pregunta: ¿quién o qué la indujo?

La personalidad material no tiene nada que ver, seguramente, con ello; en realidad, esa parte de la naturaleza humana está mucho más confortable sin ella que lo que está o ha estado después que se despertó. El hombre ha de haber tenido esa fuerza del Altruismo latente y dentro, pues de otra manera no pudo haberse despertado. Aún más: debe haber sido despertada por una fuerza de la misma clase - una fuerza similar que ya estuviera activa - a medida que el segundo diapasón empezó a vibrar inducido por el primero, después que éste fue tañido.

Hemos visto también que las vibraciones del segundo diapasón se hacían cada vez más fuertes bajo los continuos golpes que se daban al primero, y que la caja de cristal no era obstáculo alguno a la inducción del sonido. Bajo continuados impactos de una fuerza similar a la que tenía dentro, el Amor de Dios al hombre ha despertado esta fuerza del Altruismo y está aumentando continuamente su potencia.

Es, por lo tanto, razonable y lógico convenir que, primeramente, fue necesario dar al hombre una religión apropiada a su ignorancia. Hubiera sido inútil haberle hablado en ese estado de un Dios que era todo amor y ternura. Desde su punto de vista, esos atributos eran de debilidad y no se habría podido esperar que reverenciaran a un Dios que poseía cualidades para ellos despreciables. El Dios a Quien el hombre de entonces reverenciaría sería a un Dios fuerte, a un Dios temible, a un Dios que tuviera en su poder el rayo y el trueno para fulminar.

De esta manera el hombre se vio impelido primeramente a temer a Dios, y se le dieron religiones de una naturaleza tal como para su bienestar espiritual bajo el látigo del miedo.

El segundo grado fue inducirle a cierta clase de desinterés, obligándole a dar parte de sus mejores bienes en sacrificio. Esto fue conseguido dándole el Dios de Raza o Tribu, que era un Dios celoso, que exigía la más estricta reverencia y sometimiento y el sacrificio de la fortuna, que el hombre naciente valuaba en mucho. Pero, a su vez, este Dios de Raza era un amigo todopoderoso que ayudaba a los hombres en sus batallas devolviéndoles multiplicados los carneros y granos que le sacrificaban. El hombre no había llegado aún al estado en el que le sería posible comprender que todas las criaturas son semejantes; pero el Dios de la Tribu le enseñó a tratar benévolamente a sus hermanos de tribu y dictar leyes equitativas y amplias para los hombres de la misma raza.

No debemos imaginarnos que estos pasos sucesivos se dieron fácilmente, sin rebeliones o desobediencias del hombre primitivo. El egoísmo está arraigado en la naturaleza inferior, aun en nuestros días, y debe haber habido muchos fracasos y retrocesos. En la Biblia Judía podemos encontrar buenos ejemplos de cómo el hombre olvidó sus deberes , y de cómo el Espíritu de Tribu tuvo que encaminarlo paciente y persistentemente una y otra vez. Únicamente los largos sufrimientos del Espíritu de Raza fueron suficientes para encaminarlos a la ley, esa ley que tan poca gente ha aprendido a conocer y obedecer.

Hay siempre, sin embargo, avanzados que necesitan algo más elevado. Cuando son suficientemente numerosos, se da un nuevo paso en la evolución, así que siempre existen varias gradaciones. Llegó un tiempo, unos dos mil años hace, cuando los más avanzados de la humanidad estaban prontos para dar un paso más y aprender la religión de vivir una buena vida para asegurarse una recompensa futura en un estado de existencia, en el que debían tener fe.

Este fue un paso largo y trabajoso. Era comparativamente fácil llevar una oveja o un novillo al tiempo para ofrecerlo como sacrificio. Si un hombre llevaba a sacrificar los primeros frutos de sus graneros, de sus viñas, de sus huertas, sabía que tendría aún más y sabía, también que el Dios de la Tribu volveríale a llenar sus almacenes abundantemente a su vez. Pero en este nuevo paso ya no se hacía cuestión sacrificar los bienes. Se le pidió que se sacrificara el mismo. Ya no era un solo sacrificio que debía hacerse en el supremo esfuerzo de resistir el martirio; eso hubiera sido comparativamente fácil. En vez, se le pedía que día a día, desde la mañana hasta la noche, debía obrar misericordiosamente con todos. Debía desprenderse del egoísmo, y amar a su prójimo, como se había estado amando a sí mismo. Además, no se prometía ninguna recompensa visible e inmediata, sino que se debía tener fe en una felicidad futura.

