humana compasión y amor

”el
propósito de la vida no es felicidad sino experiencia"…


Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.
Dios nos envió todas las religiones benditas
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.
Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.
Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.
¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.
Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de Él.
Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.
Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los ciclos,
Este camino es: humana compasión y amor.
--Max Heindel

ver vídeo: CREDO o CRISTO

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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel

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CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS

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Max Heindel

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viernes, 9 de noviembre de 2012

LA MUERTE Y LA VIDA EN EL PURGATORIO - INSTRUCCIÓN V



INSTRUCCIÓN V

LA MUERTE Y LA VIDA EN EL PURGATORIO


Entre todas las incertidumbres que son la característica de este mundo, hay una sola certeza: la Muerte. En un tiempo u otro, después de una vida más o menos larga, llega la terminación de ese aspecto material de nuestra existencia, que no es más que nacer a un mundo nuevo, así como lo que calificamos "nacimiento" no es más que según las hermosas palabras de Worsdsworth, un olvido del pasado.

Birth is but a sleep and a forgetting
The Soul thet rises us, our life´s Star,
Has elsewhere had its setting,
And cometh from afar:
Not in entire forgetfulness,
And not in utter nakedness;
But trailing clouds of glory do we come
From God, who is our home:
Heaven lies about us in our infancy!
Shares of the prison-house begin to close
Upon the growing boy;
But still he sees the light, and whence it flows,

(*) El nacimiento no es más que un sueño y un olvido. El alma que se eleva con
nosotros, nuestra estrella-vital, tiene en todas partes su poniente, y vino de muy lejos. No llenos de olvido ni en completa desnudez, sino de las nubes de gloria es de donde venimos; de Dios que es nuestro hogar. El cielo está sobre nosotros en la infancia. Las sombras de la cárcel empiezan a cernirse sobre el hombre naciente, pero aún ve la luz, ve de donde fluye. Y la siente en su alegría. El joven que viene del Oriente debe seguir adelante. Es el sacerdote de la Naturaleza. Y esa visión espléndida lo espera en su camino.
Por fin el hombre percibe su crepúsculo y la ve sumergirse en la luz del pleno día.

He feels it in his joy;
The youth, who daily farther - from the East
Must travel, still in Nature's priest,
and by the vision splendid,
Is on his way attended;
At length the man perceives it die away,
And fade into the light of common day.

El nacimiento y la muerte pueden considerarse como el paso de la actividad humana de un mundo a otro, y depende de nuestra propia situación el que designemos tal cambio con el nombre de nacimiento o muerte. Si el alma entra en el mundo en el que estamos viviendo, decimos que nace; si deja nuestro plano de existencia para entrar en otro mundo, decimos que muere; pero para el alma, el pasar de un mundo a otro no es más que trasladarse de una ciudad a otra. Ella vive inmutable, únicamente su medio ambiente y condiciones son las que han cambiado.

El paso de un mundo a otro se realiza a menudo más o menos inconscientemente, como en el sueño, según dice Wordsworth, y por esa razón nuestra percepción interior queda fija sobre el mundo que hemos dejado. En la infancia el cielo está sobre nosotros en realidad; los niños son todos clarividentes durante un tiempo más o menos largo después
de nacer, y cualquiera que pasa por las puertas de la muerte tiene aun ante sí el mundo material durante algún tiempo. Si pasamos por ellas en pleno vigor físico, con fuertes lazos de familia, amigos u otros intereses, el mundo denso continuará atrayendo nuestra atención mucho más tiempo que si la
muerte hubiera ocurrido en la "madurez de la senectud. Cuando los lazos terrestres han quedado cortados aún antes de producirse ese cambio que llamamos muerte. Según el mismo principio la simiente se adhiere a la pulpa de una fruta verde, mientras que es facilísimo despegarla de la fruta madura. Por lo mismo es mucho más fácil morir en avanzada edad que en la juventud.
La inconsciencia que sigue generalmente al cambio de nacer o morir es debida a nuestra incapacidad para ajustar el foco instantáneamente, y es semejante a la dificultad que experimentamos al pasar de una habitación obscura a un sitio bien iluminado o viceversa.

En tales casos siempre transcurre algún tiempo antes de que podamos distinguir los objetos en torno nuestro; y así sucede con el recién nacido o con el recién muerto: ambos tienen que, ajustar su foco a las nuevas condiciones.
Cuando llega el momento que marca la plenitud o completación -permítase la palabra- de la vida en el Mundo Físico, la utilidad del cuerpo denso termina y el Ego se retira de él por la cabeza, llevándose consigo la mente y el cuerpo de deseos, en la misma forma que lo hace todas las noches durante el sueño, pero ahora el cuerpo vital es inútil, así que también se retira, y cuando el "cordón plateado" que une los vehículos superiores a los inferiores se rompe, ya no puede soldarse más.

Recordemos que el cuerpo vital está compuesto de éter superpuesto sobre los cuerpos densos de las plantas, del animal y del hombre durante la vida. El éter es materia física y por lo tanto pesa. La única razón por la que los hombres de ciencia no pueden pesarlo es porque son incapaces de juntar cierta cantidad para ponerlo en una balanza. Pero cuando se deja el cuerpo denso al morir tiene lugar una disminución de peso en todos los casos, mostrando que algo ponderable, pesado, si bien invisible, ha abandonado el cuerpo en
ese momento.

En 1906 el doctor McDougall , de Boston, pesó cierto número de personas agonizantes, poniéndolas junto con sus lechos en una balanza que después equilibraba con pesos. Y se notó que el platillo que tenía los pesos bajaba súbitamente cuando los agonizantes exhalaban su último aliento. Enseguida se esparció la noticia por los Estados Unidos de que el alma había sido pesada, cosa que nunca podrá realizar nadie, porque el alma no
está regida por las leyes físicas.

Últimamente, el profesor Twining, de Los Ángeles, creyó pesar el "alma" de un ratón, pero lo que los científicos pesaron realmente fue el cuerpo vital que abandona al cuerpo denso al morir.

Débese decir una palabra respecto al tratamiento de las personas agonizantes que sufren angustias indecibles en muchos casos debido al cariño malentendido de sus amigos.

Administrar estimulantes es una u otra forma al agonizante produce a éste muchísimos sufrimientos. No es doloroso el salir del cuerpo pero los estimulantes tienen el efecto de apresar al Ego y obligarlo a entrar en el cuerpo con la violencia de una catapulta, haciéndolo experimentar de nuevo los sufrimientos de que acababa de escapar. Almas que ya han partido se han quejado de ello a los investigadores y una de aquéllas agregó
que nunca había sufrido trato en toda su vida como cuando se la obligó a esta
agonizando así durante muchas horas. Lo único razonable es dejar que la Naturaleza siga sola su curso cuando se ve que el fin es inevitable.
Otro pecado y más grave aún contra el Espíritu que se va, es dar rienda suelta a los gritos y lamentaciones de los que están cerca o en la habitación del muerto.
Precísamente, después de libertarse, el Ego está ocupado durante algunas horas o días en un asunto de la mayor importancia.; la mayor parte del valor de la vida que acaba de terminar depende de la atención que aquél pueda prestar entonces. Si los sollozos o lamentaciones de sus seres queridos lo distraen, perderá mucho, como veremos, pero si se le fortalece con la oración y con el silencio podrá librársele de muchas tristezas en el futuro. Nunca seremos tan hermanos suyos como cuando esté
pasando a través de ese Getsemaní y si lo amamos sabiamente nos haremos acreedores a su gratitud siguiendo las instrucciones mencionadas.
El hombre ha estudiado el fenómeno del nacimiento y ha creado una ciencia del nacer.