¿Es raro que el pueblo encuentre difícil realizar este elevado ideal de obrar bien continuadamente, cosa doblemente difícil por el hecho de que hay que relegar completamente el interés propio? Se pide sacrificio sin aseguramiento alguno positivo de recompensa. Seguramente es mucho crédito para la humanidad el que se practique tanto el altruismo y el que éste , esté siempre aumentando. La sabiduría de los Guías, conociendo las fragilidades del espíritu y su tendencia a unirse con los egoístas instintos del cuerpo y los peligros del despotismo frente a tal forma de conducta, dieron, además , otro impulso beneficioso cuando incorporaron a la nueva religión la doctrina del perdón de los pecados.

Esta doctrina es rechazada por algunos filósofos muy avanzados que colocan a la ley de "Consecuencia" como suprema ley. Si sucediera que el lector estuviera de acuerdo con ellos, le rogamos que espere la explicación que aquí se dará, demostrando que ambas forman parte del esquema de mejoramiento o perfeccionamiento. Baste decir, por el momento, que esta doctrina de reconciliación da a tantas almas fervorosas la fuerza necesaria para luchar, a pesar de los repetidos fracasos, por conseguir la subyugación de la naturaleza inferior. Recordamos que, por las razones ya indicadas, cuando hemos discutido las leyes del Renacimiento y de Consecuencia, la humanidad occidental no conocía nada prácticamente de esas leyes. Con un ideal tan grande ante ella como el de Cristo, y creyendo que no tenía más que un corto número de años para realizar tan elevado grado de desenvolvimiento, ¿no hubiera sido la mayor crueldad imaginable dejar la humanidad sin esa ayuda? Por lo tanto, el gran sacrificio del Calvario si bien ha servido para otros propósitos que se indicarán - se convirtió ciertamente en el áncora de la Esperanza para todas las almas fervorosas que luchaban para realizar lo imposible: para efectuar en una sola y corta vida le perfección exigida por la religión Cristiana.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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miércoles, 11 de abril de 2012

LA CAÍDA DEL HOMBRE






LA CAÍDA DEL HOMBRE

Relacionado con el análisis del Génesis, podemos agregar algunas palabras más sobre "La Caída", que es la base del Cristianismo popular. si no hubiera habido caída alguna, no hubiera hecho falta ningún "plan de salvación".

Cuando a mediados de la Epoca Lemúrica, se efectuó la separación de los sexos (en lo que trabajaron Jehová y los Angeles), el Ego comenzó a obrar ligeramente en su cuerpo denso, creando órganos internos. El hombre no tenía en aquel entonces la plena conciencia de vigilia que hoy posee, pero por medio de la mitad de la fuerza sexual construyó el cerebro para la expresión de su pensamiento, en la forma ya indicada. Estaba más despierto en el Mundo Espiritual que en el físico; apenas podía ver su cuerpo y estaba inconsciente del acto de la propagación. La afirmación de la Biblia de que Jehová durmió al hombre en ese acto, es correcta.
No había dolor ni perturbación alguna relacionada con el parto; ni (debido a su conciencia tan obscura de su alrededor físico) se enteraba de la pérdida de su cuerpo denso al morir, o de su nueva instalación en otro cuerpo denso al renacer.

Debe recordarse que los Espíritus Luciferes eran una parte de la humanidad del Período Lunar; eran los rezagados de la oleada de vida de los Angeles, demasiado avanzados para tomar un cuerpo denso físico, pero que, sin embargo, necesitaban un "órgano" para la adquisición del conocimiento. Además, ellos podían trabajar a través de un cerebro físico, cosa que los Angeles o Jehová no podían hacer.

Esos espíritus entraron en la columna espinal y en el cerebro y hablaron a la mujer, cuya imaginación, según se explicó ya, había sido despertada por las prácticas de la Raza Lemúrica. Como su conciencia era principalmente interna, pictórica, la mujer vio a aquellos espíritus como serpientes, porque habían entrado en su cerebro por medio de la médula espinal serpentina.

El entretenimiento de la mujer incluía la asistencia y observación de las peligrosas peleas y hechos de los hombres que se ejercitaban en desarrollar la Voluntad, en cuyas luchas, muy a menudo, morían los cuerpos. La obscura conciencia de algo extraño hacía que la mujer se admirara al ver esas cosas tan raras. Estaba consciente de los espíritus que habían perdido sus cuerpos, pero su percepción imperfecta del Mundo Físico no le permitía revelar a los amigos que sus cuerpos físicos habían sido destruidos.

Los Espíritus Luciferes resolvieron el problema para ella (la mujer), "abriéndole los ojos". Le revelaron a ella su propio cuerpo y el del hombre, y le enseñaron cómo podía conquistar la muerte creando nuevos cuerpos. De suerte que la muerte no podía con ellos porque, como Jehová, tenían el poder de crear a voluntad.

Lucifer abrió los ojos de la mujer. Ella vio y ayudó entonces al hombre a abrir los suyos. De esta manera, en una forma real, si bien confusa, empezaron a "conocer" o a percibirse unos a otros y también al Mundo Físico. Se hicieron conscientes de la muerte y del dolor, y mediante este conocimiento aprendieron a diferenciar entre el hombre interno y el ropaje externo que lleva y que renueva cada vez que es necesario dar un nuevo paso en la evolución. Entonces la pareja cesó de ser autómata, y se convirtió en seres que podían pensar libremente a costa de su inmunidad de dolores, enfermedades y muerte.El que la interpretación de comer el fruto como símbolo del acto generativo no es una idea absurda queda demostrado por la declaración de Jehová (que no es un capricho, sino la simple declaración de las consecuencias que produciría el acto) de que morirían y de que la mujer pariría con dolor y sufrimiento. El sabía que como la atención del hombre se había fijado ahora en su ropaje físico, percibiría la muerte.

Y también sabía que el hombre no tenía aún sabiduría para refrenar sus pasiones y para regular el comercio sexual por las posiciones de los planetas y, en consecuencia, el parto deba producirse con dolor, debido a ese abuso ignorante de la función.

Ha sido siempre un jeroglífico para los comentadores de la Biblia cómo podía relacionarse el comer una fruta con el nacimiento de un niño, pero si comprendemos que el comer la fruta es símbolo del acto generativo, por el cual el hombre se convierte en algo semejante a Dios, en tanto que conoce su clase y se capacita así para generar nuevos seres, la solución es bien fácil.

En la última parte de la Epoca Lemúrica, cuando el hombre se arrogó la prerrogativa de realizar el acto generador cuando quisiera, su entonces poderosa voluntad fue la que le permitió realizarlo. "Comiendo del árbol del conocimiento" en todo tiempo, fue como se capacitó para crear un nuevo cuerpo cada vez que había perdido su antiguo vehículo.

Consideramos generalmente la muerte como algo temible. Si el hombre hubiera también "comido del árbol de la vida" habría aprendido el secreto de vitalizar perpetuamente su cuerpo, lo que hubiera sido peor aún. Sabemos que nuestros cuerpos no son perfectos hoy en día, y en esos tiempos antiquísimos esos cuerpos eran extremadamente imperfectos. Por lo tanto, el que las Jerarquías creadoras impidieron al hombre "comer del árbol de la vida" también impidiéndole así renovar su cuerpo vital, estaba bien fundado. De hacerlo se habría hecho inmortal, ciertamente, pero no hubiera nunca podido progresar. La evolución del Ego depende de la de sus vehículos, y si no hubiera podido obtener nuevos y más perfectos vehículos por medio de las sucesivas muertes y renacimientos, se hubiera estancado. En una máxima oculta, que cuanto más a menudo morimos mejor podemos vivir, porque cada nacimiento nos proporciona una oportunidad nueva.

Hemos visto que el conocimiento cerebral, con su egoísmo concomitante, lo obtuvo el hombre a costa de su poder de crear él solo. Adquirió su voluntad libre a costa del dolor y de la muerte; pero cuando el hombre aprenda a emplear su inteligencia para el bien de la humanidad, adquirirá poder sobre la vida y, además, será guiado por un conocimiento innato muy superior a la actual conciencia cerebral, tan superior a ésta como la conciencia actual a la conciencia animal.