Tenernos obstétricos calificados y parteras prácticas para comodidad del hijo y de la madre, para que ambos se encuentran confortablemente, pero es muy triste decirlo, necesitamos todavía una ciencia del morir. Cuando un niño va a venir al mundo desplegamos nuestra actividad en inteligentes esfuerzos; cuando un amigo querido va a dejarnos nos quedarnos sin saber que hacer, sin poder ayudarlo o favorecerlo de alguna manera, y, lo que es peor que todo, nos lamentamos y le producirnos sufrimiento en vez de ayuda.

La ciencia física sabe que sea cual fuere la fuerza o poder que mueve al corazón no viene de afuera, sino que está dentro de ese órgano. El ocultista científico ve una cámara en el ventriculo izquierdo, cerca del ápice, en la que un pequeño átomo nada en un mar del éter más elevado. La fuerza de ese átomo, como las fuerzas de todos los demás átomos, es la vida indiferenciada de Dios; sin esa fuerza el mineral no podría modelarse en cristales, los reinos vegetal, animal y humano no podrían formar sus cuerpos. Cuanto
más profundamente miramos tanto más claro se nos hace esa verdad fundamental de que en Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Ese átomo se llama el "átomo-simiente". La fuerza que está en el mueve al corazón y mantiene vivo al organismo. Todos los demás átomos del cuerpo entero deben vibrar a tono con ese átomo. Las fuerzas del átomo-simiente han sido inmanentes en todos los cuerpos densos poseídos por el Ego particular a quien pertenecen sobre esa plástica tablilla están inscriptas todas las experiencias del Ego en todas sus vidas. Cuando volvamos a Dios, cuando todos nosotros nos hayamos convertido en uno con Dios, una vez más, esos registros que son especialmente los recuerdos de Dios subsistirán aún, y de esta manera retendremos toda nuestra individualidad. Nuestras experiencias las trasmutamos, como se describirá, en facultades;  el mal se trasmuta en bien y el bien lo retendremos como poder para un bien mejor, pero el registro de las experiencias es de Dios y está en Dios, en el más
íntimo sentido de la palabra.

El "cordón plateado" que une los vehículos superiores a los inferiores termina en el átomo-simiente en el corazón. Cuando la vida material llega a su fin en forma natural las fuerzas del átomo simiente se retiran pasando por el nervio pneumogástrico, la parte posterior de la cabeza y por el cordón plateado, junto con los demás vehículos. Su ruptura en el corazón marca la muerte física, pero el cordón plateado no se rompe enseguida, pues en algunos casos subsiste durante varios días.

El cuerpo vital es el vehículo de la percepción sensorial y, como quiera que permanece con el cuerpo de sensación y el cordón etérico los conecta aún con el abandonado cuerpo denso, es evidente que hasta que el cordón se corte debe haber cierta sensación que puede experimentar el Ego posiblemente si se molesta a su cuerpo denso. De esta manera se le puede producir dolor al extraerle la sangre o al inyectarle flúidos para embalsamarlo, cuando se abre el cuerpo para la autopsia o cuando se lo quema.

El autor conoce un caso en el que un cirujano amputó tres dedos a una persona (viva) anestesiada. Luego arrojó los dedos cortados al fuego e inmediatamente el paciente comenzó a sentir un escozor, debido a que la rápida desintegración de los dedos materiales produjo una desintegración igualmente rápida de los dedos etéricos que los conectaban a los vehículos superiores. De la misma manera cualquier otra molestia  afecta al Espíritu desencarnado desde pocas horas hasta tres días y medio después de la muerte. Entonces se corta toda conexión y el cuerpo comienza a desintegrarse.

Por lo tanto, hay que tener sumo cuidado de no producir molestias al espíritu haciendo tales cosas. Si las leyes u otras circunstancias no permiten se conserve el cadáver quieto en la habitación donde tuvo lugar la muerta, durante pocos días, puédesele enterrar por algún tiempo al menos entonces tratarlo en la forma que se quiera. La quietud y la oración son de enorme beneficio y si amamos sabiamente, al Espíritu que ha partido
podemos hacemos acreedores a su gratitud póstuma siguiendo esas indicaciones.

En la Instrucción III dijimos que el cuerpo vital es el que tiene las memorias conscientes y subconscientes a la vez; sobre ese cuerpo quedan grabadas indeleblemente todas las experiencias y actos de la vida pasada, como si fuera una placa fotográfica . Cuando el Ego lo retira del cuerpo denso, toda la vida se abre el ojo de la mente, tal como la tiene registrada la memoria consciente. La separación parcial del cuerpo vital es lo que una persona que se esté ahogando vea toda su vida pasada, pero entonces la ve únicamente
como un relámpago, el que cede a la inconsciencia: el cordón plateado permanece intacto pues de lo contrario no habría resurrección posible. En el caso de un, Espíritu agonizante, el movimiento es más lento; el hombre permanece como un espectador mientras se suceden las imágenes unas a otras, desde la muerte al nacimiento; así se ven primeramente, los sucesos recién anteriores a la muerte, después los años de la virilidad se van desarrollando hacia atrás; juventud, adolescencia e infancia le siguen,
hasta que se termina por el nacimiento.

El hombre, sin embargo, no tiene el menor sentimiento sobre ello en ese intervalo; el fin perseguido es sencillamente que el panorama se imprima en el cuerpo de deseos, que es el asiento del sentimiento, y de esa impresión se sacará el sentimiento cuando el Ego entre en el Mundo del Deseo, pero débese notar que la intensidad del sentimiento realizado depende de la longitud de tiempo empleado en el proceso de imprimirlo y de la atención prestada por el hombre a ello. Si no se le molesta durante un largo período de
tiempo con llantos, ruidos e histerismos, se producirá una impresión clara y nítida sobre el cuerpo de deseos. Entonces sentirá el mal que ha hecho mucho más agudamente en el Purgatorio y vigorizará muchísimo más sus buenas cualidades en el Cielo , y aunque la memoria se pierda en la vida futura, el sentimiento subsistirá, en esa "silenciosa y constante voz" interna. Si los sentimientos se hubieran impreso fuertemente en el cuerpo
de deseos del Ego, esa voz hablaría en términos claros y precisos. Lo impelería
irresistiblemente obligándolo a desistir de hacer lo que le produjo un dolor en la vida anterior, impulsándolo en ea hacer lo que es bueno. Por lo tanto, el panorama se descorre hacia atrás para que el Ego vea primero los efectos y después las causas subyacentes.

En cuanto a lo que determina la duración del panorama debemos recordar que la paralización del cuerpo vital es lo que forzó a salir a los vehículos superiores después de la muerte, así que, ahora también, cuando el cuerpo vital se paraliza, el Ego se ve obligado a retirarse y el panorama termina. La duración del panorama depende, por lo tanto, del tiempo que una persona pueda mantenerse despierta cuando es necesario.

Algunas personas sólo pueden estar despiertas pocas horas, otras pueden estarlo durante algunos días, dependiendo ello de la fuerza de su cuerpo vital.
Cuando el Ego ha dejado su cuerpo vital, éste es atraído por el cuerpo denso, y aquél queda flotando sobre la tumba, sincrónicamente con el segundo, y es una visión nauseabunda para un clarividente, el pasar por un cementerio y contemplar esos cuerpos vitales cuyo estado de putrefacción indica claramente el estado del cadáver físico. Si hubiera más clarividentes, se adoptaría enseguida la cremación, como medio de proteger
nuestros sentimientos, ya que no por razones sanitarias.
Cuando el Ego se ha libertado del cuerpo vital, su último lazo con el Mundo Físico se rompe y entonces penetra en el Mundo del Deseo. La forma ovoide del cuerpo de deseos cambia ahora asumiendo una semejante a la del perdido cuerpo denso.