La caída en la generación fue necesaria para construir el cerebro, pero ésa es, a lo sumo, únicamente una forma indirecta de

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Diagrama 13: Principio y Fin de los Sexes

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adquirir conocimiento, y será sucedida por el contacto directo con la Sabiduría de la Naturaleza, la que el hombre, sin cooperación alguna, podrá utilizar para la generación de nuevos cuerpos. La laringe hablará nuevamente "la Palabra perdida" el "Fiat creador", la que, bajo la dirección de los grandes Instructores, fue empleada por los antiguos lemures para la creación de los vegetales y animales.El hombre será entonces un creador en verdad. No en la forma relativa y convencional del presente, sino que por el empleo de la palabra apropiada o fórmula mágica es como podrá crear un nuevo cuerpo.Todo cuanto se manifestó durante el período descendente de la involución subsiste hasta que se alcanza el punto correspondiente del arco descendente. Los actuales órganos de generación degenerarán y se atrofiarán. Los órganos femeninos fueron los primeros en existir como unidad separada y, de acuerdo con la ley de que "los últimos serán los primeros" y de que los "primeros serán los últimos", serán los últimos en atrofiarse. Los órganos masculinos comenzaron a diferenciarse después, y aún ahora ya comienzan a dividirse del cuerpo. El diagrama 13 ilustrará este punto.

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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martes, 10 de abril de 2012

LA MEZCLA DE SANGRES EN EL MATRIMONIO





LA MEZCLA DE SANGRES EN EL MATRIMONIO


Cristo vino para preparar el camino de la emancipación de la humanidad, libertándola de la influencia de los Espíritus de Raza o de Familia y para unir a todo el género humano en Una Fraternidad Universal.

El enseñó que la "semilla de Abraham" se refería únicamente a los cuerpos y llamó su atención sobre el hecho de que antes de que Abraham viviera, el "Yo" -el Ego- ya existía. El espíritu individual triple tuvo su ser antes que todas las Tribus y Razas, y subsistirá hasta cuando éstas hayan pasado y aun hasta cuando no quede ni la memoria de ellas.

El triple espíritu individual del hombre, el Ego, es el Dios interno, que el hombre corporal, personal, debe aprender a seguir. Por lo tanto, Cristo dijo que, para ser un discípulo, el hombre debía abandonar todo lo que tenía. Su enseñanza se dirige a la emancipación del Dios interno. Incita al hombre a ejercer su prerrogativa como individuo y a elevarse sobre la familia, la tribu y la nación. No enseñó que debían considerar su clase y su país. El hombre debe cumplir todos sus deberes, pero debe cesar de identificarse con una parte y debe reconocer su igualdad con todo el mundo. Este es el ideal dado a la humanidad por el Cristo.

Bajo la dirección del Espíritu de Raza, la nación, tribu o familia se consideraba en primer lugar y el individuo en último. La familia debía conservarse intacta. Si cualquier hombre moría sin sucesión que perpetuara su nombre, su hermano debía "fecundar" a la viuda, para que no muriera (la familia) (Deu, XXV: 5,10). El casarse fuera de la familia producía horror en aquellos tiempos. Un miembro de una tribu no podía casarse con uno de otra sin perder su propia casta. No era nada fácil hacerse miembro de otra familia. Y no solamente entre los judíos y otras naciones de la tierra se insistía en conservar la integridad de la familia, sino también en los tiempos modernos. Como ya se mencionó, los escoceses se adherían tenazmente a su propia familia, y los antiguos escandinavos Vikings, no admitían a nadie en sus familias si no habían "mezclado la sangre" primero con ellos, para los efectos de la hemolisis espiritual, hecho que es desconocido para la ciencia materialista, pero que conocían los antiguos.

Todas estas costumbres eran el resultado de la obra de los Espíritus de Raza y de los Espíritus de Tribu sobre la sangre común. Admitir como miembro a uno que no tenía la sangre común, hubiera producido una "confusión de casta". Cuanto más pura era la genealogía (en ese sentido), mayor era el poder del Espíritu de Raza, y más fuertes eran los lazos que ligaban al individuo a la tribu, porque la fuerza vital del hombre está en su sangre. La memoria está íntimamente relacionada con la sangre, que es la más alta expresión del cuerpo vital.

El cerebro y el sistema nervioso son las más elevadas expresiones del cuerpo de deseos. Evocan escenas del mundo externo, pero al imaginar algo, la sangre aporta el material para esas escenas; por lo tanto, cuando el pensamiento está en actividad, la sangre fluye a la cabeza.

Cuando la misma corriente de sangre sin mezcla fluye en las venas de una familia durante generaciones, las mismas imágenes mentales hechas por el bisabuelo, abuelo y padre son reproducidas en el hijo por el Espíritu de Familia que vive en la hemoglobina de la sangre. El hijo se ve a sí mismo como la continuación de una larga línea de antecesores, quienes viven en él. Ve todos los sucesos de las vidas pasadas de la familia como si él hubiera estado presente, no comprendiendo, por lo tanto, que él es un Ego. No es él simplemente "David", "el hijo de Abraham"; no "José" sino "el hijo de David".

Por medio de esta sangre común, se dice que los hombres vivían durante muchas generaciones, porque a través de la sangre sus descendientes tenían acceso a la memoria de la Naturaleza, en la que se conservaban esos recuerdos. Esta es la razón por la que se dice en el quinto capítulo del Génesis que los patriarcas vivieron durante centurias enteras. Adán, Matusalén y los otros patriarcas no alcanzaron personalmente tan gran edad, sino que vivieron en la conciencia de sus descendientes, quienes veían las vidas de sus antecesores como si ellos mismos las hubieran vivido. Después del período indicado, los descendientes no pensaron de sí mismos como siendo Adán o Matusalén. La memoria de esos antecesores se borró, y por eso se dice que murieron.

La "segunda vista" de los Escoceses Highlanders1 demuestra que por medio de la endogamia se retiene la conciencia de los mundos internos. Ellos han practicado el matrimonio dentro de la familia hasta tiempos recientes, así como los gitanos, quienes siempre se casan en la tribu. Cuanto más pequeña es la tribu y más pura la generación, más pronunciada es la "vista".

Las razas primitivas no desobedecieron la orden emanada del Dios de la Tribu de no casarse fuera de ella, ni tampoco tenían inclinación alguna para hacerlo, debido a que no tenían mente propia.

Los semitas originales fueron los primeros en desarrollar la Voluntad, y en seguida se casaron con las hijas de los hombres de otras tribus, frustrando temporalmente el designio de sus Espíritus de Raza, y fueron rechazados inmediatamente como malhechores que "habían adorado a dioses extraños", haciéndose así incapaces de ser la "semilla" de las siete razas de nuestra presente Epoca Aria. Los semitas originales fueron, en aquel entonces, la última raza que el Espíritu de Raza mantuvo separada.

Más tarde, le fue dado al hombre libre albedrío. Había 1Highlander: Es el que vive en las montañas o sitios elevados. (N. del T.).

llegado el tiempo en el que debía prepararse para la individualización. La primitiva conciencia "común", la clarividencia involuntaria o segunda-vista que constantemente mantenía ante los hombres de la tribu los sucesos de las vidas de sus antecesores, visión que los hacía sentirse íntimamente identificados con su tribu o familia, debía ser reemplazada entonces por una conciencia estrictamente individual, confinada al mundo material, para deshacer así las naciones en individuos, para que la Fraternidad Humana pudiera establecerse sin tener en cuenta las circunstancias exteriores.

Esto es lo mismo que si tuviéramos cierto número de edificios y quisiéramos convertirlos en uno mucho más grande; sería necesario que deshiciéramos aquéllos, ladrillo por ladrillo. Unicamente entonces podríamos edificar el otro.

Con objeto de realizar esta operación de naciones en individuos, se dictaron leyes que prohibían la endogamia o matrimonio en familia y desde entonces los casamientos incestuosos comenzaron a mirarse con horror. Así se fue introduciendo la sangre extraña en las familias de la Tierra, y esto fue cohibiendo gradualmente la clarividencia involuntaria que inhibió el sentimiento de familia y dividió a la humanidad en grupos. El Altruismo está sustituyendo al patriotismo, y la fidelidad a la familia está desapareciendo como resultado de esa mezcla de sangres.