Existe, no obstante, una disposición particular de los materiales de que está formado, lo que es muy significativo respecto a la clase de vida que se tendrá allí.

El cuerpo de deseos del hombre está compuesto por materia de todas las siete regiones del Mundo del Deseo, así como un cuerpo denso está formado por sólidos, líquidos y gases de este mundo, pero la cantidad de materia de cada región que entra en la composición del cuerpo de deseos del hombre, depende de la naturaleza de los deseos que él haya abrigado. Los deseos groseros están formados por materia de deseos densa, que pertenece a la región inferior del Mundo del Deseo. Si un hombre ama groseramente construye un cuerpo de deseos grosero, en el que predominará la materia de las regiones inferiores. Pero si con constancia y persistencia va desprendiéndose de sus deseos groseros, alimentando únicamente los puros y buenos, su cuerpo de deseos se irá componiendo de materiales de las regiones superiores. Actualmente no hay ningún hombre que sea completamente malo; pero hay
cierta diferencia en nuestros cuerpos de deseos.

En los de algunos predomina la materia inferior mientras que en otros el material sutil es el que prevalece; y ésto es lo que establece todas esas diferencias de ambiente y de estado del hombre que penetra en el Mundo del Deseo después de la muerte, porque entonces la materia del cuerpo de deseos, si bien tomó la forma del abandonado cuerpo denso, al mismo tiempo se dispone por sí misma de tal manera que la materia más sutil que pertenece a las regiones superiores del Mundo del Deseo forma
el centro del vehículo, mientras que la materia de las tres regiones más densas está en la periferia. Cuando la vida terrestre del Ego termina, éste desarrolla una fuerza centrífuga que lo liberta de sus vehículos, según el mismo principio que hace que un planeta arroje de sí al espacio las partes que se han cristalizado o densificado en demasia. En esa forma se desprende primeramente de su cuerpo denso. Cuando entre en el Mundo del
Deseo esa fuerza centrífuga obra en tal forma que impulsa a la substancia más densa del cuerpo de deseos hacia la periferia, y de esta manera el hombre se ve obligado a permanecer en las regiones inferiores hasta haberse purificado de sus deseos groseros, los que estaban encarnados en la materia más densa de deseos. Dicha materia se encuentra siempre en la periferia del cuerpo de deseos mientras se pasa por el Purgatorio y gradualmente se ve eliminado por la fuerza centrífuga purificadora; la fuerza de Repulsión que separa al hombre del mal, permitiéndole entonces ascender al Primer Cielo situado en la parte superior del Mundo del Deseo, en la que la fuerza de Atracción
es la única que domina, adhiriendo al Ego todo lo bueno de la vida pasada como poder anímico. La parte abandonada del cuerpo de deseos subsiste como un "cascarón" vacío.

Cuando el Ego ha dejado su cuerpo denso, éste muere rápidamente. La materia física queda inerte desde el momento en que se la priva de su energía estimulante y vivificadora y se disuelve como forma. No sucede así con la materia del Mundo del Deseo; una vez que se le ha comunicado vida, esa energía subsistirá durante un tiempo considerable después de haber cesado el influjo vivificante , dependiendo su duración del poder de aquel influjo. El resultado es que después que el Ego ha abandonado esas
"cáscaras' éstas subsisten durante un tiempo más o menos largo. Viven una vida independiente y si el Ego al que pertenecían era muy dado a deseos mundanos o murió en la flor de la vida con intensas e insatisfechas ambiciones, el cascarón sin alma muy a menudo ha esfuerzos desesperados para volver al Mundo Físico y muchos de los fenómenos de las sesiones espiritistas son debidas a esos cascarones. El hecho de que
las comunicaciones recibidas de muchos de esos llamados "Espíritus" carezcan de sentido, explica fácilmemte la cosa si tenemos en cuenta que no son Espíritus absolutamente sino únicamente partes sin alma de las vestiduras del Espíritu ido. Tienen memoria de la vida pasada, debido al panorama que en esos cascarones se imprimió después de la muerte y eso les permite, a veces, imponerse a la familia del difunto relatándoles incidentes sólo de ella conocidos, pero el hecho es que no son más que un
vestido gastado del Ego, dotado de vida independiente durante algún tiempo.
No siempre, sin embargo, permanecen esos cascarones sin alma, porque hay diferentes clases de seres en el Mundo del Deseo, cuya evolución se desarrolla naturalmente allí.

Los hay buenos y los hay malos, como entre los hombres. Generalmente se los clasifica bajo el nombre de "elementales", aunque difieren muchísimo en apariencia, inteligencia y características. Trataremos de ellos solamente en cuanto su influencia afecta a los estados post-mortem del hombre.

Ocurre algunas veces, especialmente cuando el hombre ha tenido la costumbre de invocar Espíritus, que estos seres tomen posesión de su cuerpo denso en la vida terrestre y lo conviertan en un medium irresponsable. Al principio, generalmente lo deslumbran con enseñanzas aparentemente elevadas, pero gradualmente lo conducen a una horrenda inmoralidad y lo que es peor que todo, toman posesión de su cuerpo de deseos apenas lo
ha abandonado para ascender al Primer Cielo.

Como los impulsos contenidos en el cuerpo de deseos son la base de la vida celeste y también los resortes de la acción que obligan al hombre a renacer para proseguir su crecimiento esto es por supuesto, un asunto muy grave, porque toda la evolución del hombre puede estancarse durante edades antes de que el elemental se desprenda de ese cuerpo de deseos.

Estos elementales son los que producen muchos de los fenómenos espiritistas, en los que se despliega más inteligencia de la que puede exteriorizar un simple cascarón sinalma, y especialmente en las materializaciones, por lo menos. Aunque los cascarones puedan tomar parte, los fenómenos están siempre dirigidos por un ser inteligente. La diferencia entre un medium materializador y una persona ordinaria es que la conexión entre el cuerpo denso y el cuerpo vital es más débil en el medium, así que se puede sacar parte del cuerpo vital del último y a veces hasta gases y líquidos del cuerpo denso
del medium empleándolos para formar los cuerpos de las apariciones. Esta extracción el proceso de envolverse en los cascarones lo realizan generalmente los elementales, quienes extraen el cuerpo vital del medium por el bazo. Por regla general el cuerpo de un medium se debilita muchísimo en consecuencia. Cuando el cuerpo denso queda privado de su principio vital se agota terriblemente y por desgracia el medium trata muy a menudo
de restaurar el equilibrio tomando bebidas fuertes, convirtiéndose al fin en un borracho incorregible.

En la Instrucción IV se indicaron los peligros que entraña el dejar que un hipnotizador domine nuestra voluntad y nos prive de la libertad, pero en ese caso la víctima puede verlo por lo menos, y puede formarse una opinión sobre el hipnotizador que la domina. En el caso del medium el peligro está multiplicado mil veces, porque no se puede ver cual es la influencia dominadora, La muerte del hipnotizador liberta a sus víctimas, pero el mayor
peligro para el medium existe después de la muerte. Por lo tanto un estado negativo en el que todo el cuerpo o aunque más no sea que la mano de una persona es usada mecánicamente, sin contar con la voluntad individual es muy arriesgado. No negamos que a veces hay comunicaciones genuinas provenientes del Espíritu ido, o que se producen benévolas
informaciones que vienen de seres que no están bajo el dominio de nuestra voluntad, pero nuestro propósito es señalar los peligros que corren aquéllos que no conocen el asunto. Los filántropos no están a montones en el Mundo del Deseo, así como tampoco son muy numerosos aquí. Positivamente, la mayoría de esos seres no son ni grandes ni buenos, ni mucho menos ángeles, si gozan golpeando las orejas de los asistentes con los sombreros o echándoles agua en el cuello o hacen cualesquiera otras travesuras de las que se ven tantas en las sesiones espiritistas; esos titulados Espíritus o son cascarones
sin alma o elementales inferiores.

Cuando el hombre está en el Mundo del Deseo es el mismo hombre desde todo punto de vista que antes de morir, con una sola excepción. Cualquiera que lo viera allí lo reconocería si lo hubiera conocido antes aquí. No hay poder transformador alguno después de la muerte; el carácter del hombre no ha cambiado, el vicioso y el bebedor son tan viciosos y disipados como lo eran aquí, el avaro sigue siendo avaro, el ladrón también es la pero hay un grande e importante cambio en todos ellos; han perdido su cuerpo denso y eso marca toda la diferencia en cuanto a la gratificación de sus diversos deseos. El borracho no puede beber; carece de estómago y aunque vaya y se
meta en un barril de whiskey en alguna taberna, como lo suele hacer, no encuentra la menor satisfacción, porque el whiskey no produce en el barril las emanaciones que se producen durante la combustión química en el canal alimenticio. Entonces trata de ver el efecto que le produce el meterse en el cuerpo denso de algún borracho de la tierra. Esto lo consigue fácilmente porque el cuerpo de deseos está constituído en tal forma que no
hay el menor inconveniente en que ocupe el mismo espacio junto con otra persona. Las personas muertas se molestan al principio cuando alguno de sus amigos se sienta en la misma silla que están ocupando ellos, pero después de cierto tiempo aprenden que no es necesario salir de una silla porque otro vaya a sentarse en ella.

Esto no molesta absolutamente al cuerpo de deseos que ya está sentado; ambas
personas pueden ocupar la misma silla sin verse por ello molestadas en sus respectivos movimientos. Así que el bebedor entra en el cuerpo de deseos de otros que están bebiendo, pero ni aún esto le produce satisfacción alguna y por consiguiente sufre los tormentos de Tántalo, hasta que por último el deseo se quema a sí mismo por falta de gratificación, como cualquier otro deseo, aún en la misma vida física.

Esto es el "Purgatorio", y se notará que no hay deidad vengativa alguna ni ningún diablo que castigue, sino que los malos deseos cultivados en la vida terrestre, imposibles de gratificar en el Mundo del Deseos, son los que producen esos sufrimientos hasta el momento en que se queman por sí mismo. Este sufrimiento es estrictamente proporcional a la fuerza del mal hábito. Tomemos el caso del avaro; ama al oro tan intensamente
después de la muerte como antes, pero ya no puede juntar más; no tiene manos físicas Para tomarlo, ya no puede proteger lo que tenía. Puede sentarse ante su caja de hierro y ponerse a observarlo, pero sus herederos quizás vengan y le echarán mano, llevándose su querido oro y riéndose del "viejo miserable", mientras éste está cerca sufriendo un espasmo de rabia y mortificación. Por último, sin embargo, aprende a contenerse; automáticamente se va purificando de su avaricia, como el bebedor de su amor a la
bebida, mediante la Ley de Consecuencia, la que borra los defectos o faltas de una persona en forma impersonal. En verdad no hay castigo alguno, todo sufrimiento es debido a los hábitos adquiridos, y está estrictamente proporcionado a ellos.

Benévolamente la ley nos quita nuestros defectos, así que debido a esa purificación nacemos inocentes y podemos adquirir más fácilmente la virtud cuando de nuevo seamos tentados, escuchando la voz de la conciencia que nos previene. Cada mal acto, por lo menos es un acto voluntario.

Mientras nuestros malos hábitos son tratados de esa manera nuestras acciones malas específicas de la vida pasada son tratadas en la misma forma automática por medio del panorama de la vida impresa en el cuerpo de deseos. Ese panorama comienza a desarrollarse hacia atrás desde la muerte al nacimiento, después de nuestra entrada en el Mundo del Deseo. Y se desarrolla hacia atrás a una velocidad tres veces mayor que la de su vida física, así que un hombre que haya vivido 60 años vivirá de nuevo su vida
pasada en el Mundo del Deseo en unos 20 años.

Recordaremos que cuando se contemplaba ese panorama recién después de morir no había ningún sentimiento sobre él, permaneciendo meramente como espectador, mirando las imágenes conforme se desarrollaban. No sucede así cuando aparecen en su conciencia en el Purgatorio. Allí el bien no hace impresión alguna pero todo lo malo reacciona sobre él de tal manera que en las escenas donde hizo sufrir a otro él mismo se siente herido. Sufre todos los dolores y agonías que sintió su víctima en la vida y como la
velocidad de su vida es triple aquí, así también su sufrimiento es tres veces mayor. Y es aún más agudo porque el cuerpo denso es de tan baja intensidad vibratorio que obstaculiza hasta el sufrimiento, pero en el Mundo del Deseo, donde no hay cuerpo físico el sufrimiento es más intenso, y cuanto más nítida fue la impresión de la vida pasada en el cuerpo de deseos al morir, tanto más sufrirá el hombre y tanto más claramente sentirá en sus vidas posteriores que toda transgresión de la ley debe evitarse.

Hay un aspecto especial de este sufrimiento que añade algo a su carácter de suyo desagradable. Si en una vida el hombre ha injuriado a dos personas al mismo tiempo y una está viviendo en Maine y otra en California, cuando el injuriador está pasando por la realización purgatorial de los sufrimientos que les causó, sentirá como si él mismo estuviera presente ante las dos a la vez, como si una parte de él estuviera en Maine y la otra en California. Esto le proporciona un sentimiento indescriptible de estar hecho
pedazos.

Hay dos clases de personas para quienes el proceso purgatorial no comienza
inmediatamente: los suicidas y los asesinados. En el caso de un suicida aquél no comienza hasta que llegue el tiempo en el que el cuerpo debió morir según el curso natural de los acontecimientos, pero en el interín sufre las consecuencias de su acto de una manera tan horrenda como peculiar. Siente como si estuviera vacío, por decirlo así, como si habitara una región dolorosa, debido a que la actividad del arquetipo de su forma continúa en la Región del Pensamiento Concreto. Cuando una persona, joven o vieja,
muere naturalmente o por accidente, la actividad arquetípica cesa; los vehículos superiores sufren una modificación al morir, así que la pérdida del cuerpo denso en sí misma no produce sentimiento alguno de molestia; pero el suicida no experimenta tal modificación hasta que el arquetipo de su cuerpo cesa de trabajar en el momento en el que debió ocurrir la muerte natural. El espacio que su cuerpo denso debía ocupar está vacío, porque el arquetipo está hueco, y esto hace sufrir indescriptiblemente. Así, pues, aprende que no es posible escaparse de la escuela de la vida antes de tiempo sin
atraerse consecuencias desagradables, y en sus vidas posteriores cuando su sendero le parezca muy difícil, recordará en su alma el cobarde atentado de escapar por medio del suicidio, lo que sólo lo produjo aumento de sufrimientos.

Hay personas que se suicidan por razones desinteresadas, para librar a otros de una afrenta, y por supuesto obtienen por ello una recompensa en otra forma, pero no pueden escapar al sufrimiento del suicida así como el hombre que penetra en un edificio ardiendo para salvar a otros no está por ello inmune de quemarse.