La ciencia ha descubierto últimamente que la hemolisis resultante de la inoculación de la sangre de un individuo en las venas de otro de diferente especie produce la muerte del inferior de los dos. De manera que un animal a quien se le inocule la sangre de un hombre, muere. La sangre de un perro inoculada en las venas de un ave, mata a ésta; pero no causará daño al perro el que se le inocule sangre de ave. La ciencia expone el hecho simplemente, el oculista lo explica. La sangre es el agente del espíritu, como ya se indicó. El Ego humano obra en sus vehículos por medio del calor de la sangre; el Espíritu de Raza, de familia, de comunidad, obra en la sangre por medio del aire que aspiramos. En los animales, el espíritu separado del animal y el espíritu-grupo de la especie a que pertenece están presentes; pero el espíritu del animal no está individualizado y no trabaja conscientemente en sus vehículos como el Ego, y de ahí que esté todavía dominado por el espíritu- grupo que trabaja en ese caso sobre la sangre.

Cuando se inocula la sangre de un animal en las venas de otro de especie inferior, el espíritu en la sangre del animal superior es, por supuesto, más fuerte que el espíritu menos desarrollado. De ahí que cuando trata de afirmarse a sí mismo, mata a la forma que lo aprisiona y se libera. Por el contrario, cuando la sangre de un animal de especie inferior se inocula en las venas de uno de especie superior, el espíritu de éste es capaz de expulsar al menos evolucionado de la sangre extraña y se asimila ésta para sus propios propósitos, no produciéndose catástrofe alguna visible.

El espíritu-grupo siempre trata de preservar la integridad de su dominio en la sangre de la especie a la que pertenece. Análogamente el Dios de la Raza humana se resiente del matrimonio de sus súbditos con otras especies y arroja los pecados de los padres sobre sus hijos, como vemos en los casos de seres híbridos. Cuando un caballo y una burra producen una mula, por ejemplo, la mezcla de sangres extrañas destruye la facultad propagadora, de manera que el híbrido no pueda perpetuarse porque es una abominación desde el punto de vista del espíritu-grupo, porque la mula no está definitivamente bajo el dominio del espíritu-grupo de los caballos ni del espíritu-grupo de los burros, si bien no está (la mula) tan alejada de ambos que pueda evitar su influencia. Si dos animales mulares pudieran procrear, su cría estaría aún menos influida por el dominio de esos espíritus-grupos, y entonces resultaría una especia nueva sin espíritu-grupo. Esto sería una anomalía en la Naturaleza, una imposibilidad hasta que los espíritus-animales se hubiesen desarrollado hasta el punto de bastarse a sí mismos. Tal especie, si pudiera producirse, carecería del instinto guiador, que no es en realidad sino la impulsión del espíritu-grupo; se encontraría en situación análoga a una camada de gatitos arrancada a la matriz de su madre aun antes de nacer. No podrían, indudablemente, basarse a sí mismos y morirían.

Por lo tanto, como el espíritu-grupo de los animales es quien envía éstos a nacer, simplemente impide que el átomo-simiente fertilizante obre cuando se ayuntan dos animales de especies muy diferentes. Pero permite a algunos de los que están a su cargo el aprovechar una oportunidad para encarnarse cuando se ayuntan dos animales de especies análogas, si bien se niega a permitir que los híbridos se perpetúen. De manera que vemos que la infusión de sangre extraña debilita la influencia del espíritu-grupo, y éste, por lo tanto, destruye la forma o la facultad procreadora, cuando puede.

El espíritu humano está individualizado, es un Ego, desarrollando voluntad libre y responsabilidad. Se ve impelido a renacer por la irresistible ley de Consecuencia, así que está más allá del poder del Espíritu de Raza, de Comunidad o de Familia, preservándose de volver a las primeras etapas del desenvolvimiento humano, y por la mezcla de sangres, por el matrimonio de individuos de diferentes tribus o naciones, los guías de la humanidad van ayudándole gradualmente a desprenderse de los Espíritus de Familia, de Tribu o de Nación, sacándolos de la sangre, pero con ellos se va también la clarividencia involuntaria, que era debida a la obra de aquellos espíritus en la sangre, lo que además borra las tradiciones de las familias que estaban a su cargo. Vemos, pues, que también en el caso del hombre, la mezcla de sangres destruyó una facultad. Esta pérdida fue, sin embargo, una ventaja porque concentró las energías del hombre en el mundo material, de manera que pudiera aprender mucho mejor sus lecciones que si estuviera distraído aún por la visión de los reinos superiores.