La víctima del asesino se libra de este sufrimiento porque se queda en estado comatoso por regla general, hasta el tiempo en el que la muerte natural debió ocurrir, y se tiene cuidado de ella en ese respecto, así como de las víctimas de los llamados accidentes, pero estas últimas tienen conciencia inmediatamente o poco después de su muerte. Si el asesino es ejecutado entre el tiempo en el que ocurrió el asesinato y el momento en el que su víctima debió morir naturalmente, el cuerpo de deseos en estado comatoso de la
última es atraído magnéticamente hacia su matador, siguiéndolo dondequiera que éste vaya, sin un momento de respiro. La escena del asesinato está siempre ante él produciéndole sufrimientos y angustias indecibles que inevitablemente acompañan a esa representación incesante de su crimen con todos sus horrendos detalles. Y ese estado de cosas continúa durante un intervalo correspondiente al período de vida de que privó a su
víctima. Si el asesino se ha librado de la horca, de manera que la víctima ha pasado más allá del Pürgatorio antes de que aquél muera, el "cascarón" de su víctima subsiste para jugar la parte de Némesis en el drama del crimen revivido.

De esta manera queda el Ego purgado de todos los males, por la acción impersonal de la Ley de Consecuencia y queda preparado para entrar en el cielo y fortalecerse en el bien tal como se ha debilitado en el mal.

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

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jueves, 8 de noviembre de 2012

SUEÑO, ENSUEÑOS, TRANCE HIPNOTISMO MEDIUMNIDAD Y LOCURA - INSTRUCCIÓN IV



INSTRUCCIÓN IV

SUEÑO, ENSUEÑOS, TRANCE HIPNOTISMO MEDIUMNIDAD Y LOCURA


Hemos visto que el hombre es un organismo muy complicado, compuesto por:

1º El Cuerpo Denso, que es su instrumento en la acción.
2º El Cuerpo Vital, que es el conductor de la "vitalidad" la que hace posible la acción.
3º El Cuerpo de Deseos, que produce el deseo e impulsa a la acción.
4º La Mente, el freno del impulso, que suministra el propósito de la acción.
5º El Ego, que actúa y recoge experiencias de sus obras.

El propósito de la Vida es transformar los poderes latentes del Ego en energías
dinámicas, mediante las cuales puede dominar particularmente sus vehículos y obrar como le plazca. Sabernos que actualmente no tiene pleno dominio de ello, pues de lo contrario no habría lucha alguna en nuestros pechos entre el espíritu y la carne, según ahora decimos, o entre el Espíritu y el cuerpo de deseos, como se debiera decir. Esa batalla es la que desarrolla el músculo espiritual, así como la lucha desarrolla el músculo
físico. Es muy fácil decir a los demás que hagan esto o aquello, pero obligarse a la obediencia a sí mismo es la tarea más difícil del mundo, y en verdad se ha dicho que "el hombre que se conquista a sí mismo es mucho más grande que el que conquista a una ciudad". Goethe , el gran poeta Iniciado, nos da la razón de esto en las siguientes líneas:

«El hombre que adquiere el dominio de sí mismo se liberta de todos los poderes que
encadenan al mundo.»

Tal hombre está por encima de todas las leyes, bien sea de las hechas por el hombre o de las hechas por Dios - no por que las viole, lejos de ello- sino precisamente por la razón opuesta, porque su perfecta obediencia a las mismas hace superfluas para él todas las leyes, así como superflua es la ley "no robarás" para cualquiera que haya aprendido a respetar la propiedad ajena.
El pecado, o sea la acción contraria a la voluntad de Dios o a las leyes de la Naturaleza, era antes que toda Ley, y San Pablo aprecia muy bien su acción benemérita cuando dice que "la ley es el maestro que nos eleva a Cristo, porque sin la «Ley» no conoceríamos el pecado".

Cada vez que violamos una de las leyes de la Naturaleza, esa transgresión, como causa, produce, como efecto, la correspondiente retribución. Si comemos demasiado o impropiamente, podrá resultar una indigestión, o quizás, si la perturbación causada fue muy seria, podrá ser necesario que la Naturaleza la queme en el plano físico de acción por medio de la fiebre. Si pecamos contra la ley de moralidad, tendremos por consecuencia el ostracismo social, y de esa suerte todo error en el plano de la moral trae también su correspondiente retribución. Pero el hombre que emplea sus poderes mentales en cosas sin valor es el peor así como el más peligroso, porque el glotón, por ejemplo, puede ser en otros aspectos una persona sumamente respetable que prácticamente no perjudica con su afición más que a sí mismo. La persona inmoral, los chismosos y charlatanes tan comunes son cánceres de la sociedad, peligrosos para todos. Pueden, no obstante, aislárselos y anulárselos hasta cierto punto, disminuyéndose así los peligros que entraña su contacto, por lo menos. A veces pueden arrepentirse y reformarse, pero los más insidiosos de todos los males son los que se hacen desde el plano mental, en el que el hombre, bajo la máscara de una perfecta respetabilidad muy a menudo llena de benevolencia en apariencia, puede dominar las vidas del prójimo, dirigir sus voluntades y mantenerse, sin embargo, aparentemente irreprochable y hasta considerado a veces como amigo y benefactor por sus mismas víctimas.

Y de esta manera, sin correr peligro alguno de que lo encarcelen, consigue sus fines, bien sean éstos dinero o engrandecimiento personal.

Su transgresión es frecuentemente castigada en la misma vida en la que fue cometida, pero también en otras vidas posteriores encuentra su expiación en el idiotismo congénito, sin que entonces pueda tener oportunidad alguna de arrepentirse y deshacer lo hecho, como se hace cuando el arrepentimiento va acompañado de restitución. El crimen del hipnotizador ordinario es en realidad un aspecto de lo que la Biblia describe como "pecado contra el Espíritu Santo", la maldad espiritual, el mayor peligro para la sociedad.

El Espíritu Santo es el principio creador de la Naturaleza y la fuerza creadora del hombre  es su expresión directa. La misma fuerza se expresa a través de los órganos de la generación para crear un cuerpo nuevo y a través del cerebro para crear pensamientos nuevos, que después se cristalizan en "cosas".

Cuando uno es víctima de un hipnotizador cesa de ser su propio señor y dueño, pierde la facultad de pensar independientemente bajo el peso de las sugestiones del hipnotizador, que en realidad son órdenes, porque la víctima no puede elegir, sino que debe obedecer.

Por lo tanto, como que el hipnotizador cohibe la expresión creadora en el pensamiento de su víctima, cuya facultad es la expresión directa del Espíritu Santo, comete un pecado contra el Espíritu Santo.


Para dar mayor claridad y fuerza a las descripciones de esos estados anormales que existen como ensueños, trance, hipnotismo, mediumnidad, obsesión y locura, empezaremos con una explicación de la condición humana en los estados normales de sueño y vigilia, según el punto de vista oculto.
Estado de Vigilia. - En ese estado, todos los vehículos del hombre están confinados dentro del mismo espacio. Así como los huesos, carne y los diversos jugos del cuerpo están confinados dentro de la piel, así también todos los cuerpos del hombre se mantienen juntos dentro de una especie de nube en forma de huevo que se extiende por encima de la cabeza y más abajo de los pies, todo alrededor del cuerpo visible. No importa la posición que tome el cuerpo denso, porque éste estará siempre en el centro de su aura, así como la yema está en el centro del huevo. El aura rodea al cuerpo denso humano como la clara rodea a la yema. Pero no es esto todo, porque esta aura
compuesta por los vehículos sutiles del hombre no solamente rodea su cuerpo denso, sino que compenetra cada partícula del mismo, por decirlo así de parecida manera a como la sangre interpenetra todo el cuerpo denso.
Vemos, pues que estos cuerpos están tan cerca de nosotros como nuestros pies y manos, si bien invisibles como nuestro aliento, pero no por eso menos reales o necesarios. Durante la vida, el hombre no puede separarlos ordinariamente y a menos de que estén todos juntos no podrían moverse y obrar como lo hace en su vida diaria.

Durante el estado de vigilia hay una guerra constante entre el cuerpo vital y el cuerpo de deseos. Los deseos e impulsos del cuerpo de deseos están golpeando constantemente al cuerpo denso, incitándole a la acción para gratificar el deseo, sin tener para nada en cuenta los daños que pueden producirse por ello en el último instrumento. Es el cuerpo de deseos el que impulsa al bebedor a llenar su cuerpo de licores, para que la combustión química del espíritu eleve las vibraciones del cuerpo denso hasta tal grado que lo haga el dócil instrumento de cualquier impulso loco, exteriorizando las energías de
reserva con prodigalidad desenfrenada.

El cuerpo vital por otra parte, no tiene más interés que preservar el vehículo denso. Por medio del bazo especializa la energía solar incolora que compenetra el espacio, y por medio de un extraño proceso químico la transforma en fluido vital de un hermoso color rosa pálido, enviándolo luego a lo largo de todos los nervios y fibras del cuerpo. El cuerpo
vital está siempre tratando de conservar las energías almacenadas en el cuerpo denso.

Está trabajando constantemente para reconstruir los tejidos orgánicos destruidos bajo el poderoso impulso del cuerpo de deseos predominante.
Este "fluido vital" desempeña una función análoga a la que la electricidad ejecuta en un sistema telegráfico, pues aunque tal sistema estuviera perfectamente construido, con sus alambres conectando las diferentes estaciones y sus operadores prontos antes los manipuladores, el aparato no funcionaría hasta que la electricidad circulara por las líneas
llevando los mensajes. Así sucede también con el cuerpo denso, el que es inútil hasta que atraviesa por los nervios ese fluido vital. Cuando falta en todo o en parte decimos que el cuerpo está paralizado. Notamos el efecto, pero no vemos la causa en el mundo material.

Tenemos en el cuerpo dos sistemas nerviosos, el voluntario y el involuntario. 

El primero de los nombrados está dirigido directamente por el cuerpo de deseos y domina los movimientos del cuerpo, tendiendo a destrozar y destruir, estando refrenado sólo en parte por la mente, El sistema involuntario tiene su campo de acción en el cuerpo vital, el que dirige los órganos digestivos y respiratorios que reconstruyen y restauran el cuerpo
denso.

Esta guerra entre el cuerpo vital y el cuerpo de deseos produce la conciencia en el Mundo Físico, pero si la mente no actuara como freno del cuerpo de deseos, las horas de vigilia serían muy cortas, y corta también nuestra vida, porque el cuerpo vital sería bien pronto contrarrestado en sus beneficientes esfuerzos por el desenfrenado cuerpo de deseos, como lo demuestra la postración que sigue a una explosión de ira, porque la ira es una
condición en la que el hombre "ha perdido el dominio de sí mismo" y el cuerpo de deseos está obrando sin freno.

Sueño y Trance natural. - A pesar de todos los esfuerzos el cuerpo vital va perdiendo terreno lentamente conforme transcurre el día acumulándose los venenos de los tejidos destruidos, los que impiden la circulación del flúido vital y sus movimientos se hacen el cuerpo denso muestra signos de agotamiento. - Por último - cuerpo vital se paraliza los nervios en cantidad suficiente como para mantener el peso del cuerpo denso y éste se
torna inconsciente y lo tanto inapropiado para ser empleado por el Espíritu. 

Esto es el sueño.

Mucha gente cree que el sueño es un estado pasivo o negativo. Nada más erróneo, porque si ese fuera el caso el cuerpo se despertaría tan cansado como cuando comenzó a dormir, o mejor dicho, no se despertaría más, pues su incapacidad para recibir el flúido vital (producida por estar lleno de toxinas) fue lo que produjo el sueño, y si el único efecto de ese estado fuera una cesación negativa de gastar energías, las condiciones permanecerían en "statu- quo", y el cuerpo seguiría durmiendo. Algunas veces se da ese
caso, durante semanas enteras y hasta meses. Se dice entonces que el que duerme está en "trance". Para conservar ese estado durante algún tiempo sin que se produzca la muerte, el cuerpo vital no puede suspender estas funciones completamente; debe tener cuidado de efectuar una determinada cantidad de absorción.

¿Qué es, pues, lo que hace del sueño un estado de restauración? El mismo término "restauración" implica una actividad. Si es necesario restaurar un edificio es preciso que en primer lugar se muden los inquilinos, cesando así el uso y desgaste de aquel. Pero esto sólo no es suficiente. Deben venir además obreros que reparen los deterioros incidentales al uso del edificio. únicamente cuando se han efectuado esos trabajos, cuando la restauración es completa, está nuevamente listo para que los inquilinos vuelvan a habitarlo.
Así ocurre también con el templo del Ego, nuestro cuerpo denso, cuando éste queda exhausto. Entonces es necesario que el Ego, la mente y el cuerpo de deseos se vayan y dejen el campo libre al cuerpo vital, para que éste pueda restaurar el tono del cuerpo denso, y así cuando el cuerpo denso entra en sueño, se efectúa una separación. El Ego y la mente, encerrados en el cuerpo de deseos, salen fuera del cuerpo vital y del cuerpo denso. permaneciendo los dos últimos en el lecho, mientras que los vehículos superiores
flotan sobre o cerca del cuerpo dormido.

El proceso de restauración comienza ahora. En toda lucha en el Mundo Físico, las heridas no están siempre de un solo lado; el vencedor tiene siempre algunas lesiones.

Cuanto más terrible es la pelea, cuanto más combatientes son los adversarios, tantas más lesiones se producen cada uno. Así sucede con los cuerpos vital y de deseos en combate; el cuerpo de deseos gana siempre, pero su victoria es siempre también una derrota, porque entonces se ve obligado a abandonar el campo de batalla y su botín, el cuerpo denso, en manos del vencido cuerpo vital, y retirarse para reparar su propia quebrantada armonía.

Cuando el cuerpo de deseos se retira del cuerpo dormido penetra en el océano de fuerza y armonía llamado Mundo del Deseo, Allí revive los sucesos del día, pero en orden invertido, de los efectos a las causas, vigorizando las enseñanzas del día, formando verdaderas imágenes para reemplazar las impresiones erróneas debidas a las limitaciones de la vida en el cuerpo denso, y como las armonías del Mundo del Deseo lo compenetran y la sabiduría y la verdad reemplazan al error, recobra su ritmo y tono. El tiempo necesario para efectuar esta restauración está de acuerdo con lo ilusoria, impulsivo e intensa que haya sido la vida durante ese día.

Entonces, y solamente entonces, comienza el trabajo de restaurar los vehículos
abandonados en el lecho, y el cuerpo de deseos ya restaurado comienza a reanimar al cuerpo vital, inundándole de energía rítmica, y éste a su vez comienza -a trabajar sobre el cuerpo denso, eliminando los productos de los tejidos destruídos, principalmente por medio del sistema simpático, resultando que el cuerpo denso queda restaurado y lleno nuevamente de vida, cuando el cuerpo de deseos, la mente y el Ego entran en él por la
mañana despertándolo.