Conforme el hombre comienza a emanciparse, cesa gradualmente de pensar en sí mismo, como "la Semilla de Abraham" o como de la "Familia de Stewart", o "Brahmin", o "Levita"; está aprendiendo a pensar de sí mismo más bien como un "Yo". Cuanto más cultive ese "Yo" más se liberta del Espíritu de Familia o Nacional que está en la sangre, más se basta a sí mismo como habitante del mundo. Se han dicho muchas tonterías y hasta cosas peligrosas acerca de sacrificar el "yo" al "no-yo"; únicamente cuando hemos cultivado un "yo" es cuando podemos sacrificarlo y dar el yo al todo. Mientras seamos capaces de amar solamente a nuestra propia familia o nación, seremos incapaces de amar a los demás. Estamos limitados por los lazos del cariño y de la patria. Cuando hayamos roto los lazos de la sangre y nos hayamos afirmado nosotros mismos y nos bastemos, podremos convertirnos en servidores desinteresados de la humanidad. Cuando el hombre ha llegado a ese estado, encuentra que, en vez de perder a su propia familia, ha obtenido todas las familias del mundo, porque todos serán para él sus hermanos, sus padres, sus madres, a quienes debe cuidar y ayudar.

Entonces volverá a adquirir nuevamente el punto de vista espiritual que perdió con la mezcla de sangres, pero será entonces una facultad más elevada, una clarividencia voluntaria e inteligente, con la que podrá ver lo que quiera, en vez de una facultad negativa, impresa en su sangre por el espíritu de familia, que lo limitaba a ésta con exclusión de todas las demás familias. Su punto de vista será entonces universal y lo empleará para el bien universal.

Por las razones antes mencionadas, los matrimonios entre tribus y entre naciones fueron considerados gradualmente como preferibles a los matrimonios entre parientes.

Conforme el hombre atravesó esos estados y perdió gradualmente su contacto con los mundos internos, lamentó su pérdida y deseó la vuelta de su visión "interna". Pero por grados fue olvidándose, y el mundo material fue haciéndose paulatinamente ante sus ojos la única cosa real, hasta que llegó a concebir la idea de que tales mundos internos no existían y a considerar toda creencia en ella como una estúpida superstición.

Las cuatro causas que contribuyeron a esto, fueron:

1a La aclaración de la atmósfera de neblinas del continente Atlántico.

2a La entrada del cuerpo vital en el físico, de manera que el punto que se encuentra en la raíz de la nariz, correspondiera con el mismo punto del cuerpo vital.

3a La eliminación de la endogamia y su consiguiente substitución por el matrimonio entre tribus o familias.

4a El empleo de estimulantes tóxicos.

Los Espíritus de Razas existen aún y trabajan con el hombre, pero cuanto más avanzada es una nación, más libertad tiene el individuo. En los países en los que el pueblo está más atrasado, el Espíritu de Raza es más fuerte. Cuanto más en armonía está el hombre con la ley del Amor, cuanto más elevados son sus ideales, más se liberta a sí mismo del Espíritu de Raza. El patriotismo, si bien es bueno en sí mismo, es una cadena del Espíritu de Raza. El ideal de Fraternidad Universal, que no se identifica con ningún país ni raza, es el único camino que conduce a la emancipación.

Cristo vino para reunir las diferentes razas en paz y buena voluntad, de manera que todos voluntaria y conscientemente siguieran la ley de Amor.

El Cristianismo actual no es ni siquiera una sombra de la verdadera religión de Cristo. Y aquél permanecerá así hasta que todo el sentimiento de raza se haya borrado. En la Sexta Epoca no habrá más que una Fraternidad Universal bajo la dirección del Cristo que habrá vuelto, pero el día y hora en que volverá no lo sabe ningún hombre, porque aún no se ha fijado, pues depende del tiempo en que un número suficiente de hombres haya comenzado a vivir una vida de fraternidad y de amor, que será la señal de la nueva dispensación.

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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