Ensueños. - Ocurre algunas veces, sin embargo, que hemos llegado a estar tan absortos e interesados en los asuntos de nuestra existencia mundana que aun después de haberse paralizado el cuerpo vital y hecho inconsciente el cuerpo denso, no podemos lograr que nuestras mentes los dejen y comience el trabajo de reparación. El cuerpo de deseos estará adherido o inconsciente y quizá sólo retirado a medias por el Ego y entonces comenzará a considerar los sucesos del día en esa posición.

Es evidente que eso es una condición anormal. La debida relación entre los diferentes vehículos se rompe en primer término por la paralización del cuerpo vital cada vez más molestado por las posiciones relativas anormales de los vehículos superiores, los que han desconectado parcialmente los órganos de los sentidos del último, y su invariable resultado son esos sueños confusos en los que los sonidos y visiones del Mundo del Deseo se mezclan con los sucesos de la vida diaria en la forma más grotesca e imposible.
A veces, cuando algo del día ha agitado particularmente al cuerpo de deseos, ocurre que al interrumpir éste su conexión con los vehículos inferiores y entregarse al trabajo de restauración ya mencionado, aparece uno de los incidentes del día y ve la solución.

Entonces el cuerpo de deseos vuelve súbitamente al cuerpo denso para imprimir las ideas en el cerebro, haciendo que el cuerpo denso se despierte de golpe. Pero en la menor parte de los casos solamente se consigue acordarse de la solución que parecía tan clara en el Mundo del Deseo. Y aunque se consiga imprimir la solución en el cerebro, generalmente se olvida por la mañana.
El conocimiento de esto ha hecho que muchas personas pongan papel, lápiz y luz al alcance de la mano, al acostarse, y muy a menudo han visto recompensadas sus precauciones recordando la solución de sus problemas por la mañana al despertar, casi sin necesidad de releer lo escrito. Es una buena idea que puede seguirse.

Bajo tales condiciones no hay separación completa de los vehículos, siendo evidente que el desgaste de energías continúa impidiendo la restauración, agitándose el cuerpo denso en el lecho en los casos extremos. Por consiguiente, al levantarse por la mañana se siente uno cansado, debido a la imperfecta separación de los vehículos, que producen los ensueños y hacen que no se obtenga del sueño el menor reposo.

No todos los ensueños son confusos, sin embargo, como por ejemplo los que
proporcionan soluciones lógicas a los problemas de la vida o las advertencias proféticas que nos ahorran muchas penas, o que hasta nos permiten eludirlas o prevenir algún desastre. Tales ensueños ocurren generalmente poco antes de despertarse, y sólo cuando ha habido separación completa de los vehículos antes del despertar, porque únicamente en ese caso es posible que los ensueños sean lógicos. El Ego ve en el Mundo del Deseo la manera de impedir la desgracia y la trasmite entonces con éxito al cerebro denso. Es muy bueno tratar de conseguir tales soluciones por la noche, al irse a acostar, manteniendo en la mente este pensamiento con firmeza: "Quiero saber ésto o
aquéllo y voy a acordarme de ello mañana por la mañana". Éste es el último pensamiento que se debe mantener al dormirse y probablemente traerá la solución requerida a la memoria.

Emplear el tiempo citando ejemplo para demostrar el valor de los sueños sería
malgastarlo. La prensa diaria está llena de ellos, donde se relatan escapatorias providenciales atribuíbles solamente a las advertencias obtenidas en los sueños. Los anales de la Society for Psychical Research pueden proporcionar innumerables evidencias y cualquiera que las desee no tendrá mucho que trabajar para obtenerlas.

Hipnotismo. - Una característica de los cuerpos invisibles del hombre es que operan bajo el impulso de la voluntad. Todo impulso que viene de adentro tiene su origen en la voluntad del hombre mismo, mientras que los incentivos para la acción surgen de fuentes externas, comunmente llamadas "circunstancias", las que tienen su origen en la voluntad ajena y la diferencia entre el hombre de carácter fuerte, 'bueno o malo, y el hombre débil,
estriba en que el primero está impulsado por su propia voluntad, actuando desde adentro, lo que le permite hacer sus cosas como él mismo determine sin tener en cuenta las circunstancias. Por otro lado, el débil que no tiene voluntad es el juguete inerme de las circunstancias, dominado por la voluntad de los demás, náufrago en el mar tempestuoso de la vida.

Dominar a los demás por el poder de la voluntad es un ataque mental mucho más reprensible que un asalto o ataque en el plano físico de acción. A ese crimen mental se le llama "hipnotismo" - y está graduado en sus efectos, lo mismo que lo está en el mundo físico. Un hombre fuerte puede dar un puñetazo suficiente para hacer que otro haga su voluntad o puede darle un golpe que lo deje inconsciente. El vendedor hipnotista administra exactamente la fuerza necesaria para hacer que el comprador adquiera algo
que no necesita, o que no está al alcance de sus medios, y se ilusiona a sí mismo diciéndose que es un negocio legítimo.

Malo y despreciable como es esto no es, por lo menos, tan mato como los efectos posteriores que produce la práctica de sumir a los "sujetos" en sueño hipnótico. La enormidad de este crimen puede apreciarse, únicamente cuando se puede ver el efecto sobre los cuerpos invisibles de la víctima.

Ninguna persona de voluntad fuerte puede ser subyugada por un hipnotizador en tal extensión que llegue a dormirse y los que tienen una actitud mental positiva no pueden ser dominados. De ahí que a la confiada víctima se le diga primeramente que se ponga en actitud perfectamente negativa y que quiera dormir. Los pases del hipnotizador se dirigen entonces hacia la cabeza, golpeando esa parte del cuerpo vital y desplazándola
de la física, de tal manera que cuelgue en gruesos rodillos en torno de la garganta, como si fuera un cuello arrugado.

De esta manera se corta la conexión entre el Ego y el cuerpo denso como en el sueño y los vehículos superiores se retiran. Pero ahora hay una condición diferente que en el estado de sueño. La cabeza del cuerpo vital no está en su debido lugar, envolviendo y compenetrando la cabeza física de la víctima. Esta está ahora interpenetrada por el éter del cuerpo vital del hipnotizador y de esta manera el mismo obtiene poder sobre ella.

Si sabemos lo que significa "interceptar una línea" tendremos la clave de la relación entre el hipnotizador y el sujeto, por lo menos en cierto grado. Si un hombre tiene un teléfono privado directo desde su casa a su oficina y alguien hace alguna conexión entre las dos casas, podrá interceptar los mensajes, enterarse de los asuntos del hombre de negocios,
expedir órdenes, etc. El hipnotizador hace algo semejante. Intercepta la línea de comunicación entre el Ego y el cuerpo de su víctima interponiendo parte de sí mismo en la línea, y en virtud de ello puede obligar al Ego a salir al mundo invisible y a obtener allí cualquier información que desee, en lo posible; o puede hacer que el cuerpo denso del sujeto haga locuras o ejecute actos criminales, de acuerdo con los deseos del hipnotizador.

Pero no es esto lo peor del hipnotismo. El mayor peligro y más grave para la víctima está en el hecho, de que una vez que parte del cuerpo vital del hipnotizador ha sido introducido en el de aquélla, ya no puede arrojarlo completamente al despertar. Una pequeña parte del mismo permanece y forma un núcleo mediante el cual el hipnotizador
puede obtener nuevamente ingreso y subyugar a su víctima más fácilmente la segunda vez, y en cada ocasión se agrega algo más a ese núcleo, así que la víctima se va quedando gradualmente impotente y desamparada, dirigida por la voluntad de su dominador, independientemente de la distancia, hasta que la muerte del uno o del otro acaba con toda conexión.

Este remanente del cuerpo vital del hipnotizador es también el almacén de las órdenes que deben ejecutarse en el futuro, implicando la realización de ciertos actos en determinado día y hora. Cuando llega el momento requerido ese impulso obra en la misma forma que el resorte de un reloj despertador, y la víctima debe realizar la orden, aunque sea el asesinato, sin saber que está influenciada por otro. Por lo tanto, el hipnotismo es el mayor crimen en la Tierra y el mayor peligro para la sociedad.

Se arguye algunas veces que el hipnotismo puede ser empleado benéficamente para curar el bebedor y otros vicios, y se admite fácilmente que desde ese simple punto de vista material así debe ser. Pero desde el punto de vista de la ciencia oculta está lejos de ser así. Como todos los demás deseos, la sed de licores está en el cuerpo de deseos y es deber del Ego dominarlo por su propio poder de voluntad. Por eso está en la escuela de experiencia que se llama vida, y nadie puede hacer ese crecimiento moral por él, así como nadie puede digerir las comidas de otro. La Naturaleza no tiene necesidad de que
se la corrija; cada uno debe resolver sús propios problemas y dominar sus propios defectos mediante la propia voluntad. Por lo tanto, si un hipnotizador domina el cuerpo de deseos de un borracho, el Ego del borracho tendrá que aprender su lección en una vida futura, si muere antes que el hipnotizador. 'Pero si el hipnotizador muere primero, el hombre volverá inevitablemente a beber de nuevo porque entonces la parte del cuerpo vital del hipnotizador que actuaba como dominadora del mal deseo volverá a su fuente original y la cura quedará anulada. La única manera de dominar permanentemente un
vicio es hacerlo con la propia voluntad.

Al morir el hipnotizador todas sus víctimas se libertan y ninguna sugestión subsiguiente podrá ya influenciarlas.

Mediumnidad. - Para comprender la mediumnidad es necesario saber que al morir se efectúa la misma separación de vehículos que durante el sueño, pero entonces esa separación es permanente, Los llamados muertos tiene Ego, mente y cuerpo de deseos, y frecuentemente están conscientes del mundo que han abandonado durante algún tiempo. Algunos se apegan a la vida terrestre y no pueden poner su mente en condiciones de aprender las nuevas lecciones; a esos les llamamos "Espíritus apegados a la Tierra". No pueden funcionar en el mundo visible sin un cuerpo, así que tienen que aprovecharse de que no todos los Espíritus están confinados con igual rigor en la prisión de su cuerpo denso. Los que se encuentran más estrechamente apegados y limitados a
la Tierra son los materialistas. Y aquellos cuyas fibras no los adhieren tan fuertemente son "impresionables" o "sensitivos", capaces de responder en algún grado a las vibraciones espirituales. Las personas de carácter positivo así constituidas, si se desarrollan, pueden responder a esas vibraciones por su propia voluntad y se convierten en ocultistas ejercitados. Los de voluntad débil pueden únicamente desarrollarse con ayuda de los demás, en una forma negativa. Estos son presa de los Espíritus apegados a la Tierra que se constituyen a sí mismos como Espíritus guías" y desarrollan a sus
víctimas como "mediums de trance" o, si las conexiones entre los cuerpos vital y denso de la víctima es especialmente débil, como "mediums materializadores".

Estos Espíritus ligados a la Tierra dominan en forma análoga a la del hipnotizador, salvo en que permanecen invisibles para sus víctimas y en que tiene más poder sobre ellas, porque éstas los consideran "seres superiores", "ángeles", sin malicia, que sólo desean difundir la sabiduría y la felicidad desinteresadamente. En realidad no hay poder transformativo alguno después de la muerte. El pecador no se convierte en un santo ni el
ignorante en un Salomón por haberse muerto, y es una cosa tristísima para el clarividente desarrollado ver las imposiciones de esos Espíritus sin principios, dominando a sus confiadas víctimas que están tan sofisticadas que no saben distinguir el verdadero carácter de los impostores y aceptan sus frases dulzonas como sublime sabiduría. Han hecho algún bien, no obstante, probando la realidad de una vida después de la muerte, pero han perjudicado muchísimo a los mediums.

El "modus operandí" del invisible manipulador es simplemente arrojar los vehículos superiores fuera de los inferiores de un medium pasivo, colocarse en vez de aquéllos y tomar las riendas. Cuando lo abandona se lleva parte del cuerpo vital del medium para emplearlo como llave o palanca en la próxima vez. En algunos casos ya no se satisfacen sólo con tener un cuerpo prestado, sino que lo roban y lo conservan permanentemente.

Vemos el mismo cuerpo, pero hay otra alma dentro que muestra diferentes hábitos y gustos. A eso se le llama obsesión, que puede comprobarse por el hecho de que el iris no responde ni a la luz ni a la distancia con contracciones o expansiones, porque el ojo es la ventana del alma y únicamente puede manipularlo en verdad su propietario; de ahí que los ojos de los mediums dominados (obsesados) estén siempre cerrado¿ o tengan una mirada vidriosa. Hay ciertos medios para arrojar a un Espíritu obsesionante y devolver el
cuerpo a su poseedor pero no pueden darse a conocer públicamente.
Hemos visto que en el estado de vigilia el cuerpo denso y el cuerpo vital están rodeados e interpretados por una nube en forma de huevo, ovoidal, que comprende el cuerpo de deseos y la mente, Estos vehículos son todos concéntricos y forman otros tantos eslabones de una cadena. La interpolación de uno en otro de tal manera que los centros de los sentidos de uno estén debidamente conectados a los del otro, es lo que permite al
Ego manipular su complicado organismo y realizar de manera ordenada los procesos de la vida que llamarnos razón, lenguaje y acción. Si hay un mal ajustamiento en cualquier parte, el Ego se verá limitado correspondientemente en su expresión. El equilibrio perfecto es salud, su opuesto es enfermedad.

La enfermedad toma muchas formas; una de ellas es la locura y ésta es de diferentes clases. Cuando la conexión entre los centros de los sentidos de los cuerpos vital y denso está rota, como cuando la cabeza vital está sobre la física en vez de ser concéntricas, el cuerpo vital está fuera de ajuste con los vehículos superiores y con el cuerpo denso a la vez. Entonces tenemos el idiota dócil. Cuando los cuerpos vital y denso están ajustados pero la ruptura está entre el cuerpo vital y el de deseos, se produce un estado semejante,
pero cuando la ruptura está entre el cuerpo de deseos y la mente nos encontramos con el maniático delirante, que es más ingobernable que un animal salvaje, pues éste está siquiera dominado por su Espíritu-Grupo. En este caso todos los impulsos animales son seguidos ciegamente.
Cuando la ruptura es entre Ego y la mente, esta última toma a su cargo los tres vehículos y tenemos la astucia consumada que caracteriza a cierta clase de locos. Estos sabrán ocultar con éxito sus designios para conseguir venganza de alguna injuria imaginaria o para realizar otros deseos groseros, hasta que la víctima cae en su poder. Entonces, la naturaleza brutal del cuerpo de deseos explotará en algún ultraje horrendo, o la mente podrá dominar aún al cuerpo de deseos y ejercerá su diabólica astucia con lentas torturas
antes de que el cuerpo de deseos se exteriorice y acabe de una vez con los sufrimientos de la víctima, quizás brutalmente, pero no obstante infinitamente más misericordiosa que las torturas continuadas.
La lección que tenemos que aprender con el conocimiento de estos asuntos es que debemos mantener siempre el dominio propio alguno, y no permitir jamás que se nos hipnotice o dejarnos dominar por cualquier otro agente externo; así como también que el dominio propio es nuestra meta y no el dominio de los demás.

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del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel



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